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| 16 de septiembre del 2003 |
con 87.000 millones de dólares
Russell Mokhiber y Robert Weissman (*)
Traducción para La insignia: Berna Wang
La verdad es que se pueden hacer unas cuantas cosas con 87.000 millones de dólares, la cantidad que el presidente Bush ha pedido al Congreso que destine a gastos relacionados con la ocupación militar y la reconstrucción de Irak.
Por ejemplo: La Organización Mundial de la Salud (OMS) y otros órganos de la ONU calculan que el coste de proporcionar servicios de tratamiento y prevención en los países en desarrollo para la tuberculosis, el SIDA/VIH y la malaria es de 12.000 millones de dólares al año. La Comisión de Macroeconomía y Salud de la OMS calculó que la inversión de los donantes de 27.000 millones de dólares al año, que incluyen los gastos destinados a combatir la tuberculosis, el SIDA y la malaria, así como los necesarios para eliminar la muerte y el sufrimiento provocados por otras enfermedades infecciosas y deficiencias nutricionales, podría salvar 8 millones de vidas al año. Eso son ocho millones de vidas. Al año. El Programa de Desarrollo de la ONU calculaba en 1998 que el coste anual adicional de lograr la educación básica para todos era de 6.000 millones de dólares. ¿Prefieren gastar parte del dinero, o la totalidad, en casa? Incluso en Estados Unidos, donde el dólar no va tan lejos, con 87.000 millones de dólares se pueden lograr hazañas muy impresionantes. Por ejemplo, según Business Leaders for Sensible Priorities, facilitar un seguro médico a todos los niños no asegurados de Estados Unidos sólo costaría 6.000 millones de dólares al año. Pueden incluir en los programas Head Start y Early Head Start (1) a todos los niños con derecho a beneficiarse de ellos por 8.000 millones de dólares al año. Pueden reducir el número de alumnos a 15 por maestro en todas las aulas de primero, segundo y tercero de primaria por 11.000 millones de dólares al año. Por 87.000 millones de dólares, podrían eliminar el atraso de las necesidades de mantenimiento de los parques nacionales casi 15 veces. Podrían cubrir más de la mitad de las necesidades de inversión estimadas para 20 años de la Agencia de Protección del Medio Ambiente (EPA) para garantizar agua potable para todo Estados Unidos. Podrían más que duplicar las inversiones de capital fijo anuales que hacen falta para mejorar el transporte público en Estados Unidos, según cálculos de la Asociación Estadounidense de Funcionarios Estatales de Autopistas y Transportes. Podrían financiar casi la mitad de los fondos que según la EPA son necesarios para mantener limpias las cuencas hidrográficas de Estados Unidos, incluido mediante el tratamiento de aguas residuales, mejoras del alcantarillado y el control de la contaminación de fuente difusa. Es precisamente así, pues el Centro para las Prioridades Presupuestarias y Políticas señala que 87.000 millones de dólares es casi exactamente lo que todos los departamentos del gobierno federal juntos gastan al año en educación, formación, empleo y servicios sociales. Así que podrían financiar todo eso durante un año. Si considerasen los 87.000 millones de dólares dinero encontrado y quisieran hacer algo heterodoxo, podrían eliminar el déficit presupuestario del estado de California dos veces. Y aún tendrían suficiente para permitir que los Detroit Tigers (el peor equipo de béisbol) tengan el año que viene un equipo lleno jugadores como Alex Rodríguez (que, con 25 millones de dólares al año, es el jugador de béisbol mejor pagado. Una plantilla completa --25 jugadores-- costaría 625 millones de dólares). Aceptamos que tras haber impuesto unas sanciones económicas devastadoras a Irak durante una década y haber hecho la guerra contra este país dos veces, Estados Unidos tiene una importante obligación de apoyar la reconstrucción de Irak. Pero tres cuartas partes de la cantidad que ha pedido el presidente es para gastos militares, no para la reconstrucción; la solicitud sigue a una asignación anterior de 79.000 millones de dólares; seguro que a continuación habrá otras peticiones adicionales; y gran parte del dinero que se está dedicando a la reconstrucción se está encauzando como prestaciones sociales de empresas mal supervisadas a los amigos de Bush y del vicepresidente Cheney en empresas como Halliburton y Brechtel. Si por un momento se mira la situación con perspectiva, es evidente que hay una larga lista de gastos que harían más por mejorar el mundo, y más por mejorar la seguridad de Estados Unidos, razonablemente definida, que lo que el presidente propone hacer en Irak. En Estados Unidos se ha desarrollado una extraña circunstancia. Los gastos militares pueden justificarse casi a cualquier nivel ("todo lo que sea necesario para defender la libertad"). Los políticos no dicen: "todo lo que sea necesario para asegurarse de que todos los niños de este país tienen una educación digna". O "todo lo que sea necesario para abordar la peor pandemia para la salud en la historia del mundo (VIH/SIDA)". En lo relativo a lo militar, ni hay sentido de la proporción, ni equilibrio. Esta situación es un homenaje a los contratistas militares y líderes políticos que han alcanzado el poder infundiendo el miedo entre la población. Puede seguirse su rastro en no poca medida hasta las contribuciones para las campañas y la influencia de los grupos de presión, pero el problema es mucho más profundo. El miedo ha calado hondo en la cultura. Pero la desmesura del gobierno en Irak ofrece ahora una oportunidad para crear un nuevo sentido de las prioridades. Ahora es aún más patente que antes de la guerra que Irak no representa ninguna amenaza para la seguridad de Estados Unidos. Y las sumas de dinero que ha pedido la administración --y las que pedirá-- son tan extraordinarias que prácticamente exigen el estudio de gastos alternativos. Después de todo, realmente pueden hacerse unas cuantas cosas con 87.000 millones de dólares.
(1) N. de la T.: Programas federales para niños de edad preescolar que pertenecen a familias de bajos ingresos.
(*) Russell Mokhiber es editor de Corporate Crime Reporter, con sede en Washington D.C. Robert Weissman es editor de Multinational Monitor, con sede en Washington, D.C. Ambos son coautores de Corporate Predators: The Hunt for MegaProfits and the Attack on Democracy (Monroe, Maine, Common Courage Press, 1999).
(c) Russell Mokhiber y Robert Weissman |
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