| Colabora | Portada | Directorio | Buscador | Redacción | Correo |
|
|
|
| 23 de octubre de 2003 |
La Insignia. España, octubre del 2003.
Preciso es apuntarlo desde un principio. La conferencia de donantes sobre Irak que se celebra estos días en Madrid deriva de un crimen internacional, el crimen de agresión -tipificado en el Estatuto de la Corte Penal Internacional- y su propósito es recaudar fondos y apoyo internacional para dilatar el crimen en el tiempo. Se pretende, así, dar una inexistente apariencia de legalidad a la ocupación de un país soberano por ejércitos extranjeros, después de una guerra bárbara que dinamitó los cimientos del orden jurídico mundial. Un episodio más en el proceso de demolición del Derecho y de las instituciones internacionales, al que se siguen prestando tantos gobiernos, unos por su colonialismo militante, otros por oportunismo o cobardía.
Calificar la reunión como conferencia de donantes, que evoca causas nobles como la lucha contra el sida o el hambre, es una burla a la moral y al Derecho. Primero porque, vale reiterarlo, su causa es un crimen: Iraq fue bombardeado, destruido, invadido y ocupado. Hoy, los responsables de la barbarie piden fondos so pretexto de reconstruir lo destruido; pero en derecho quien incurre en un acto ilícito, como es el caso, queda obligado a reparar el daño causado. Es jurisprudencia sólidamente asentada desde la Corte Permanente de Justicia Internacional (Caso Chorzow, 1928). Por ello, EEUU y sus socios -incluso el gobierno de España- están obligados, no a donar fondos, sino a indemnizar a Irak por la devastación que sufrió, como ha hecho Libia tras reconocerse culpable del atentado criminal de Lockerbie. En segundo lugar porque lo que se busca, realmente, es obtener fondos externos para prolongar la ocupación, ya que EEUU, el mayor y más interesado impulsor de la reunión, sufre una seria crisis económica y no puede pagar de su bolsa todos los gastos que la ocupación provoca. La solución ha sido llamar a filas a los gobiernos sumisos para que, en un remedo de altruismo, provean fondos a un imperio mendicante para que pueda mantener su bota sobre Irak. Si algo resulta evidente es que los fondos a recaudar no tienen como destino devolver la soberanía al pueblo iraquí ni promover su bienestar, sino reforzar la ocupación militar y aliviar las angustias que produce en la economía estadounidense. En todo caso, es un dinero que irá a manos de empresas de EEUU, como todo el mundo sabe. Otra burla es incluir como donación lo que serán préstamos vulgares. De los 20.000 millones que EEUU pondrá para Irak, 10.000 millones van como préstamo que EEUU se da a sí mismo, ya que EEUU gobierna Irak y decide según su conveniencia. No hay autoridad nacional independiente que pueda determinar si esos préstamos forzosos, sacados del siglo XIX, interesan o no al país. Según Jeffrey Sachs, de Harvard, un Irak independiente y en paz no necesitaría préstamos. Normalizando la producción petrolera podría exportar en cinco años 30.000 millones de dólares anuales, suficientes para su reconstrucción. Es la guerra contra la ocupación extranjera lo que obliga al ocupante a endeudar al país sometido. La guerra es punto esencial en la agenda. EEUU está cada día más urgido de obtener tropas de terceros países, que reemplacen las suyas y alivien el goteo incesante de bajas. Las elecciones se aproximan y Bush debe, perentoriamente, mostrar éxitos en Irak, lo que resulta imposible cargando un centenar de bajas mensuales, entre muertos y heridos. Si logra que españoles, polacos o turcos pongan unos muertos sin valor electoral, mientras EEUU reparte entre los suyos el botín, Bush podrá proclamar que la victoria es completa. En una añagaza para darse legitimidad, EEUU arrancó a una arrodillada ONU la resolución 1.511, que es, seguramente, la mayor aberración jurídica jamás emanada del Consejo de Seguridad, al pretender conciliar, en un dislate infinito, soberanía y ocupación extranjera, libre determinación y colonialismo. Siguiendo con la añagaza, los agresores usan la infeliz resolución como reclamo propagandista para la reunión de donantes y la izan como bandera, afirmando sin pudor que la 1.511 les ha dado la razón y que eran otros los equivocados. Sólo les falta pregonar que fueron los iraquíes los culpables de la guerra, por resistir la invasión y combatir en defensa de su país. Si el mundo asumiera tal perversión de la justicia, los criminales juzgarían a las víctimas y los pájaros dispararían a las escopetas. De la resolución 1.511 destaca otro objetivo descarado. El afán porque se califique y encasille, fuera de toda duda, a la resistencia iraquí como movimiento terrorista. Sin entrar a preguntarse sobre los autores de ciertos atentados sospechosamente oportunos para el ocupante (como los sufridos por la sede de NNUU y la mezquita del Imán Alí, que nadie reivindicó), es incongruente con el corpus jurídico y la tradición de NNUU considerar terroristas a las fuerzas nacionales que luchan por su país contra un ejército de ocupación extranjero. Si esos parámetros se hubieran aplicado cuando la descolonización, todos los movimientos de liberación nacional habrían sido calificados de terroristas y perseguidos. Pero fue la propia ONU la que les dio legitimidad y reconocimiento. En el marco de la resolución 1.511, el Congreso Nacional Africano de Nelson Mandela -que hoy gobierna Sudáfrica- habría sido calificado de terrorista, al igual que la OLP, para alegría de Israel. Esta malhadada conferencia recuerda el caso de Alí Abbas, el niño de 12 años cuya casa fue destruida por un misil estadounidense, que mató a sus padres, a un hermano y a trece parientes más. Alí perdió los dos brazos. Fue llevado a Gran Bretaña, donde le pusieron, gratuitamente, brazos artificiales. Pero Alí no perdona. «Espero que el piloto que bombardeó nuestra casa se queme como yo me quemé y como se quemó mi familia", declaró a la prensa. Si alguien se preocupara de preguntar a los iraquíes lo que piensan de la caridad de los agresores, Alí podría ser su vocero. Atacan a un pueblo, matan a su gente, destruyen sus casas e infraestructuras, roban sus riquezas y luego quieren darle brazos artificiales esperando, además del perdón, su agradecimiento. Olvidan lo dicho por Benito Juárez, el indio zapoteca que dirigió la guerra de liberación de los mexicanos contra el invasor francés: el respeto al derecho ajeno es la paz. Esa paz fue rota en Irak y hay guerra. La reunión de donantes busca fondos para prolongar esa guerra, no para restablecer la paz. Y la paz sólo será posible desocupando Irak y devolviendo la soberanía a los iraquíes.
(1) Profesor de Derecho Internacional Público y Relaciones Internacionales en la
Universidad Autónoma de Madrid. |
|||