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La insignia
3 de agosto del 2004


A fuego lento

Multiculturalismo al revés


Mario Roberto Morales
La Insignia*. Guatemala, agosto del 2004.


El periódico Arizona Daily Star publicó, en su edición del 3 de julio pasado, la noticia de que el juez de distrito Robert Broomfield dictaminó a favor de 40 profesores "blancos" en una querella contra la Northern Arizona University (NAU). Según la acusación, la NAU había violado leyes federales antidiscriminatorias al asignarles aumentos de salario mayores, hace más de una década, a miembros femeninos y de minorías étnicas de su personal docente.

En efecto, el juez Broofield dictaminó que, en 1993, el entonces presidente de la NAU, Eugene Hughes, en su esfuerzo por nivelar desigualdades de salario entre los profesores, creó nuevas desigualdades al otorgar mayores aumentos a ciertos profesores bajo el criterio de sexo y etnia, sin tomar en cuenta que la razón por la que algunos profesores "blancos" ganaban más que aquellos tenía que ver con criterios como la propiedad de cátedra, la experiencia y los posgrados doctorales. Se calcula en 1,9 millones de dólares la cantidad que recibirían los 40 profesores "blancos" que triunfaron en este juicio por discriminación racial, que sin duda constituye un caso insólito -y quizá ejemplar- en la larga secuencia de querellas legales por racismo, ya que esta vez las víctimas fueron 40 miembros del grupo que suele resultar condenado por estos delitos.

En realidad, lo que este juicio, y sobre todo su veredicto, pone sobre el tapete, es el asunto de los favoritismos pater(mater)nalistas como mecanismo de "compensación", "nivelación", "justicia" y "democratización" antirracistas y antidiscriminatorias, centrando el criterio de las medidas concretas de esta lucha exclusivamente en el sexo y la etnicidad de las personas e ignorando los requisitos que, establecidos por la ley, avalan derechos laborales: en este caso, los requisitos de la meritocracia académica. Cuando el juez Broomfield dice que el entonces presidente de la NAU violó leyes federales antidiscriminatorias y creó nuevas desigualdades al sobrepagarles salarios a mujeres y miembros de minorías étnicas, lo que está diciendo es que las razones de la discriminación no debieran invocarse para justificar favoritismos paternalistas.

La última vez que estuve en la NAU fue hace unos cuatro años, cuando esa universidad honró a mis buenos amigos, los escritores Roberto Sosa (de Honduras), Manlio Argueta (de El Salvador) y a quien esto escribe, por nuestra contribución literaria al desarrollo cultural de nuestros países. En esa ocasión, conocí a algunos de los querellantes "blancos" que han triunfado en la corte, quienes eran llamados angry white males en medio de la fiebre de "corrección política" que entonces invadía la academia estadounidense y que, por fortuna, ha bajado ya drásticamente, aunque en el tercer mundo recién empieza a tomar aliento. Nunca pensé demasiado en aquel asunto porque, como ellos, creí que perderían el caso caso -infestado como está de "corrección política" el sistema de justicia en Estados Unidos-. Pero, oh, sorpresa. He ahí que al multiculturalismo también se le puede dar la vuelta del calcetín.

La pregunta que se impone ante este caso en países como Guatemala -en donde el entusiasmo "políticamente correcto" antirracista, financiado por la cooperación internacional y azuzado por profesores extranjeros dedicados a ese ramo de la intercesión y el injerencismo- es cuáles pueden ser los frutos de luchas legalistas como la descrita, aun cuando la mayoría de ellas sean ganadas por el bando favorecido por el victimismo y el pater(mater)nalismo sistemáticos. Y también, si no sería mucho más productivo ubicar y plantear el problema estructural del cual forman parte el racismo, el sexismo y la discriminación, y, a partir de allí, poner en práctica las medidas de lucha necesarias. Porque si se insiste en el multiculturalismo separador (generosamente financiado desde fuera) que confunde el síntoma con la enfermedad, la tortilla se les puede voltear a las buenas conciencias políticamente correctas, como ocurrió en el caso de los 40 "bravos" profesores "blancos" de la NAU.


(*) También publicado en Siglo Veintiuno y A fuego lento



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