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La insignia
13 de agosto del 2004


Brigadista en Palestina (IX)

Encerrados tras el muro


__Especial__
Palestina
Alberto Arce
La Insignia. Palestina, 13 de agosto.


Tras diez días en Cisjordania estamos presenciando algunos cambios significativos en las reacciones del ejército y la polícia ante nuestra marcha. Hasta ahora todo transcurría con cierta tranquilidad. A lo largo del camino entre Jenín y Calquilia las obras del muro ya están finalizadas y por ese motivo no representábamos una amenaza demasiado seria para Israel; ni nosotros podíamos desarrollar acciones más atrevidas que atacar las puertas del muro, movimiento fácilmente desarticulable con unos cuantos gases lacrimógenos, ni los habitantes de las poblaciones por las que pasábamos tenían demasiadas ganas de complicarse la vida. Una vez encerrados tras el muro es bien poco lo que pueden resistir. La sensación de derrota que transmiten algunas poblaciones palestinas es tan frustrante que casi todos hemos pensado en algun momento en tirar la toalla y abandonar la marcha para no crear a esta gente más problemas de los que ya tiene y no sabe cómo solucionar. El sistema es perverso: se construye el muro, encerrando totalmente a la población, que queda a merced de la voluntad del ejército para atravesar la puerta que les comunica con el exterior; si ellos deciden aprovechar muestra presencia para realizar algún tipo de protesta contra el muro o la ocupación, la represalia militar puede consistir en cerrar la puerta durante un día, un mes o tres meses y aislar totalmente del mundo exterior a la población.

Pero a medida que nos adentramos en el centro de Cisjordania y nos acercamos a poblaciones que aún no han sido encerradas, las obras de construcción del muro son el objetivo a batir. En el control de entrada a Saniriya comenzaron los problemas. Al menos 200 habitantes del pueblo esperaban para unirse a nuestra marcha. Nos contaron que llevaban varias horas esperándonos y que el ejército ya había intentado dispersarlos -con poco éxito- en un par de ocasiones. Además había al menos 20 palestinos que llevaban retenidos al menos un día y medio bajo los olivos que rodean el pueblo. Decidimos, de acuerdo con los líderes locales, sentarnos y bloquear el tránsito al menos hasta que se liberase a los retenidos. Y así comienza el juego. Nos dan cinco minutos para irnos, no aceptamos sus exigencias y comienzan los forcejeos. Tras varios intentos, el ejército consigue llevarse a uno de los brigadistas, al más expuesto. Carl, un estadounidense de 23 años, nuestro negociador en esa acción, era el único que estaba separado del grupo. Tras arrojarlo como si de un bulto se tratase en la parte trasera de un jeep, todos pudimos ver con claridad cómo era golpeado con insistencia por los soldados. Finalmente se lo llevaron detenido al asentamiento de Ariel. Pero ante la imposibilidad de practicar mas detenciones sin un uso desproporcionado de la fuerza, finalmente accedieron a liberar a las personas que llevaban 36 horas detenidas a cambio de que nos marcháramos. Dicho y hecho.

Al dia siguiente, en Masha, el ejército intentó deternos de nuevo. Estamos acostumbrados a llevar al menos tres jeeps pegados a nuestras espaldas y ya no nos extrañamos. Nos acercábamos a la entrada del pueblo para conocer de cerca uno de los ejemplos más violentos de la construcción del muro: una familia vive encajonada entre el muro y las paredes de un asentamiento israelí. Sólo pueden salir de su casa cuando los soldados se lo permiten, lo que sucede en muchas menos ocasiones de lo que sería necesario para desarrollar una vida normal. Está claro que no querían testigos y decidieron pararnos. La misma cantinela. Forcejeos, soldados nerviosos intentando separar a gente del grupo y brazos y piernas fuertemente encadenados. No tienen nada que hacer contra nosotros mientras nos mantengamos unidos.

En Rafah la situación fue aún más violenta. Al llegar a la salida del pueblo, los soldados intentaron detenernos. Es el primer pueblo en el que las obras de construcción del muro se encuentran en fase preliminar y sus habitantes aún luchan con encono contra las excavadoras israelíes. Decidimos acompañarles a lo largo del sendero por el que transcurrirá esa vergüenza dentro un par de meses. Es campo abierto. Para que se hagan una idea, se parece a un camino forestal de unos 100 metros de ancho. Puede comprobarse fácilmente el rastro de destrucción que implica abrir el sendero del muro. Casas derruidas por la mitad, cientos de olivos cortados y ante todos el incesante ruido de las caterpillar suministradas por Estados Unidos. Esta vez tenemos 10 minutos para irnos y no les hacemos caso. Los soldados forman una línea frente a nosotros y nosotros formamos una línea frente a ellos. Volvemos a salir indemnes y sin bajas. En terrenos abiertos no pueden pararnos a menos que usen fuego real. Y es poco probable que se arriesguen a disparar contra un grupo tan numeroso de brigadistas. Aunque la policía y los soldados intenten detenernos, no lo logran y nos animan con ello a seguir adelante.

Es importante señalar que la marcha cuenta con una importante presencia israelí. Miembros de organizaciones anarquistas israelíes asi como de "Rabinos por la paz" y los pacifistas de "Gus Salom" entran y salen continuamente de la misma. Su presencia es útil por varios motivos: el primero radica en la importancia que tiene para los palestinos poder observar que la israelí no es una sociedad tan monolítica. El segundo consiste en la facilidad con la que los israelíes negocian con su propio ejército. Conocen las leyes, hablan hebreo y el ejército no se atreve por el momento a ensañarse demasiado con ellos. Sabe que el día que un israelí resulte herido, la marcha saltará a sus medios comunicacion y no pueden permitirse que eso suceda porque su ejemplo podría resultar gravemente pernicioso.

A medida que nos adentremos en la región de Ramala y nos aproximemos a Jerusalén, la situación se repetirá una y otra vez. Nos preguntamos si el ejército intentará detener definitivamente la marcha, y en tal caso, cuándo lo hará. Es evidente que pueden hacerlo. Sólo tienen que enviar a 100 soldados preparados para arrestarnos a todos. Y no sería la primera vez que arrestan y deportan a un gran número de brigadistas extranjeros.

Nuestra llegada a Budrus ha servido para reanimar tanto la marcha -tras las dudas sobre su utilidad que nos asaltaron en Calquilia- como a sus habitantes, que se han visto respaldados para recorrer nuevamente el sendero a través del cual se construye el muro. Budrus es una de las poblaciones que ha conseguido modificar el trazado del muro hasta hacerlo retroceder a la línea verde (frontera internacionalmente acordada entre Palestina e Israel tras la guerra de 1967). Es uno de los pocos pueblos que ha conseguido, ejerciendo su derecho de resistencia no violenta, no perder ni un solo donom de tierra (el donom es la medida palestina para la tierra y equivale aproximadamente a un cuarto de hectárea). El oeste de Ramala es uno de los puntos calientes del conflicto. Desde hace algunas horas los disparos suenan sin cesar, y por primera vez he visto militantes de Hamas en las calles. A tan sólo unos metros desde donde escribo he tenido un encuentro con ellos que ha resultado un tanto sorprendente. Tres hombres que portaban banderas de Hamas a sus espaldas y pañuelos verdes en la frente han venido corriendo hacia mí. Como no entiendo árabe no tengo ni la menor idea de lo que me decían. Han repartido unas octavillas y han desaparecido tan rápido como aparecieron. Supongo que tendrán que ver con el atentado suicida que ha tenido lugar hace apenas unas horas en el control israelí de Calandia. Espero que alguien me las traduzca, porque tenemos que atravesar ese control dentro de unos días.



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