Mapa del sitio Portada Redacción Colabora Enlaces Buscador Correo
La insignia
6 de agosto del 2004


Uruguay

La izquierda, las reglas del juego y la asepsia


Nelson Cesin
Brecha. Uruguay, agosto del 2004.


Quiénes ganarían y quiénes perderían bajo un gobierno progresista, de qué habla la izquierda cuando dice que respetará las reglas del juego, cómo abordar el problema de la deuda, la estrategia para enfrentar a Jorge Larrañaga... Estos y otros temas fueron centro de la siguiente entrevista con el presidente del Partido Socialista.

-Desde la reacción de la izquierda ante las declaraciones de su economista Carlos Viera, hasta episodios políticos más recientes, pareció instalarse la idea de que bajo una presidencia de Tabaré Vázquez nadie resultaría perjudicado. Como se sabe que esa percepción es falsa, conviene empezar por preguntar quiénes resultarían beneficiados y quiénes no en un gobierno de izquierda.

-Entre los beneficiados, sin duda, estarán los trabajadores y las capas medias de la ciudad y el campo. Digo esto porque el programa del EP-FA tiende en el plano económico y social a resolver los problemas más acuciantes del país, como la generación de empleo, y el conjunto de medidas que permita recuperar la demanda interna: que trabaje el comercio, que se le dé seguridad jurídica a los trabajadores, pero también a los pequeños y medianos empresarios. Naturalmente que si esto se hace va a ir en contra de los que en el marco del actual modelo económico y social han hecho su fortuna y sacado su enorme ventaja. Me refiero, por ejemplo, al sector de los grandes importadores, que durante diez años han ganado mucho dinero, gracias al conjunto de medidas económicas estructurales (desregulación, apertura indiscriminada) y de política cambiaria. También se verán perjudicados los especuladores que han medrado con el sistema financiero. Se van a acabar los negocios de las Islas Caimán; la discreción del Banco Central en el control del sistema financiero; la distancia tan enorme entre las tasas activas de interés y las pasivas, que impide invertir y trabajar. Ahora, nada de esto será de la noche a la mañana. Un gobierno progresista no va a entrar como elefante en un bazar a romper todo y armar, a partir de los añicos, una cosa nueva.

-¿Es posible implantar un modelo económico alternativo asegurando que se mantendrán las "reglas de juego" notoriamente favorables a los intereses de la inversión extranjera?

-No le tengo miedo a la inversión extranjera mientras esté reglamentada. Hace poco escuché en el país a uno de los especialistas del fmi, y decía que debía buscarse que el capital extranjero que ingresara viniera a integrarse en el plano productivo, y decía que había que poner límites muy precisos a la especulación. Chile, por ejemplo, utilizó durante mucho tiempo una norma por la cual todo capital que ingresara al circuito especulativo tenía por lo menos un plazo de seis meses en que no podía ser retirado del país. Eso se implementó con el fin de impedir la fuga de capitales provocada por los operativos especulativos que se dan en el marco de la globalización, y yo creo que un gobierno progresista debería impulsar medidas de este tipo.

-¿Qué quiere decir, entonces, mantener las reglas de juego?

-Que el inversor que venga a impulsar una industria va a tener de parte del gobierno la norma jurídica que regle la forma en que se va hacer esa inversión, que se le va a obligar a pagar correctamente los impuestos, los aportes a la seguridad social y que se le va a permitir reinvertir sus ganancias en el país mediante normas que favorezcan la reinversión, y que si quiere remitir al exterior la ganancia lo va a poder hacer. Porque lo que más nos importa ahora es que creen trabajo y riqueza acá, a efectos de generar las condiciones para acabar con el incremento de la pobreza.

-El discurso más difundido de la izquierda en los últimos días sostiene de algún modo que, gracias a la reactivación económica (cuestionada en su alcance y equidad por el EP-FA), la deuda habría dejado de ser la bomba de tiempo que la izquierda advertía como tal hasta hace muy poco. Y presenta a organismos muy denostados como el fmi en un rol casi comprensivo -y de colaboración- con la doctrina económica del EP-FA. ¿No se trata de un cambio muy drástico en la percepción de la realidad?

-En la base de las manifestaciones de Tabaré Vázquez está la idea de que hay que buscar la manera de conversar desde el momento en que se gana hasta el momento en que se llega al gobierno, para asumir con un esquema básico de relacionamiento con los organismos internacionales. Porque es con los que se puede negociar. Con los tenedores de bonos que hicieron el canje es más difícil... Aunque se puede hacer también, ¿eh?, porque la gran cantidad de dinero que está en el marco del canje la tienen los bancos. ¿Por qué este relacionamiento? Porque todos tenemos la convicción de que los compromisos de pago para los años 2005 y 2006 son prácticamente imposibles de cumplir en los términos en que están hechos y que son necesarios nuevos arreglos para aplicar nuestro programa y sacar el país adelante.

-¿La idea es renegociar los vencimientos en los mismos términos en que lo han hecho los últimos gobiernos, es decir recurriendo a la "bicicleta" financiera?

-Lo que no podemos hacer es llegar al gobierno y decir: "se acabó, no pagamos un peso más de la deuda", porque eso tranca la posibilidad de desarrollo económico y porque no vivimos aislados del mundo.

-Pero entre el extremo del no pago y la reestructuración tal y como se ha hecho en los últimos años, quizá exista algún otro camino. ¿Dónde reside la alternativa en el plano del manejo de la deuda?

-En que se va a apuntar a obtener más plazo sin que se incremente el volumen de la deuda. Lo que nosotros vamos a intentar hacer, creo (no soy el que manda en el Frente), es lograr más plazos propendiendo a una reducción en materia de intereses.

-¿No le parece una utopía? Usted me decía que Uruguay no estaba solo en el mundo...

-No creo que sea tan difícil como antes. Muchos dicen que nosotros estamos cambiando, pero no advierten que los organismos internacionales también están cambiando. Porque no pueden permitir que haya tres Argentinas; no pueden apretar a Brasil a tal extremo de que tenga que ir al default, porque entonces salen del circuito económico 250 millones de habitantes del planeta, cosa que al capitalismo no le sirve. De modo que la idea es ganar tiempo, obtener mejores condiciones de las que tenemos y disponer de los resultados de esas condiciones para atender la emergencia social y apuntar al desarrollo productivo.

-Los términos del canje de la deuda privada fueron fuertemente cuestionados por la inmensa mayoría de la izquierda. ¿Las condiciones del canje pueden ser renegociadas a su vencimiento?

-Bueno, uno no puede hacer futurología, pero si la recuperación económica del país es importante y le permite dar un impulso al sistema productivo y atender correctamente la emergencia social, a lo mejor se puede cumplir sin inconvenientes con esas obligaciones. Pero si es necesaria alguna mejora parcial de las condiciones en que se contrajo la deuda con los acreedores privados, ¿por qué no hacerla? No hay que olvidar que los acreedores privados han ganado mucho dinero con los bonos del Tesoro y las letras uruguayas.

-Habida cuenta de que las fuerzas que rodean a Jorge Larrañaga son percibidas, por afinidad programática, como los aliados más factibles de un gobierno progresista, ¿cómo debe encarar la izquierda la contienda con el candidato blanco?

-Lo primero que yo quiero decir es que al candidato del Partido Nacional le va a ser muy difícil remontar ese 30 por ciento que le dan las encuestas. Los colorados van a pelear duramente por tener bancas en el Parlamento, aunque no ganen la Presidencia, y eso impedirá el crecimiento de los blancos. Además, Larrañaga se verá enfrentado a problemas de credibilidad. Hace unos días el prosecretario de la Presidencia, Leonardo Costa, dijo que si Larrañaga gana las elecciones va a tener que gobernar con el Partido Colorado. Desde ya va a tener que hacer campaña con Lacalle, con gente que estuvo comprometida con el gobierno de Sanguinetti y con el de Batlle hasta hace unos meses. Entonces podrá modificar el discurso, pero no las partes esenciales del modelo económico vigente. No hay que olvidar que Larrañaga, por ejemplo, apoyó y votó la ley de venta de ANCAP; es decir que comparte esa concepción.

-Igual que Danilo Astori, el ministro de Economía de un eventual gobierno encuentrista.

-Bueno, sí, estuvo en una posición similar; son palabras suyas, no mías...

-No, son conceptos del propio Astori.

-Pero usted los trae a colación para demostrar las diferencias que tenemos dentro del Frente.

-El lector no entendería que omitiera el registro de ese hecho.

-Está bien, pero la diferencia es que en el Frente resuelve la mayoría, y cuando hubo que votar votaron las mayorías y las minorías acataron.

-Estábamos en el punto de cómo debe encarar la izquierda la contienda con Larrañaga.

-Creo que demostrando que es la única fuerza de cambio en Uruguay, y que con Larrañaga, en función de la gente que lo apoya, no habrá ningún cambio sustancial en la conducción del país. El país vive una coyuntura histórica: es la primera vez que se puede decir que van a gobernar los sectores populares y no los sectores propietaristas que han mandado siempre, los del club, como dice Lacalle.

-¿Cuáles deben ser los criterios para integrar el gabinete y los entes autónomos? ¿Podría haber ministros de otras fuerzas, como plantea el candidato blanco si accede a la Presidencia?

-Para ejecutar un programa como el nuestro, es obvio que la constitución mayoritaria del gabinete y de los organismos de ejecución de las políticas económicas debe recaer en el EP-FA. Esto no quita que podamos recurrir a personas de otros sectores si las creemos competentes y capaces. Siempre y cuando, naturalmente, acepten la conducción del presidente de la República. Eso es lo que hemos hecho, salvando las distancias, en la Intendencia de Montevideo. Hay varios ejemplos de directores municipales que responden a fuerzas blancas y coloradas.

Mire, yo no tengo la cabeza cerrada en ningún sentido. No me aferro a los medios porque sé que lo importante es aproximarse al objetivo. Tengo clarísimo que debo legar a mis hijos y a mis nietos un país próspero, tolerante, democrático, progresista, que apunte a resolver las desigualdades sociales. Porque yo soy socialista; no creo en el sistema capitalista, creo en el sistema socialista que apunta sobre todo a resolver la desigualdad entre los hombres. A ese objetivo sé que se llega por aproximaciones sucesivas, pero quiero que el Frente apunte a eso, y quiero buscar que la 90 sea muy bien votada para que ese objetivo no se pierda.

-¿Qué razones explican que el Partido Socialista haya sido desplazado en las elecciones internas a un segundo lugar, bastante lejos del MPP?

-(Piensa.) Bueno, hay cambios de comportamiento en el electorado, y está por verse que esa distancia se repita el 31 de octubre. Hay también formas de ver la realidad política de la gente que cambian con el tiempo. No creo que el Espacio 90 haya hecho nada mal en este último tiempo. Hemos sido los más duros opositores al modelo económico y social. Los que desde el principio dijimos que las acciones de este gobierno conducían al precipicio. Y tuvimos razón, ¿o no? Fuimos los que más hemos interpelado a ministros; metimos el referendo de Ancap, y ganamos; defendimos la unidad del Frente, porque mientras estuvimos como fuerza mayoritaria las peleas internas fueron reconducidas de tal forma que no hubiera rupturas. Aportamos muchísimo a la gobernabilidad del Frente, y seguiremos apostando a mantener esa columna vertebral que le asegure a un futuro gobierno que no va a tener sacudones que lo desestabilicen.

-¿El MPP está en condiciones de aportar a la gobernabilidad del Frente?

-No conozco tanto al MPP como para opinar sobre eso.

-Pero sí conoce al Frente.

-Sí, pero cuando se es mayoría es cuando se toma conciencia de que las decisiones que uno toma pueden tener consecuencias malas o buenas, y uno tiene que tener mucho cuidado en cómo actúa. Nosotros hemos tenido diferencias con algunos sectores y las hemos llevado a la Mesa del Frente, hemos discutido allí y hemos resuelto, sin estigmatizar a los demás porque hayan discrepado con nosotros.

-¿No hay una suerte de disputa entre socialistas y emepepistas para ver quién es más "oficialista", más alineado a Vázquez?

-No creo. Los otros días un encuestador decía en televisión que el senador José Mujica larga a veces cosas que se le ocurren en el momento sin medir las consecuencias, porque le parecen simpáticas y porque impactan en determinado momento. Ahora, no se confunda, mire que Pepe es vivo como un rayo: él sabe que algunas cosas le sirven para sumar votos, si no no las dice.



Portada | Iberoamérica | Internacional | Derechos Humanos | Cultura | Ecología | Economía | Sociedad Ciencia y tecnología | Diálogos | Especiales | Álbum | Cartas | Directorio | Redacción | Proyecto