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| 28 de abril del 2004 |
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Genocidio simbólico
Lev Grinberg (1)
Traducción para La Insignia: Catherine Raoul
El asesinato del jeque Ahmed Yasín forma parte de una política general llevada a cabo por el gobierno del Estado de Israel y se puede describir como un genocidio simbólico. Incapaz de liberarse del traumatismo de la Shoah y de la inseguridad que causó, el pueblo judío, víctima suprema del genocidio, está infligiendo, en la actualidad, un genocidio simbólico al pueblo palestino. El mundo no permitiría una eliminación total, así que se está llevando a cabo una aniquilación parcial. Como hijo del pueblo judío, como ciudadano israelí, condeno este acto abominable y llamo a la conciencia de la comunidad internacional para salvar a Israel de sí mismo; especialmente, exhorto a la Comunidad Europea para que intervenga de manera directa y activa con el objetivo de poner término al baño de sangre. Los complejos lazos que unen el pueblo judío con Europa no están cortados todavía. Es hora de actuar; no porque Europa tenga que exorcizar alguna culpabilidad, sino porque también es responsable del porvenir de nuestro mundo.
¿Qué es un genocidio simbólico? Cada pueblo tiene sus símbolos: dirigentes nacionales, instituciones políticas, una patria, generaciones pasadas y futuras, esperanzas. El Estado de Israel los va destruyendo sistemáticamente, a la vez que usa una extraordinaria jerga burocrática. El término oficial que usa el ejército israelí para designar la lista de líderes y de activistas palestinos que quieren liquidar es "banco de objetivos". Hace ya algunos meses, el ministro de Defensa había emitido la idea de que Arafat debía ser "exterminado". Mientras que hoy la liquidación del jeque Yasín es "una operación exitosa", esta idea vuelve a surgir y es, de nuevo, objeto de un debate público que se vuelve legítimo. Mientras que Arafat está preso en Ramala desde diciembre de 2001, nadie ha logrado hasta ahora cambiar la postura de Israel para permitir que el presidente palestino pueda reencontrar cierta libertad de movimiento. Su encarcelamiento en Ramala ha terminado simbolizando el encarcelamiento del pueblo palestino entero. La tierra palestina va siendo progresivamente roída por las colonias de colones, descuartizada por el vallado de las carreteras y por lo que la jerga oficial denomina "barreras de seguridad". Se trata en realidad de un desmantelamiento sistemático de las últimas fuentes territoriales que les quedaban a los palestinos y que aún les dejaba la esperanza de ver nacer un día un Estado independiente. Constante en sus acciones, el gobierno de Israel, que esconde sus intenciones detrás de términos deslavados como "hoja de ruta" y "proceso de paz", va destruyendo no solamente a la dirigencia palestina, sino también todas las esperanzas de independencia de su pueblo. Según Sharon, ninguna negociación puede empezar bajo la presión de actos terroristas; pero, cuando las organizaciones palestinas anunciaron un cese el fuego unilateral en diciembre del 2001 y en julio del 2003, se obstinó en rechazar su entrada en el "proceso de paz", y la tregua temporal fue cortada por un retorno a la política de las "ejecuciones de objetivos". Las reacciones de los países europeos que expresaron su "preocupación relativa a la continuación del proceso político" a raíz del asesinato del jeque Yasín son simplemente ridículas. En realidad, recompensan al gobierno de Israel, que no está interesado en absoluto por tal proceso. ¿Pero de qué proceso de paz se está hablando? ¿Y en términos políticos, qué ha pasado con el gobierno Sharon desde su formación en febrero del 2001? Surgió el informe Mitchell, el plan Zinni, el plan Tenet, seguidos por la iniciativa de Bush y la hoja de ruta, que sugería a los palestinos que procedieran a reformas institucionales y les prometía en cambio un "Estado temporal" en 2003 y un "Estado independiente" en 2005. ¿Qué queda de eso? Un primer ministro palestino, Abu Mazen, fue elegido: el gobierno israelí lo humilló hasta que terminó renunciando. ¿Se ha producido el más mínimo progreso desde la designación de Abú Alá, quien lo reemplaza? Una parte de la discusión está centrada en el derecho que tiene Israel de defenderse. ¿Qué puede significar ese derecho después de 37 años de ocupación militar? ¿Cómo es posible que se denominen "defensivas" acciones que solamente tienen como propósito preservar un régimen de ocupación? La única defensa aceptable de Israel es la de sus fronteras legales y se sitúa en el interior de su territorio. El terrorismo es una reacción. Una reacción terrible, cruel, inhumana e inmoral, ciertamente estúpida desde un punto de vista político, pero es una reacción. Hay que tratar la causa, no únicamente los efectos. La discusión relativa al "proceso de paz" y al "derecho a defenderse" es una gran estafa cuyo único objetivo es cubrir el genocidio simbólico llevado a cabo por el gobierno israelí. La destrucción del embrión de sociedad, de las instituciones e infraestructuras establecidas por la autoridad palestina primero, fue seguida por la destrucción de lo que queda de las magras esperanzas: los asesinatos de los líderes y de gente ordinaria, hombres y mujeres, niños y ancianos, con el pretexto que los "objetivos que deben ser liquidados" se esconden detrás los ciudadanos. El gobierno del Estado de Israel va transformando poco a poco a los Palestinos en "shahids" (mártires), y el conflicto del Medio Oriente en guerra santa, en cruzada o en "Yihad". Esta peligrosa política genera una amenaza existencial creciente, no solamente para el pueblo palestino sino también para el Estado de Israel y sus ciudadanos. Pone en peligro el equilibrio del Oriente Medio en su totalidad. El gobierno lleva al pueblo israelí hacia una confrontación alimentada por el deseo de venganza inmediata en perjuicio de la construcción de un futuro estable. Mientras no exista una autoridad palestina viable y una fuerza que le permita defenderse contra la ocupación israelí, se necesita una intervención internacional y el despliegue de una fuerza de paz de la ONU (¡no de Estados Unidos!), para proteger a los palestinos primero y a los israelíes indirectamente. Mientras los palestinos estén en peligro, nosotros, israelíes, lo estaremos también. No hay duda de que tal acción sería percibida como una victoria del bando palestino y no sería muy apreciada por el gobierno israelí. Pero sin ese sentimiento de avance político sustancial por parte de los palestinos, hay poca posibilidad de ver algún día el final de este conflicto. Sólo una protección internacional nos dará valor para hablar de una solución permanente. Si no rompemos el círculo sangriento de la violencia y la venganza tribal, no habrá salida positiva. Es responsabilidad del mundo, y principalmente de Europa, detener al gobierno del Estado de Israel. El mundo tiene los medios para hacerlo y es hora de que los use. Porque, en las actuales circunstancias, todo silencio se interpretará como un consentimiento.
(1) Profesor de sociología política en la Universidad Ben Gourion de Beer Sheva (Israel) |
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