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| 20 de agosto del 2004 |
Toque de queda en Nablús
La Insignia. Palestina, 19 de agosto.
Desde el lunes hay toque de queda e invasión militar en Nablús. La urgencia de la situación reclama una fuerte presencia de brigadistas en la ciudad y, tras el fin de la marcha, no hemos tenido apenas tiempo para descansar o plantearnos alguna alternativa. Queda pendiente la historia de lo sucedido en Calandia y la evaluación final de la marcha contra el muro.
Esta mañana, un grupo de 13 brigadistas hemos salido de Ramala. Entre Ramala y Nablús hay 42 kilómetros que hemos tardado cuatro horas en recorrer, con cinco cambios de vehículo, dos controles de carretera fijos y otros dos móviles y un buen paseo por las montañas. Teóricamente la ciudad esta cercada y no se puede entrar ni salir, pero con la compañía adecuada todo es posible en Palestina. Escribo desde Nablús, bajo un toque de queda que dura ya más de cuatro días. Una vez más, el ejército de Israel hace gala de sus exquisitos modales y sentido del humor. La operación que llevan a cabo en estos momentos se denomina "recogida de basura". Buscan militantes de organizaciones de resistencia armada en la ciudad y en sus tres campos de refugiados. Están ocupando casa por casa, comenzando por el barrio antiguo, por donde hoy hemos logrado dar unas cuantas vueltas para hacernos notar e informar a los militares de que estamos aquí para crearles problemas y minimizar, en la medida de lo posible, los efectos de la invasión. Los palestinos calculan que dentro de la ciudad hay al menos 1.500 soldados durante estos días. Entran en todas las casas en las que sospechan que se esconde algún militante, o simplemente para apostarse en ella y controlar los alrededores; cuando se trata del último caso, generalmente mantienen a la familia como rehén, en alguna de las habitaciones, y de ese modo se aseguran de que no serán atacados. En estos momentos, treinta casas están ocupadas por el ejército israelí. Esta tarde hemos logrado visitar tres de ellas. En la primera, un matrimonio con sus cuatro hijos ha podido salir a la puerta para decirnos que se encontraban bien y que esperaban que los soldados se marcharan en breve porque les habían visto ordenar sus mochilas y hablar repetidamente por la radio; les hemos dejado un teléfono móvil para que avisen de cualquier novedad. En la segunda hemos contemplado a los soldados mientras abandonaban la casa, no sin antes haberse procurado un buen rastro de odio: han roto todos los muebles que han podido e incluso han tenido tiempo de pintar eslóganes sionistas en las paredes de las habitaciones. En la tercera, dos brigadistas (un italiano y un británico) habían sido tomados como rehenes por los soldados varias horas antes, cuando pretendían entrar en la casa acompañando a un equipo médico. A lo largo de estos cuatro días ha habido cuatro muertos; entre ellos, un niño de ocho años. Se registran también más de treinta heridos por arma de fuego. Más de doscientos cincuenta hombres de entre 16 y 40 años han sido detenidos y se encuentran en estos momentos encerrados en una de las escuelas de la ciudad. Nablús es una ciudad de 250.000 habitantes. El panorama es desolador. Hay fuego en las esquinas de muchas de las calles. Todo está cerrado y pueden verse los restos de las desiguales batallas entre niños palestinos y soldados israelíes. Los brigadistas vamos a intentar hacernos notar, romper el toque de queda y hacer llegar alimentos y medicinas, en caso de ser necesarios, a las casas ocupadas por el ejército. El castigo colectivo contra una población es ilegal en todos los tratados internacionales, pero Nablús está siendo castigada de forma salvaje y las tropas israelíes actúan con total impunidad. Mientras tanto, nuestros gobiernos callan y nuestras sociedades prefieren volver la mirada, hastiadas de este conflicto, hacia la televisión basura. Justamente lo que Israel pretende con su operación "recogida de basura". Este toque de queda durará doce días más. Suenan los disparos en Nablús. Me siento impotente. |
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