| Colabora | Portada | Directorio | Buscador | Redacción | Correo |
|
|
|
| 27 de septiembre del 2003 |
CCS. España, septiembre del 2003.
La guerra de Irak y el desastre de la posguerra han sacado de nuevo a la luz la necesaria reforma de la ONU. La reforma de la ONU es una serpiente de verano que aparece de vez en cuando y de vez en cuando se disuelve sin dejar rastro. En esta ocasión la petición de reforma la ha expresado el propio secretario general, Kofi Annan, acompañada de críticas a la política de EEUU durante las últimas semanas. Algo a lo que no estábamos acostumbrados.
"Tengo la desagradable sensación -ha dicho Annan- de que el sistema no funciona como debiera (...) Hay que decidir si es posible seguir como hasta ahora o es necesario realizar cambios radicales", y para el secretario general es imprescindible que la institución funcione porque "no hay sustituto para la legitimidad de la ONU". Una afirmación que parece contener una velada crítica a las naciones que quieran actuar a la brava en función de su fuerza. En las semanas previas a la invasión de Irak y durante el conflicto, Annan acentuó su conocida prudencia diplomática que le convierte en un experto en nadar y guardar la ropa. Pero en esta posguerra iraquí, el secretario general de la ONU ha mostrado una faceta crítica con EEUU como potencia invasora que no conocíamos. En los últimos meses, Annan ha desgranado diferencias con la nación más fuerte del mundo y críticas a su política. "Algunos países creen que tienen derecho a hacer ataques preventivos. Ese planteamiento pone en peligro los principios sobre los que han descansado la paz y la estabilidad mundial, aunque imperfectas, durante 58 años" y ha añadido: "Me preocupa que esa idea conlleve un creciente recurso a la fuerza unilateral, con o sin justificación". Y ha expresado una postura clara respecto a la actual situación de posguerra: "Nuestra meta continúa siendo el próximo final de la ocupación miliar de Irak con la formación de un gobierno representativo", para agregar una crítica camuflada de petición: "Espero que comience en Irak una nueva era de respeto a los derechos humanos y que la coalición ocupante dé ejemplo, dejando claro que actuará estrictamente en el marco de las convenciones y reglamentos de Ginebra y La Haya sobre el trato a prisioneros de guerra". La diferencia de posturas se ha concretado ante la petición de la Casa Blanca de tropas y dinero para la pacificación y administración de Irak. Annan ha manifestado que es difícil que el Consejo de Seguridad apruebe una nueva resolución sobre Irak como quiere EEUU. "Para compartir las cargas, hay que compartir también las decisiones y responsabilidades", ha sentenciado. Este desacuerdo de Annan con la política de la extrema derecha puritana de Washington, aunque cortés y con apariencia de brindis al sol, ha ido más allá de la guerra y posguerra de Irak. "El terrorismo es un problema real que hay que combatir -ha dicho-. El punto de desacuerdo viene a la hora de decidir cómo combatirlo". Y también ha expresado que "hay dos tipos de amenazas: duras, como las armas de destrucción masiva y el terrorismo, y blandas, como el sida y la pobreza. No estoy seguro, si hiciéramos un sondeo, de que el terrorismo o las armas de destrucción alcanzaran los primeros puestos". La reforma de la ONU planteada en este clima crítico es una misión aparentemente imposible. En realidad, reformar la ONU es que encuentre su lugar en un mundo dominado económica y militarmente por EEUU. Durante las décadas de guerra fría, la ONU no existió; tras unos años de recuperación de cierto papel mundial (al desaparecer el enfrentamiento entre bloques), la guerra y posguerra de Irak muestran desnuda la necesidad de reforma a fondo o hundirse de nuevo en la irrelevancia. "La composición del Consejo de Seguridad es la misma que en 1945 -ha denunciado Annan- y eso contrasta con la realidad geopolítica del siglo XXI". Porque esa es la cuestión: reformar la ONU es reformar el Consejo de Seguridad y eso son palabras mayores. Jack Straw, ministro de Asuntos Exteriores del Reino Unido, ha aportado un proyecto de ampliación del Consejo de Seguridad con 24 miembros más y el número de permanentes hasta 10, incluyendo a Alemania y Japón. Quizás esa propuesta sea factible, pero no aborda el nudo gordiano que incapacita a la ONU: el derecho a veto de EEUU, Reino Unido, Francia, Rusia y China. No sabemos si Kofi Annan se ha distanciado del que describimos cuando fue reelegido como un dirigente con 'luces y sombras', pero es positivo que el secretario general de la ONU se ponga al frente de la exigencia de reforma de la institución porque, como ha dicho el ex secretario general de la UNESCO, Federico Mayor Zaragoza, ha de llegar a ser el gobierno mundial democrático. |
|||