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| 10 de septiembre del 2003 |
Globalización América Latina / D3E. Cancún (México), septiembre del 2003. Fotografías: Claes D3E
En la víspera de la apertura oficial de la reunión ministerial de la Organización Mundial de Comercio en Cancún, varios países del sur reforzaron sus reclamos, buscan mantener su unidad y sumas nuevos aliados, en el contexto de un proceso que por ahora tiene un destino incierto. A última hora de la tarde del martes 9 de setiembre la conferencia de prensa del llamado Grupo de los 20, que reúne a muchos de los más importantes países en desarrollo, se convirtió en uno de los hechos significativos del día. El encuentro fue abierto por el canciller de Brasil, Celso Amorín, con la presencia de representantes de China, India, Sudáfrica, Argentina y Costa Rica. El llamado Grupo de los 20 se había formado pocas semanas atrás para presentar una contrapropuesta de comercio agrícola frente a las posiciones de Estados Unidos y la Unión Europea. Muchos analistas, y varios gobiernos de países desarrollados, dejaban entrever que ese grupo informal tendría poca vida y rápidamente se desvanecería. Sin embargo, la conferencia de prensa ofrecida por esos países comenzó con la novedad, anunciada por Amorín, que el grupo se mantiene no sólo firme sino que sumó un nuevo socio: Egipto. De esta manera, el ahora llamado Grupo de los 21 se presenta con un peso relevante en las negociaciones -incluye a grandes naciones del sur, como China, India, Sudáfrica y Brasil, y tal como los ministros repiten una y otra vez, representan el 63 % de todos los agricultores y campesinos, cubriendo aproximadamente el 20% de la producción agrícola mundial y 26% de las exportaciones agrícolas totales. El canciller de Brasil, Amorín, consideró la propuesta agrícola un "hecho histórico" donde por primera vez un conjunto de países del Sur presentan una propuesta organizada de ese tipo, "manteniendo su unidad" en las negociaciones, y reclamando que sea incorporada a los debates que se inician en Cancún. La presencia de este nuevo grupo en el seno de la OMC brinda mayor complejidad a una cumbre ministerial que por ahora aparece amenazada por el fracaso. Varios ingredientes indican los problemas que enfrenta la reunión: personalidades de las organizaciones multilaterales, como el presidente del Banco Mundial o el secretario general de las Naciones Unidas, dejan entrever que no asistirán a las reuniones de Cancún; los representantes gubernamentales de los países en desarrollo suman quejas sobre las asimetrías comerciales; y miles de activistas sociales se preparan más allá de la zona hotelera para hacer sentir sus voces. De esta manera, la posición de este grupo de 21 países surge como un contrapeso organizado, y por ahora coherente, a las presiones que realizan tanto Washington como Bruselas. Las más evidentes partieron días atrás desde la Casa Blanca, ya que el propio presidente G. Bush ha telefoneado a varios de los líderes de este grupo para reclamar flexibilidad en las negociaciones que se inician en Cancún.
En la conferencia de prensa, varios representantes insistieron que el tema agrícola "es el eje central" de las negociaciones en Cancún. Sudáfrica insistió con la necesidad de contar con un "sistema agrícola nuevo y equitativo", Argentina reforzaba indicando que el grupo no es circunstancial, y China reclamó una "completa consideración" de la propuesta agrícola que presentaron semanas atrás. A lo largo de sus intervenciones, los gobiernos dejaron claras señales que temen que su propuesta agrícola no sea abordada como tal en el plenario de las negociaciones, y que esa discusión se remita al borrador presentado por Carlos Pérez del Castillo. La posición del Grupo de los 21 considera el texto de Pérez del Castillo como incompleto y desbalanceado, y agregan que su propia propuesta debería tener el mismo "status", debe ser considerada en forma integral (sin recortes) y no debe apelarse a restricciones reglamentarias para impedirlo. Todos estos movimientos han despertado mucha expectativa en la reunión de la OMC. Una claro ejemplo fue que la conferencia de prensa del Grupo de los 21 debió cambiarse de una de las salas pequeñas al auditorio mayor, que terminó repleto de más de 200 periodistas y observadores. Y por si eso fuera poco, la reunión tuvo un final muy original cuando los ministros cedieron la palabra a los representantes de Oxfam, la organización no gubernamental internacional. Debe subrayarse el gesto inusual de los ministros, que aceptaron compartir el estrado con una ONG que no ha escatimado críticas a la OMC. Oxfam presentó los resultados de su campaña por el comercio justo, con las voces y reclamos de más de tres millones de personas. Haciendo gala de rápidos reflejos y aprovechando la oportunidad, el canciller de Brasil, Amorín, subrayó ese encuentro entre una ONG y los gobiernos, un encuentro que es posible "cuando se lucha por la justicia social". Inmediatamente tuvo lugar una avalancha de aplausos (un fuerte contraste con las conferencias de prensa usuales, donde nadie aplaude a los gobiernos). Muchas de las propuestas agrícolas de este Grupo de los 21 son interesantes, otras son evidentemente insustentables, y por detrás de los discursos del libre comercio hay una aspiración a mantener ciertos tipos de protecciones a las agriculturas nacionales. Más allá de esas cuestiones, la presencia del Grupo de los 21 ofrece por fin algunas posibilidades para romper la hegemonía de los países industrializados en las negociaciones comerciales globales. Bajo ese contexto nunca se podrá avanzar hacia estrategias de desarrollo distintas, pero con nuevas circunstancias y con un número mayor de actores activos en la negociación, las oportunidades aumentan. Asimismo, esos gobiernos ofrecieron por fin un ejemplo que la coordinación en el sur es posible, abandonando las declaraciones que eran apenas ecos de las posiciones del norte para comenzar con un discurso propio. (*) Eduardo Gudynas es investigador en D3E (Desarrollo, Economía, Ecologia, Equidad América Latina). |
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