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La insignia
11 de septiembre del 2003


El discurso de la sustentabilidad en la OMC
y la práctica de la insustentabilidad


__Suplemento__
Cumbre de Cancún
Eduardo Gudynas (*)
Globalización América Latina / D3E.
Cancún (México), septiembre del 2003.

Fotografías: Claes D3E


Manifestaciones en Cancún.

En el seno de la Organización Mundial de Comercio (OMC) se invoca el desarrollo sostenible, pero sus medidas concretas van en un sentido contrario. Las llamadas a la sustentabilidad partieron desde las más altas autoridades al inicio de la cumbre ministerial de Cancún. El director general, Supachai Panitchpakdi, reconoció la importancia del tema en la conferencia que brindó en el "Día del Desarrollo Sostenible". En mi primer día de trabajo como director general de la OMC tuve que abocarme al tema de la sustentabilidad al asistir a la cumbre del desarrollo sostenible en Sudáfrica, dijo Panitchpakdi. Enseguida agregó que la "principal contribución que la OMC puede hacer al desarrollo sostenible es completar la Ronda del Desarrollo de Doha".

Esas declaraciones de Panitchpakdi deberían alarmar a casi todas las organizaciones ciudadanas del planeta: las metas de desarrollo contempladas en los acuerdos que la OMC logró en Doha no solo son ambiguas en casi todos los casos, sino que además, todas apuntan en el sentido contrario a la sustentabilidad. El acuerdo de Doha promueve la insustentabilidad, enfatiza la mira economicista al desarrollo, e insiste en considerar los temas ambientales y los recursos naturales como meras mercancías que pueden ser reguladas por las normativas comerciales internacionales.

Panitchpakdi sostuvo que "la liberalización del comercio es un motor importante para el crecimiento económico y contribuye a aliviar la pobreza" y "permite una mejor adjudicación de los recursos". Estas fundamentaciones son propias de los libros de texto tradicionales en tema de desarrollo, reflejando una posición conceptual que tiene enormes dificultades en incorporar la variable ambiental. En los pocos casos en que eso sucede, se la toma como una mediación para permitir el crecimiento económico, olvidando que el mero aumento material de los procesos productivos justamente está en la base de todos los problemas ambientales.

El director general de la OMC analizó en su conferencia una serie de elementos que consideró claves para la sustentabilidad, como son el acceso a los mercados y la liberalización comercial. Sin embargo, los aspectos esenciales para una correcta senda hacia la sustentabilidad, como la protección ambiental o la regulación de los procesos productivos en función de la conservación de la Naturaleza, no son considerados adecuadamente.

En realidad la OMC ha combatido las normas ambientales, en especial aquellas que tienen incidencia concreta en regular el comercio. Existen varios ejemplos concretos: uno de los casos más conocidos han sido las disputas con el Protocolo de Cartagena de la Convención de Diversidad Biológica, que establece condiciones para el comercio de productos agrícolas transgénicos. La secretaría de la OMC y varios gobiernos (muy especialmente el de Estados Unidos) han combatido constantemente ese acuerdo, particularmente por que en el se introduce el principio precautorio, lo que se evidencia en varias disputas comerciales en marcha. Otro ejemplo que se está debatiendo fuertemente en Cancún son los subsidios a la pesca, que según datos del WWF oscilan en los mil millones de dólares para la Unión Europea y Estados Unidos, a fines de la década de 1990. El problema fue mencionado por Panitchpakdi pero resta aún mucho por hacer para evitar la continua depredación de los mares.

Ecología y subsidios

El comisionado Pascal Lamy también presentó la visión de la Unión Europea sobre el "comercio sostenible", un término que también usó el director general de la OMC. Ese pretendido casamiento entre la sustentabilidad y el comercio estaría basado en tres pilares a jucio de Lamy: desarrollo económico, desarrollo social y el ambiente. En su discurso, el comisionado sostuvo que "nosotros en Europa vemos el fortalecimiento de las relaciones entre comercio y desarrollo sostenible como un aspecto fundamental de las políticas de comercio". Agregó que el comercio no puede ser un fin en sí mismo, sino un medio para el desarrollo sostenible, afirmando que no tenía intenciones de "decorar un postre" con esas palabras, sino moverse realmente en el sentido de la sustentabilidad. Lamy insistió en los componentes ambientales del desarrollo sostenible tales como la producción sostenible, sistemas de eco-etiquetado, las evaluaciones de impacto sobre la sustentabilidad (en marcha en las negociaciones de comercio con el Mercosur y que fueron suspendidas tras el escándalo financiero con la agencia europea de estadística Eurostat), etc.

En el mismo sentido de la presentación de Lamy, la documentación oficial que entrega la OMC en Cancún indica que las finalidades del "comercio sostenible" serán las soluciones multilaterales a los problemas ambientales globales y clarificar las normas de la OMC. En estos puntos hay algunos puntos a favor, como reconocer que no deben primar las normas comerciales sobre las ambientales. Pero el problema principal es que tanto la estrategia comercial de Europa, como los planes de desarrollo que la explican, y entre ellos especialmente la política agraria común, son ambientalmente insustentables. La UE mantiene masivos subsidios agropecuarios que alimentan prácticas de alto impacto ambiental. La transferencia a la agricultura en la Unión Europea está estimada en 100 mil millones de dólares (representando un promedio de 17 mil dolares por año por productor). Esos subsidios no están acoplados a medidas ambientales, y por lo tanto aquellos granjeros que destruyen el ambiente siguen recibiendo los mismos beneficios económicos. El resultado de esas medidas es la contaminación de aguas con nitratos, la erosión, etc. En el mismo sentido opera el modelo agropecuario intensivo que explica estallidos como el de la enfermedad de la vaca loca (encefalopatía espongiforme bovina).

El ambiente como mercancía

Panitchpakdi sostuvo que una de las principales tareas de la OMC debe ser la liberalización del comercio en bienes y servicios ambientales". A su juicio, el pretendido objetivo es que los bienes y servicios "que pueden ser necesitados para la protección ambiental sean más accesibles a todos por medio de la remoción de aranceles y barreras no arancelarias".

Si bien la discusión se encuentra en una etapa inicial en el seno de la OMC, ya que no siquiera se han definido los "bienes ambientales" (por ejemplo, si se incluirán productos industriales, agropecuarios, etc.), la sola aceptación de esta perspectiva es gravísima.

En efecto, por medio del nuevo concepto de "bienes y servicios ambientales" los diferentes recursos naturales y procesos ambientales se convierten en mercaderías, y ellas pasan a estar reguladas por los acuerdos comerciales. Las propias normativas nacionales, y en especial los mecanismos de gestión estatal (sean a nivel local o nacional) que no son económicos, y que no consideran al ambiente como un conjunto de mercaderías, son dejados de lado -simplemente desaparecen. Además, antes que mejorar la calidad ambiental, lo que esa perspectiva deja en evidencia es la intención de crear "mercados ambientales" para ser abordados por las empresas transnacionales. Los más evidentes son la provisión de servicios de agua potable y saneamiento por empresas privadas, los que ahora han pasado a ser también servicios ambientales. Eso lleva a algunos a preguntarse, si estamos negociando sobre bienes y servicios ambientales o sobre el acceso al agua de los pueblos. Existe una fuerte puja por la apertura de ese sector, y en el mismo sentido apuntan las negociaciones sobre servicios en la OMC.

En realidad ninguna de estas medidas tienen nada que ver con la sustentabilidad. Las empresas privadas interesadas en entrar a mercados de ese tipo se mueven bajo intereses de rentabilidad; obviamente desean invertir para vender esos servicios aviéntales y poder obtener ganancias. Sus objetivos no incluyen la performance ambiental, ni la preservación de acuíferos o áreas silvestres.

Responsabilidad conjunta

Incluso el presidente de México, Vecinte Fox, se refirió al ambiente en su discurso de apertura de la cumbre ministerial de Cancún. Fox sostuvo que problemas como la pobreza y el "mal uso de los recursos naturales" son una responsabilidad conjunta. Agregó que "todos somos responsables" que el planeta nos albergue y de cobijo a todos por igual, y por lo tanto "somos todos responsables en revertir la marcada degradación del ambiente y en promover el desarrollo sostenido y sostenible".

Pocos podrían estar en desacuerdo con esos discursos - pero tienen pocos elementos cncretos volcados a la sustentabilidad, y aquellos que aparecen en realidad no se traducen en medidas concretas y efectivas orientadas a la presevación ambiental. De hecho hay muchos países, y entre ellos varios del sur, que rechazan la idea de complementaridad entre los tratados ambientales y el acuerdo comercial de la OMC. En el mismo sentido, la OMC está tan alejada del desarrollo sostenible que ojalá las cercas de metal que se acaban de colocar en las avenidas de Cancún también sirvan para evitar que ideas como las de mercantilizar la Naturaleza salgan del centro de convenciones. Una verdadera discusión sobre la sustentabilidad debe encaminarse de otra manera, y en especial una donde los objetivos proclamados sean efectivamente llevados a la práctica.


(*) E. Gudynas es analista de nformación en D3E (Desarrollo, Economía, Ecología y Equidad América Latina).



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