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| 24 de agosto del 2004 |
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Ecuador Oportunidades y amenazas económicas de la emigración (III)
Susana López Olivares y David Villamar La Insignia*. Ecuador, abril del 2004.
-El papel de las remesas en la gestación de una nueva dependencia externa,
efectos inflacionarios y distorsión en la estructura de precios Hasta aquí se ha podido verificar la importancia de las remesas para la economía sobre todo como factor dinamizador del consumo. Asimismo, el ingreso de divisas por concepto de remesas ha permitido contrarrestar la salida de dólares derivada del déficit comercial y del desequilibrio crónico en la balanza de servicios. Sin embargo, las remesas también llevan implícitos algunos problemas. El primero y quizá el más grave es la gestación de un nuevo tipo de dependencia externa, que se deriva de sustentar el consumo interno en una fuente externa de recursos. De acuerdo con lo anteriormente analizado, el gobierno depende del permanente flujo de remesas para conservar la mencionada flexibilidad en el gasto social; asimismo, la dolarización depende de las remesas para cubrir la salida de dólares; y de igual manera, los familiares de los emigrantes dependen de las remesas para mantener su nivel de consumo. Esto conlleva un grave peligro, pues las remesas ya no crecen al mismo ritmo y los flujos migratorios enfrentan cada vez mayores restricciones, lo que deja pocas perspectivas de un crecimiento de remesas a futuro. No debe olvidarse tampoco que un número creciente de emigrantes está considerando la posibilidad de quedarse en España o en los EEUU en lugar de regresar, y está dejando de enviar dinero priorizando las inversiones allá y completando la reunificación familiar. Otro gran problema de las remesas es que estarían generando presiones inflacionarias, encareciendo las condiciones de vida de las regiones en donde se concentran estos recursos. Ya que las condiciones de vida y de producción son distintas en las diferentes regiones y ciudades del Ecuador, la inflación se presenta distinta en cada una, manifestándose entre otras cosas, en los diferentes precios de la canasta básica. Así, la canasta básica familiar es más elevada en Cuenca, Loja y Quito que en el resto de ciudades del país (9) (ver cuadro 4); el promedio nacional a diciembre del 2003 está en 378 dólares. Esto refleja el mayor porcentaje de las remesas de los emigrantes, que históricamente se han concentrado en el austro. Según estimaciones para el 2000, a Azuay, Cañar y Loja ingresó más del 55% del total enviado de remesas, seguidos de Guayas con un 10%, Manabí y Pichincha un 5% cada una. A más del efecto inflacionario que el flujo de recursos generados en la emigración pueda tener, hay que considerar otro tipo de distorsiones, por ejemplo en la estructura de precios relativos, que tiene una incidencia perniciosa a nivel de la valoración de los terrenos y propiedades rurales y urbanas. Este es un punto que debería merecer una especial atención, pues las valoraciones exageradas de tierras, por ejemplo, estarían marginando importantes extensiones de tierra para el desarrollo de actividades agrícolas.
-Las remesas, un aliciente para la microempresa Uno de los mayores problemas que ha enfrentado en Ecuador la población de menores recursos es la falta de crédito. Esto ha impedido el desarrollo de actividades productivas pequeño y microempresariales. En efecto, al no cumplir con los requerimientos de solvencia de los bancos, los sectores de menores ingresos no son sujetos de crédito. Pero gracias al flujo de remesas, dichos sectores concentrarían hoy una importante cantidad de dinero que antes jamás tuvieron. Aunque el monto de remesas es importante, la inversión que de él se deriva es relativamente baja, pues los receptores tienen otras prioridades. En efecto, según una investigación realizada por el BID, mencionada antes, el 61% de los receptores de remesas en Ecuador usa ese dinero en gastos diarios, como el pago de renta, la compra de alimentos o medicinas, etc. No obstante, y a pesar de ser menores que el gasto diario, las inversiones de largo plazo ocupan una proporción considerable, ya que reúnen 22% de los envíos (ver cuadro 5). Entre éstas está la formación de negocios, los ahorros, compra de propiedades y gasto en educación. Es interesante mencionar que 66% de los envíos son recibidos por mujeres, lo que posibilita un cambio en su orientación laboral, así como en el papel que cumplen dentro de la sociedad, pues muchas de ellas estarían dejando el cuidado del hogar y convirtiéndose en microempresarias. En suma, los emigrantes, así como sus familiares, tienen mayores ingresos y niveles de instrucción que el ecuatoriano promedio, lo que debería potenciar sus perspectivas como pequeños inversionistas.
Un fuerte limitante para la inversión aún de pequeños empresarios, aparte de las condiciones adversas que para ello existen en el país, es el peso del servicio de la deuda para financiar el viaje. En efecto, de acuerdo con investigaciones realizadas en Quito y varios cantones rurales de Loja, zonas fuertemente tocadas por la emigración, por lo menos el 20% de los receptores, al menos en los primeros años, destina las remesas al pago de la deuda contraída, lo que restringe aún más el monto susceptible de ser invertido. -Las remesas, el aumento del consumismo y las importaciones Un análisis del flujo de remesas no debe limitarse al aspecto cuantitativo, sino que debe profundizar en los diversos elementos que determinan su dinámica e importancia dentro de la economía ecuatoriana. Debe entonces considerarse que, ya que los emigrantes pertenecen a estratos socioeconómicos medios y medio bajos, las remesas están dirigidas hacia estratos de condición social análoga. Para entender la importancia del elemento mencionado, hay que examinar la estructura de consumo de la población según estratos. Dado que el ingreso familiar promedio a fines del 2003 fue de 253 dólares y la canasta familiar estaba en 378 dólares, se evidencia que una gran parte de la población no logra cubrir sus necesidades básicas. Esto implica que un aumento en los ingresos de los sectores medios y bajos se destinará principalmente a incrementar el consumo (y reducir de este modo el nivel de insatisfacción de las necesidades básicas), en lugar de fomentar el ahorro o la inversión. Por el contrario, un aumento del ingreso en sectores altos y medio altos modificaría discretamente el consumo y tendería sobre todo a convertirse en ahorro. Desde luego, los estratos acomodados, cuyas necesidades básicas (e incluso suntuarias) han sido plenamente satisfechas, no ven en un ingreso extra la oportunidad de incrementar su consumo inmediato, sino más bien de acumularlo ya sea para un consumo futuro, por razones de precaución, o incluso por motivos de especulación, especialmente financiera. De lo antedicho se deduce que, ya que las remesas constituyen un ingreso suplementario para sectores medios y medio bajos, éstas se destinarán esencialmente hacia el consumo. En efecto, esto es lo que sucede, si damos crédito a la investigación realizada para el BID. Esto se debe tanto a la insuficiencia de los ingresos para satisfacer las necesidades básicas, como a la falta de una cultura de ahorro e inversión. Debido a su magnitud, las remesas permiten satisfacer las necesidades básicas e incluso alcanzar nuevos niveles de consumo a los estratos medios y medio bajos que las reciben. Pero estos nuevos grados de consumo no se dan de manera arbitraria, sino que obedecen a ciertos factores entre los que destacan, evidentemente, el volumen recibido de remesas y el esquema de consumo imperante en la sociedad. Este último está determinado por varios elementos culturales, psicológicos, sociales y económicos, que pueden ser modificados por el hecho migratorio. Así, por ejemplo, el tipo de consumo se verá afectado principalmente por un cierto efecto de imitación (10). Los receptores de remesas buscarán reproducir el nivel y estructura de consumo de los sectores más acomodados, como una manera de demostrar su ascensión socioeconómica: recuérdese que, según el BID, 17% de los receptores utilizan las remesas en gastos superfluos o lujos. Ahora bien, el esquema de consumo imperante en Ecuador se ha visto modificado radicalmente en los últimos años, como resultado del accionar de un factor determinante: la dolarización. El cambio del sistema monetario no se quedó sólo en cuestiones monetarias y cambiarias sino que, con el tiempo, ha transformado la estructura y velocidad de consumo en el país. En efecto, el uso del dólar ha fomentado aún más la importación del esquema de consumo estadounidense, particularmente. En otras palabras, el país tiende a adoptar los hábitos de consumo propios de un país desarrollado, al menos en los segmentos de la población con relativa capacidad de consumo, entre los que se encuentran las familias de emigrantes. Aquí surge una grave contradicción (exacerbada por las remesas de los emigrantes) para una economía dolarizada, en una sociedad como la ecuatoriana: ¡Una población con un ingreso per cápita inferior a 2.000 dólares anuales intenta copiar el esquema de consumo de una población cuyo ingreso per cápita supera los 30.000 dólares por año! Los problemas que de ello resultan se deducen fácilmente. Por un lado, el potencial productivo del Ecuador es incapaz de cubrir tales niveles y tal estructura de consumo, lo que obliga a recurrir cada vez más a importaciones, tanto de bienes de consumo, como de materias primas y bienes de capital. Así, los productos importados van acaparando el mercado interno, deteriorando el aparato productivo nacional, lo que se evidencia en la quiebra de ciertos sectores productivos. Esto a la larga impulsa nuevos incrementos de las importaciones, lo que fomenta la salida de dólares del país. Todo lo cual complica la preservación del esquema dolarizado a mediano plazo. Por otro lado, un comportamiento consumista da paso a la sobreexplotación de recursos, lo que puede desembocar en un agotamiento de los mismos, perjudicando irreversiblemente el equilibrio ambiental. Asimismo, el ambiente se vería perjudicado ya que el nivel de desperdicios crecería considerablemente por el consumo excesivo, y podría sobrepasar la capacidad de absorción de la naturaleza.
Notas (9) Hay que considerar que este índice no se mide en todas las ciudades del país. Según datos obtenidos de diversas fuentes, el costo de vida en Azogues, en donde no se realiza este tipo de mediciones, es tanto o más alto que en la vecina ciudad de Cuenca. |
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