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La insignia
13 de septiembre del 2003


Las reglas del comercio internacional
y la suerte de los más débiles


__Suplemento__
Cumbre de Cancún
Gerardo Evia (*)
Globalización América Latina / D3E.
Cancún (México), septiembre del 2003.


Los defensores de los derechos de los animales piden a la OMC que cambie las reglas de sus acuerdos para que se pueda restringir el comercio de aquellas naciones que no cuidan el bienestar de los animales de granja. Los canadienses afirman que los Estados Unidos los acusan falsamente de subsidiar su trigo. Un folleto reclama eliminar las tarifas sobre los agroquímicos para que la agricultura pueda beneficiarse de ellos. Otros reclaman medidas para poder restringir el acceso de productos contaminantes o potencialmente peligrosos. Este es el tono y la diversidad de las demandas en Cancún; las hay de todo tipo y hasta contradictorias entre ellas.

Los agricultores de los países exportadores del sur reclaman que se desmantelen los subsidios que otorgan los países del norte, los del norte reclaman que se detenga la liberalización del comercio agrícola ya que ello los perjudica. Muchas corporaciones de empresarios reclaman por mayor liberación. Ganaderos norteamericanos protestan por la posibilidad que el tratado de libre comercio que su país viene negociando con Australia los dejará fuera de competencia y los inundará de carne importada.

Es como una gran feria en que cada uno vocea su pregón esperando que alguien compre su mercadería. Esa es la sensación que por momentos se tiene al transcurrir los días por los diferentes ámbitos paralelos a la reunión ministerial de la OMC. Sin embargo las verdaderas transacciones solo pueden ocurrir en otro ámbito, el de las negociaciones entre gobiernos que se llevan a cabo en el Centro de Conferencias de Cancún.

En este otro ámbito, el panorama se parece más a un campeonato de ajedrez donde los participantes juegan partidas múltiples y simultáneas entre sí. Por momentos algunos jugadores se agrupan para potenciar fuerzas, pero hasta el momento la partida parece estar trabada y con tendencia a terminar en "tablas". Aquí el ambiente es menos verborrágico y colorido, aunque en ocasiones los jugadores se suman a la feria y hacen sentir sus propios pregones a través de conferencias de prensa.

A quienes están destinados esos pregones? A la opinión pública por un lado, y por otro, probablemente de mayor importancia, a la los propios contrincantes para hacerles llegar mensajes laterales. Desde otros espacios se dicen cosas para que lleguen a los oìdos adecuados o como intento de legitimar posiciones de negociación.

La pregunta que inevitablemente surge al apreciar este panorama es si todo este juego realmente sirve para algo. En realidad se trata de un juego de poderes más o menos organizado y burocratizado que permite canalizar tensiones de intereses entre Estados nación vinculados con el comercio, asunto del que se ha ocupado el hombre desde hace miles de años.

Pensemos por un momento que las negociaciones de la Ronda de Doha fracasan; los debates en Cancún están a mitad de camino y cualquier desenlace es posible, incluso el fracaso. Que pasaría entonces? Probablemente nada apocalíptico. Los países continuarán comerciando protegiendo o subsidiando en la medida de sus posibilidades, negociarán nuevos acuerdos preferenciales, profundizarán alternativas de integración regional u por otras vías para solucionar sus problemas.

A propósito el canciller argentino Rafael Bielsa se refirió a esto cuando dijo que "si no logramos esto (refiréndose a cumplir el mandato de Doha) será difícil convencer a la gente que el multilateralismo es importante".

En realidad el llegar a acuerdos multilaterales per se que es la razón de ser de la OMC no garantiza que las relaciones entre los países vayan a ser más o menos justas; lo único que ellos reflejan son los equilibrios de poder existentes. En cualquier caso es cierto que los más débiles y pequeños son los que más tienen para perder en un ámbito sin reglas multilaterales acordadas. Pero en las actuales circunstancias casi todos los países son "más débiles y pequeños" comparados con un puñado de naciones industrializadas. En esa tarea, de ofrecer garantías a quienes más las necesitan, la OMC mantiene una gran deuda.


(*) G. Evia, DVM, es analista de información en D3E (Desarrollo, Economía, Ecología y Equidad - América Latina).



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