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| 10 de diciembre del 2004 |
Las primeras migraciones y la reciente ola emigratoria (II)
David Villamar
B. Duración
Aunque la diferencia en el tiempo de duración de ambos procesos es evidente, resulta conveniente hacer ciertas puntualizaciones. La primera etapa sienta sus bases a comienzos de los años cincuenta, con el colapso del comercio de sombreros de paja toquilla y la salida de los emigrantes pioneros. El flujo se prolongó lentamente desde entonces (facilitado por la ayuda de los emigrantes pioneros), y se aceleró con la crisis de la deuda, extendiéndose durante toda la década del ochenta y principios de los noventa. En cambio, la reciente ola emigratoria se desata con el deterioro económico de finales de los 90, concretamente con la crisis económica de 1998 - 1999, la peor de la historia republicana. La nueva fase migratoria se mantiene hasta la actualidad, aunque poco a poco parece perder intensidad. De hecho, desde la imposición del visado por la Unión Europea, la emigración de ecuatorianos a España se ha reducido en un 96%. Esto prácticamente pondría fin a la ola migratoria de ecuatorianos hacia la península Ibérica, por lo menos, en lo que a migraciones regulares se refiere. Esto se debe más a la aplicación unilateral de políticas migratorias restrictivas y discriminatorias impuestas desde los principales países de destino, que a una sólida reactivación económica capaz de persuadir a los ecuatorianos de permanecer en el país. Varios ejemplos pueden ser citados al respecto: La imposición de visa por parte de la UE a los emigrantes ecuatorianos, el recrudecimiento de los controles migratorios en EE.UU., y la proliferación de políticas migratorias que restringen cada vez más los derechos de los inmigrantes. Como puede apreciarse, mientras la primera fase emigratoria se prolongó a lo largo de varias décadas (más de cuarenta años), la segunda ha durado, hasta el momento, alrededor de 6 años (aunque sigue prolongándose, con menor intensidad). C. Velocidad Para analizar las diferencias de velocidad entre ambos procesos migratorios, debe partirse de los dos puntos previamente tratados: cantidad y duración. Así como en Física la velocidad corresponde al cociente entre distancia y tiempo, y se mide por ejemplo en cantidad de kilómetros sobre unidades de tiempo (léase kilómetros por hora), para determinar la velocidad del fenómeno emigratorio, se parte de un análisis similar. En efecto, ésta estará determinada por el cociente entre emigración y tiempo, y se medirá en cantidad de emigrantes sobre unidades de tiempo. Para calcular la velocidad del flujo migratorio, se tomará el monto de emigrantes correspondiente al piso del intervalo establecido anteriormente. Es decir, se admite que existen 1,4 millones de ecuatorianos en el exterior, 700.000 habrían salido en la primera ola y 700.000, en la fase reciente. El cuadro 4 resume las principales características cuantitativas de ambos fenómenos migratorios: cantidad, duración y velocidad. Puede apreciarse que, si bien la cantidad de emigrantes de la primera etapa (700.000 personas) es similar a la segunda, la disparidad en las duraciones provoca que la velocidad de la segunda ola sea ampliamente superior a la de la primera. En efecto, con 44 años de duración, la velocidad de salida en la primera fase se mantiene en un promedio de 15.909 personas por año; mientras que con 5 años de duración, la reciente ola migratoria alcanza un promedio de 140.000 personas por año. El cuadro 4 revela entonces que la reciente ola emigratoria ha sido 9 veces más veloz que la primera. Esto evidenciaría que se trata de dos fenómenos exteriormente similares (pues en ambos emigran 700.000 personas), pero esencialmente distintos. II. Las principales diferencias cualitativas A. Origen y destino Una de las grandes diferencias cualitativas entre ambos procesos contempla la orientación geográfica del flujo emigratorio. Como se mencionó anteriormente, la primera corriente migratoria enlazaba la zona centro-sur del Ecuador con Chicago y Nueva York. Este enlace se originó hacia 1950, cuando colapsó el comercio de sombreros de paja toquilla, pues el campesinado de Azuay y Cañar, que fue el más afectado por su dependencia hacia esta actividad, reconfiguró sus estrategias de subsistencia en la emigración. Posteriormente, durante los años setenta, ochenta y noventa, las provincias de Azuay y Cañar formaron el eje central de envío de emigrantes ecuatorianos, pudiendo ser "la zona de mayor envío de emigrantes en América del Sur" (5). Aunque Chicago fue el objetivo preferido de los emigrantes pioneros en los años cincuenta, fue Nueva York la que, al desarrollarse el flujo desde el Austro, se consolidó como principal destino, mientras que Chicago se volvió la distante "segunda ciudad" para los ecuatorianos en Estados Unidos.En efecto, desde los años setenta, más de 150.000 habitantes de Cuenca y sus alrededores habrían emigrado a la ciudad de Nueva York, y un número menor a Chicago, California, Minneápolis y Florida (6). Los datos del Censo de EE.UU. y varias estimaciones señalan que la mayoría de inmigrantes ecuatorianos, documentados e indocumentados, se han establecido en Nueva York (ver cuadro 5), convirtiendo a ésta en la tercera ciudad con más ecuatorianos en el Mundo, como se dijo, incluso antes que Cuenca. En el 2000, se estimaba que el 64,3% de todos los ecuatorianos en Estados Unidos residía en Nueva York Metropolitano (frente a 61,5% en 1990). Esto se debe al interés de los emigrantes por aprovechar el tamaño y dinamismo de la economía neoyorquina. Los ecuatorianos se han concentrado sobre todo en el condado de Queens, registrando un incremento anual de 6,3% durante la década pasada, absorbiendo así el 99% del crecimiento total de ecuatorianos en la ciudad de Nueva York, al pasar según las cifras del censo (estos datos subestiman la población real de ecuatorianos en Nueva York), de 35.412 inmigrantes ecuatorianos en 1990 a 57.716 en 2000. Según muestra el Censo, los demás condados de Nueva York no registraron un mayor crecimiento, salvo en el condado suburbano de Westchester (parte norte) y el condado de Suffolk (Long Island), donde los ecuatorianos se incrementaron a más del doble durante los años noventa, pero de todas maneras se mantienen en un número modesto. Por último, debe decirse que, si bien los Estados de Florida, California e Illinois también tienen poblaciones ecuatorianas considerables, éstas abarcan un porcentaje relativamente pequeño (menor al 10% del total). Hasta mediados de los años noventa, los Estados Unidos siguieron siendo el primer destino de los emigrantes ecuatorianos; Colombia era una distante segunda opción y muy pocos emigraron a Europa. Pero con el deterioro de la economía nacional, la gran crisis de 1998-1999, y sobre todo la creciente dificultad para emigrar hacia EE.UU., la orientación geográfica del flujo migratorio se reconfiguró, y aunque Estados Unidos se mantenía como uno de los destinos predilectos, comenzó el movimiento masivo hacia España (ver Cartilla de Migración N° 1: Las remesas de los emigrantes y sus efectos en la economía Ecuatoriana). Ya que este nuevo proceso fue generalizado, no es sencillo determinar con precisión las zonas de envío de emigrantes. Pero ciertas investigaciones muestran que los pioneros provendrían de Loja y Otavalo. Los otavaleños migraron en pequeños números a fines de los años setenta y comienzos de los ochenta, mientras los lojanos lo han hecho tan sólo desde el inicio de los noventa. Y de hecho, para algunos investigadores, podrían haber sido estos últimos quienes, al establecer redes, desencadenaron el flujo una vez que la economía ecuatoriana se fue a pique. Nótese que las bases del nuevo flujo fueron sentadas durante las primeras migraciones. Esto permite comprender que aunque ambos procesos son distintos, están vinculados estrechamente. Según estimaciones al 2001 del Colectivo Ioé, de Loja provendría un 16% del total de ecuatorianos residentes en España, haciendo de esta provincia, la segunda en importancia después de Pichincha, que habría enviado a más del 30% de los ecuatorianos. La Sierra fue pues, también la principal fuente de la nueva emigración. Es así que, según el Colectivo Ioé, el 74% de los ecuatorianos radicados en España vendría de la Sierra ecuatoriana; y tan sólo el 22%, de la Costa (téngase en mente que estas cifras son del 2001 y es muy probable que hayan cambiado posteriormente). Sin embargo, la emigración de la Sierra tuvo una excepción importante: el Austro. Los emigrantes del tradicional eje central (Azuay y Cañar) se unieron al nuevo flujo emigratorio relativamente más tarde y en una menor proporción. En efecto, según la Dirección General de Policía -DGP de España (1999) y la Dirección Nacional de Migración -DNM del Ecuador (2000), de los más de 37.000 ecuatorianos (registrados) ingresados a España en 1999 -es decir, al estallar el flujo- apenas unos 2.000 (5,4%) habrían salido de Azuay o Cañar. Es más, según cifras del Colectivo Ioé al 2001, Cañar y Azuay sólo habrían enviado respectivamente al 9% y 6% del colectivo ecuatoriano. Esto se explica principalmente por dos razones. En primer lugar, ya que del Austro han salido centenares de miles de ecuatorianos a Estados Unidos durante las cuatro décadas anteriores, su capacidad de envío de nuevos emigrantes es hoy potencialmente menor a la de otras zonas del país. Y en segundo lugar, justamente porque el Austro protagonizó el flujo hacia Estados Unidos, una gran parte de su población tiene familiares cercanos o lejanos establecidos allí. Es decir que, por la existencia de redes en los Estados Unidos, los pobladores del Austro tienen mayores facilidades y por lo tanto mayor predilección por Norteamérica que por España. Es más, dado que las redes dependen de vínculos sociales y económicos, que en este caso están geográficamente concentrados en las provincias de Azuay y Cañar, el resto de ecuatorianos difícilmente tiene acceso a ellas. Esto implica que los lazos con Nueva York, y en general con los Estados Unidos, estén reservados preferentemente a los residentes del Austro. En cambio, como se mencionó, el flujo hacia España tiene un componente más variado, que comprende habitantes de diversas zonas de la Sierra y también, aunque en menor proporción, de la Costa. ¿Pero por qué España se volvió un destino primario para los ecuatorianos? Esa pregunta tiene múltiples respuestas entrelazadas: la similitud cultural heredada de la colonia (empezando por el idioma); las crecientes oportunidades en una España floreciente por los beneficios de la integración europea; el paulatino aparecimiento de segmentos ocupacionales (en su mayoría, empleos semi o nada calificados) rechazados por los españoles (7) (como la construcción, la agricultura y el servicio doméstico); la existencia de una población envejecida, urgida de mano de obra joven. Además, existen otros factores, menor o mayormente ligados con los aspectos mencionados, que facilitaron el proceso. Así por ejemplo, el acuerdo hispano-ecuatoriano de 1963, que autorizaba a los ecuatorianos a entrar en España como turistas durante 90 días sin una visa, o la posibilidad de viajar libremente dentro de los países del acuerdo de Schengen, han ayudado a los ecuatorianos, a convencer a las autoridades de migración sobre su calidad de turistas, permitiendo su ingreso a España (8). Es importante señalar que en España, la mayoría de ecuatorianos están localizados en tres centros principales: Madrid en primer lugar, y secundariamente en Barcelona y Murcia. Así, lo revelaron cifras del Ministerio del Interior (España) al 2000, según las cuales 40% de los ecuatorianos regulares estaban establecidos en la comunidad de Madrid, 15% en la comunidad de Cataluña (Barcelona), y 9% en Murcia. Ya que estas cifras no incluyen a los irregulares, y son algo antiguas, es probable que hayan cambiado. Sin embargo, el ordenamiento de las 3 ciudades se mantendría invariable. Una cifra más actual (2003), que se obtuvo de los padrones municipales de Madrid indica que 134.000 ecuatorianos estarían inscritos allí. Esto, según las estadísticas antes presentadas, correspondería a entre el 32% y 36% de los ecuatorianos en España. Un dato curioso es que al parecer, los emigrantes que salen de Quito tienen predilección por la capital Española, Madrid; mientras los emigrantes de Guayaquil prefieren el importante puerto de Barcelona. Aunque otras estimaciones conceden pesos distintos a las tres localidades (9), todas coinciden en que son éstas las que acogen a la gran mayoría de ecuatorianos. Tal distribución es impulsada por un lado, debido al dinamismo económico de las tres regiones (considérese el florecimiento de la economía agrícola, la construcción y el turismo en Murcia, o las oportunidades que ofrecen la ciudad capital y el Gran puerto de Barcelona); y por otro lado, debido a la localización geográfica de los permisos de trabajo. En efecto, en 1998 más del 77% de los permisos de trabajo concedidos a los ecuatorianos fueron para trabajar en la Comunidad de Madrid. Otros destinos importantes serían Valencia, Almería y Navarra, cada una acogiendo a algo más de un 3% del colectivo ecuatoriano. Recuérdese también que un segmento considerable de ecuatorianos optó por dirigirse a Italia. Esto se debe, como ya fue explicado, al tamaño de la economía subterránea italiana (una de las más grandes del mundo), que facilita la inserción laboral de los ecuatorianos en el sector informal, lo que es bastante favorable para quienes ingresan sin papeles en territorio italiano. B. Composición por género y nivel socioeconómico En ambos fenómenos migratorios han existido marcadas diferencias de género, pero éstas no se presentan en las respectivas distribuciones de género de ambos flujos, sino más bien en el proceso mismo de formación de esas distribuciones. En otras palabras, las diferencias de género no se evidencian al analizar la composición de ambos flujos, mas sí al examinar cada etapa en que éstos se formaron. Los pioneros del primer flujo agrupaban, según parece, a algunos adinerados exportadores de sombreros que respondieron ante la crisis migrando a Nueva York, así como al campesinado ligado a esta actividad que fue directamente afectado. En su mayoría, se trataba evidentemente de hombres, pues la mujer no desarrollaría un papel realmente importante en la economía sino hasta unas décadas después, con los avances del movimiento feminista de los años sesenta y setenta, que por cierto llegó con retraso a Latinoamérica. Años después, a principios de los setenta, al acelerarse el flujo de la primera etapa, se registraron migraciones esencialmente masculinas desde las comunidades rurales de Cañar hacia Chicago y Nueva York. Así, en un inicio, fueron los hombres los protagonistas del flujo hacia EE.UU., en parte a causa de los riesgos que el viaje involucraba (para los cuales estaban más dispuestos que las mujeres), y en parte a la antedicha condición machista de la época. Al proseguir la emigración durante los años ochenta y noventa, las cifras se volvieron notoriamente más altas, y la participación de las mujeres se incrementó marcadamente. En los noventa, el flujo femenino se acentuó, en parte a causa del deterioro de las condiciones económicas; del nuevo papel desempeñado por la mujer en la sociedad; y también, "por la desesperación emocional que la migración transnacional dominada por el sexo masculino produce con el paso del tiempo" (10). Recuérdese que, como se indicó al inicio de la investigación, por causa de la emigración, numerosas comunidades, sobre todo en el Austro, soportan escasez extrema de hombres. Las mujeres constituyen actualmente, cerca del 53% de todos los inmigrantes ecuatorianos regulares en los Estados Unidos, mientras que la emigración indocumentada parece haber estado dominada por el sexo masculino. No obstante, para mediados de los años noventa, se observó un número creciente de mujeres indocumentadas. En resumen, si bien la proporción de ecuatorianos y ecuatorianas residentes en EE.UU. no parece ser muy disímil (aunque nuevamente, no hay datos concluyentes), fueron los hombres los que dominaron el flujo en los primeros años; sin embargo, las transformaciones sociales de las últimas décadas permitieron a las mujeres alcanzar proporciones importantes, cercanas a las de los hombres, superando incluso la participación masculina legalizada. Por otro lado, la reciente ola emigratoria con destino a España, parece haber seguido un patrón, hasta cierto punto, opuesto al ya descrito. En efecto, desde un principio esta corriente migratoria estuvo liderada por las mujeres, pues hacia 1998, al estallar el flujo, el 67,4% de la población ecuatoriana con residencia y con visas de trabajo válidas en España eran mujeres, lo mismo que el 65,6% del colectivo ecuatoriano registrado en la Comunidad de Madrid (el mayor en toda España). Y al contrario de lo que ocurre con los indocumentados que viven en los Estados Unidos (que en su mayoría son hombres), la mayor parte de ecuatorianos "sin papeles" residentes en España -por lo menos hasta el 2000- eran mujeres. Este patrón de emigración con un componente femenino mayoritario, evidencia un aumento en la oferta de empleos realizados tradicionalmente (pero no exclusivamente) por mujeres, como el servicio doméstico, la limpieza, el cuidado de niños y ancianos. Esta predilección por la mano de obra femenina se dio sobre todo al estallar el flujo. En efecto, en 1998, casi 74% de los permisos de trabajo otorgados por España a Ecuador estuvieron destinados a servicio doméstico; y sólo 8,5% al sector agrícola (11) (este último fue ocupado en gran parte por hombres). Debe decirse además, que el número de permisos de trabajo otorgados por España a los ecuatorianos se cuadruplicó en cuatro años, al pasar de menos de 2.000 en 1995, a más de 8.000 en 1999. Y casi el 70% de estos últimos se concedió a mujeres. Es interesante mencionar que la emigración femenina no parte de un modelo uniforme de mujer, pues según varios autores, las mujeres que se van, provienen de distintas condiciones familiares. Muchas son solteras; otras, que son casadas, emigran sin sus esposos; algunas se van con ayuda de parientes (madres, hermanas, etc.) que facilitan su ingreso a España; y son sólo unas pocas las que emigran siguiendo a su marido. Sin embargo, recuérdese que esta reciente emigración no surgió como una decisión individual, sino como parte de una nueva estrategia familiar de reproducción social. Esto implica que no fueron simplemente "mujeres" las que emigraron, sino esposas, madres, hermanas, hijas, primas, tías, que no viajaron de manera independiente, sino todo lo contrario, con la dura tarea de cumplir la primera etapa de un renovado proyecto familiar. Esto determinó que, al cumplirse progresivamente dicha primera etapa del ciclo migratorio, las ecuatorianas empezaran a trabajar en una segunda etapa: el proceso de reunificación familiar. Y dado que el componente femenino de las familias fue el primero en migrar, había llegado el turno de los hombres. En los 3 últimos años, justamente ha primado el flujo masculino hacia España, permitiendo que la inicial sobre-concentración de la inmigración femenina desaparezca. Así por ejemplo, entre 1999 y 2000, el número de mujeres ecuatorianas registradas en España se duplicó (pasando de 8.350 a 17.144), mientras el número de hombres ecuatorianos se triplicó (al pasar de 4.495 a 13.670). Esto permitió que la proporción de mujeres bajara del mencionado 67,4% en 1998 a 55,5% en 2000, con la consecuente subida del porcentaje masculino de 29,3% a 44,3% (12). Según los investigadores del Colectivo Ioé (el centro de estudios español que mayores investigaciones ha realizado sobre la inmigración proveniente de Ecuador), hoy existe en España "un gran equilibrio entre sexos", dentro de la población ecuatoriana. Tal equilibrio se estaría dando aun de manera territorial (13), pues el porcentaje de mujeres ecuatorianas en Madrid bajó del 65,6% en 1998, al 53,9% en el 2000 (recuérdese que se trata sólo de los inmigrantes regulares, pues sobre el resto no hay estudios concluyentes). Otra señal de la progresiva igualación de ambos géneros puede encontrarse en la pérdida relativa de peso del servicio doméstico (14) en la estructura laboral del colectivo ecuatoriano. En efecto, a finales del 2000, el 59% de la población ecuatoriana en España (sin distinción de género) trabajaba en servicio doméstico, pero hoy esta proporción ha caído a menos del 25% (cifras que no incluyen a los emigrantes "sin papeles"). Ahora bien, aunque este cambio obedece en parte a la intensificación de la inmigración masculina -destinada a otro tipo de empleos-, también se debe a la progresiva diversificación laboral del colectivo ecuatoriano, pues actualmente, sólo el 42% de las mujeres y el 2% de los varones en España se emplean en servicio doméstico. En agricultura lo hacen 12% de las mujeres y 20% de los hombres; además estarían predominando los empleos en hostelería, restaurantes, comercio y servicios varios (por ejemplo, trabajos en agencias de envío de remesas); y por supuesto, un segmento considerable de los hombres (entre 15% y 20%) laboraría en el sector de la construcción. A este respecto, se puede concluir que el prolongado periodo de desequilibrio de género en el primer flujo emigratorio podría indicar el carácter hasta un punto individualista del mismo, pues no fue un vínculo familiar lo que equilibró las proporciones de ambos sexos, sino la transformación del papel de la mujer en la sociedad y la economía, gracias a las conquistas de los movimientos de género en las últimas décadas. Por el contrario, la veloz igualación de géneros en la nueva emigración evidencia la dinámica de una estrategia familiar que aprovechó la demanda de mano de obra femenina para dar un impulso inicial a la emigración y emprender luego el proceso de reunificación familiar. Por supuesto, debe entenderse este proceso en términos de familia ampliada y no de núcleo familiar. Es decir que el equilibrio de sexos no significa que cada mujer se reunió con su cónyuge en España, sino que el componente masculino de las extensas familias ecuatorianas es el nuevo sujeto de emigración. Pero este proceso es lento y difícil, por lo que el fenómeno de la desintegración familiar estaría afectando considerablemente a los segmentos poblacionales ligados a la emigración. Luego de haber analizado las diferencias de género, debe examinarse el tema del componente socioeconómico de ambas etapas migratorias. En la primera etapa, indican ciertos estudios, la migración empezó con algunos adinerados exportadores de sombreros de paja toquilla que respondieron ante la crisis migrando a Nueva York, donde habían desarrollado conexiones sociales con importadores del sombrero. Luego, el flujo se alimentó con el campesinado de Azuay y Cañar, que fue el más afectado por su dependencia hacia la producción de sombreros. Sin embargo, el grueso de la emigración se dio por el creciente empobrecimiento de décadas subsiguientes y sobre todo desde inicios de los 80, con la crisis de la deuda y la progresiva implantación del modelo neoliberal. Gran parte de la emigración hacia EE.UU. se realizó por tierra, suponiendo costos relativamente bajos (15), por lo que el elemento financiero no representaba un problema infranqueable en las primeras migraciones hacia Norteamérica. Se puede entonces afirmar que esta emigración estuvo compuesta en buena parte de sectores pobres de la población (primero los campesinos, y luego las poblaciones afectadas por la crisis de la deuda). En cambio, en el reciente proceso, los emigrantes provienen sobre todo de los sectores de ingresos medios y medio bajos, empobrecidos por la crisis financiera, y en mucho menor medida por los más pobres, debido a que éstos no tienen posibilidades de acceder al financiamiento necesario, que para emigrar a España es mucho más elevado. En efecto, los requerimientos financieros para emigrar han fluctuado entre 3.500 y 4.000 dólares, dado que la gran mayoría de esta emigración se realizó por vía aérea; así también, como analiza el profesor Jokisch, los costos y riesgos de emigración a EE.UU. aumentaron considerablemente en los últimos años. El ingreso a España debía realizarse en calidad de turista para luego buscar trabajo (conseguir un contrato de trabajo era el primer paso hacia la regularización ya que facilitaba obtener un permiso formal de trabajo). Pero el intento de pasar por turista conllevaba otro costo: presentar una "bolsa" de entre 2.000 y 2.500 dólares como requisito para no tener problema al ingresar. Debido a su elevado costo, la emigración a España condujo -en la mayoría de casos- a la adquisición de una deuda de viaje por parte del emigrante y su familia. Esta deuda, ya sea que se recurra a entidades financieras legales o a chulqueros, supone la capacidad de pago por parte del emigrante o su familia, lo que desde luego, excluye a los sectores más pobres de la población... Según una investigación de Jokisch, los ecuatorianos en España provienen de una variedad de situaciones y posiciones económicas: desde trabajadores pobres de zonas rurales y urbanas, a quiteños relativamente acomodados. Asimismo Vidal y Moreno (investigadores del tema migratorio) distinguen tres grupos socioeconómicos entre los emigrantes ecuatorianos: quienes no lograban cubrir sus gastos diarios en Ecuador; aquéllos que, cubriendo sus necesidades básicas no alcanzaban un estándar de vida más alto; y sectores medios y medio altos, empobrecidos por la crisis.
Notas
(5) Ver: Jokisch, Brad D. "Desde Nueva York a Madrid: Tendencias en la Migración ecuatoriana". Ecuador Debate N° 54. 2001.
(*) ILDIS
Plan Migración, Comunicación y Desarrollo
Director del ILDIS-FES: Michael Langer
Esta publicación contó con el auspicio de la Agencia Española de Cooperación Internacional (AECI) . Todas las publicaciones de la serie "Cartillas sobre Migración" están disponibles en:
www.ildis.org.ec y www.migrantesenlinea.org
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