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La insignia
30 de septiembre del 2003


Después de Cancún:
Nuevos agrupamientos en América Latina


__Suplemento__
Cumbre de Cancún
Eduardo Gudynas
Globalización América Latina / D3E.
Uruguay, septiembre del 2003.


El colapso del encuentro ministerial de la Organización Mundial de Comercio (OMC) realizado en Cancún, hace un par de semanas, ha desencadenado tanto muestras de euforia como señales de preocupación. Sin duda la debacle de la reunión dejó en evidencia las series deficiencias de la OMC y potenció el papel de las organizaciones ciudadanas, pero también es cierto que las circunstancias que debe afrontar América Latina siguen siendo muy complejas.

Las posturas más positivas han sido especialmente comunes en Brasil. Allí se considera que se evitó un acuerdo todavía más negativo que las actuales circunstancias del comercio agrícola. Pero en especial se ha subrayado el papel del país, y del canciller Celso Amorín, en lo que la prensa y analistas locales consideran el liderazgo del Grupo 20+ (un conjunto de más de 20 naciones, incluidas China, India y Sudáfrica, que reclamaron el fin de los subsidios agrícolas de los países industrializados).

El presidente "Lula" da Silva celebró la forma en que se comportó su delegación: "resolvimos dejar de ser tratados como pequeños. Aprendí que nadie respeta a quien va a negociar con la cabeza baja, de forma subalterna". Agregó que lo que "ocurrió en Cancún es una novedad extraordinaria. Creamos un grupo de naciones que impulsa una lucha política y comercial contra los bloques desarrollados". Algunos analistas han ido mucho más lejos; Amado Luiz Cervo, editor de la Revista Brasilera de política internacional, sostiene que el canciller Amorín "erigió una obra de un genio de la ingeniería política, creando el G-21". En la misma línea no pocos han dejado volar su fantasía anunciando (una vez más) la creación de un bloque político del sur.

Sin embargo una mirada atenta a la composición de ese Grupo 20+ debería bastar para exigir una mayor cautela. En primer lugar allí se encuentra Colombia, una nación fuertemente dependiente de la política exterior de Estados Unidos. En segundo lugar encontramos a Chile, que acaba de firmar un acuerdo de libre comercio con Washington. En tercer lugar, no puede pasar desapercibido que varios de los cancilleres integrantes de ese grupo ya anunciaron que tras fracaso de Cancún deberían buscar acuerdos comerciales bilaterales con Estados Unidos.

Por lo tanto, el fracaso de Cancún ha dejado a América Latina en una situación bastante más complicada que la admitida en muchos círculos. A pesar de ello, es también un contexto que ha dejado abiertas nuevas puertas que hasta hace poco tiempo atrás permanecían cerradas.


Reorganizaciones latinoamericanas

El surgimiento del Grupo de los 20+ implica nuevos agrupamientos en América Latina. En efecto, ese conjunto incluye a varias naciones latinoamericanas: Argentina, Brasil, Bolivia, Chile, Colombia, Costa Rica, Cuba, Ecuador, Guatemala, México, Paraguay, Perú, y Venezuela. Participan además China, India, Indonesia, Nigeria, Pakistán, Filipinas, Sudáfrica, Tailandia y Egipto; además Turquía ha coqueteado repetidamente.

Ese nuevo conglomerado incluye a casi todos los países de América Latina (todos los países de la Comunidad Andina, junto a varios del MERCOSUR, sumándole Chile y México, a pesar de sus fuertes relaciones con Estados Unidos). Pero este alineamiento tiene dos particularidades que no se pueden olvidar: en primer lugar se observa en el terreno comercial, y en segundo lugar se restringe al comercio agropecuario. Amorín y los demás cancilleres no se cansaban de repetir que el tema central del G 20+ era la agropecuaria y solamente la agropecuaria.

A pesar de esas limitaciones ese paso es igualmente muy importante. Ha tenido por consecuencia prácticamente liquidar al Grupo de Cairns, que incluía a varios de esas naciones junto a otras como Canadá o Australia, y ha abierto las puertas a un conjunto donde todas son naciones del sur. Pero si se examina un poco a su interior se verá que se encuentran posiciones comerciales muy liberales (como Argentina o Chile) y otras muy proteccionistas (como India).

Es importante subrayar que el grupo mantuvo su coherencia a nivel de todas las negociaciones que se sucedieron en Cancún, a pesar de las fuertes presiones tanto de Washington como Bruselas. Debe reconocerse el papel de Brasil, pero más la importancia de China en otorgar fuerza y coherencia al grupo, y eso explica que muchos de los dardos del norte ahora apunten a Pekín. En la OMC juega mucho el peso comercial de cada nación, y China ya es un "global trader" mucho más importante que México o Brasil.


Las incertidumbres en el Mercosur

El colapso de Cancún y la alianza del G 20+ también tiene sus impactos dentro del Mercado Común del Sur (MERCOSUR). Recientemente se ha sumado Perú a nivel de un próximo acuerdo de libre comercio, y seguramente le seguirá Venezuela. Estos dos países, junto a Bolivia, otro asociado al MERCOSUR, hace que buena parte de los miembros de la Comunidad Andina ahora se vinculen a otro acuerdo regional. Esta "ampliación" del MERCOSUR es una clara estrategia del actual gobierno de Brasil.

Desde el punto de vista del MERCOSUR, los nuevos socios determinan aspectos positivos, en tanto amplía la base del acuerdo, aumenta su poder de negociación y busca favorecer el comercio dentro de América del Sur, posibilitando reducir la dependencia de los países industrializados. Sin embargo la naturaleza del MERCOSUR está cambiando en ese proceso: la propuesta original de un "mercado común" se puede mantener mientras la mayoría de los socios plenos se encuentren marchando hacia ese objetivo. Ese era el objetivo inicial de Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay, y puede mantenerse cuando se suman uno o dos miembros asociados a nivel de acuerdos de libre comercio, un escalón inferior al del mercado común. Pero las relaciones cambian con el ingreso de Perú y Venezuela, ya que los asociados serán tantos como los miembros plenos, y eso transformará de hecho al MERCOSUR en un acuerdo de libre comercio.

En otras palabras, el MERCOSUR será algo más semejante al tratado de libre comercio de Norteamérica que a la propuesta original del Tratado de Asunción. Evidentemente el gobierno "Lula" busca reforzar la cohesión de los miembros latinoamericanos, y ya ha anunciado una nueva cimbre sudamericana para promover nuevos emprendimientos de infraestructura. Pero la ampliación del MERCOSUR tal como la promueve Brasilia significa aumentar el número reduciendo la calidad de la integración. Se insinúa así una paradoja: se cuestiona al acuerdo de libre comercio de América del Norte (TLCAN), apelando en el sur a un discurso integracionista, pero que en los hechos se está caminando por una simple senda comercial. Por lo tanto estamos lejos de un "bloque político del sur", aunque sin duda un acuerdo comercial regional puede ser un ingrediente en ese sentido.

El problema pasa a ser entonces la meta de ese MERCOSUR con muchos socios. Ese grupo puede aparecer como más fuerte pero también puede ser igualmente débil en las negociaciones comerciales globales, ya que no existen exigencias para coordinar estrategias productivas comunes. En ese sentido varios países de ese bloque compiten entre ellos buscando exportar más o menos los mismos productos, y por lo tanto un acuerdo de libre comercio no es la solución a sus problemas de exportación. Las posturas de los nuevos cancilleres de Argentina y Brasil será clave para determinar, en el futuro cercano, cuál será el camino que seguirá el MERCOSUR.


(*) E. Gudynas es analista de información en D3E (Desarrollo, Economía, Ecología y Equidad en América Latina).



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