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La insignia
4 de octubre del 2003


A fuego lento

Políticas de ocupación y terrorismo suicida


__Especial__
EEUU en guerra
Mario Roberto Morales
Siglo Veintiuno. Guatemala, octubre del 2003.



Con el sugerente título de "Muriéndose por matarnos" (Dying to Kill Us), Robert A. Pape, un profesor de ciencia política de la Universidad de Chicago, publicó (The New York Times, 9-22-03) los resultados de una investigación que realizó durante un año acerca de los actos de terrorismo suicida entre 1980 y 2001, los cuales sumaron un total de 188, tomando en cuenta sólo los casos en los que por lo menos un terrorista se inmoló con el objetivo de matar a más personas.

Una de sus sorprendentes conclusiones es que existe poca conexión entre el terrorismo suicida y cualquier religión, incluyendo por supuesto el islamismo, y que la organización política que instiga mayormente este tipo de ataques es la de los Tigres de Tamil, de Sri Lanka (responsable de 75 de los 188 casos ocurridos en los 20 años investigados por Pape), un grupo marxista-leninista cuyos miembros pertenecen a familias hindúes pero que se oponen frontalmente a cualquier religión. Otra de sus conclusiones es que "lo que casi todas las campañas terroristas tienen en común es una específica meta secular: obligar a las democracias liberales [sic] a retirar sus fuerzas militares del territorio que los terroristas consideran su patria. La religión raras veces constituye una causa de raíz, aunque es a menudo usada como instrumento por las organizaciones terroristas con fines de reclutamiento y otros que contribuyan a su más amplio objetivo estratégico".

Las conclusiones de Pape se apoyan en tres patrones recurrentes: primero, que de los 188 casos estudiados, 179 forman parte de "campañas militares prolongadas y coherentes". Segundo, que los países agredidos han sido "democracias liberales" en el momento de los ataques: Estados Unidos, Francia, India, Israel, Rusia, Sri Lanka, Turquía. Y tercero, que "las campañas terroristas suicidas están siempre dirigidas hacia el mismo objetivo estratégico, tanto en Líbano como en Israel, Sri Lanka, Cachemira y Chechenia", el cual es que "los grupos terroristas buscan establecer o mantener la autodeterminación política obligando al poder democrático [sic] a retirarse de los territorios que reclaman. Incluso -sigue Pape- Al Quaeda encaja en este patrón, pues aunque Arabia Saudita no esté bajo ocupación estadounidense, el gran objetivo inicial de Osama ben Laden fue la expulsión de las tropas de Estados Unidos del Golfo Pérsico".

Pape indica que los ataques suicidas se incrementaron de 3 por año en 1980 a 10 por año en 1990 y luego a más de 25 en 2000 y 2001, mientras que el total mundial de atentados terroristas (no sólo suicidas) cayó a casi la mitad: hubo 666 en 1987 y 348 en 2001. Esto, afirma, se debe a que el ataque suicida es la forma más efectiva de terrorismo. Entre 1980 y 2001, los ataques suicidas alcanzaron sólo el 3 por ciento de todos los atentados terroristas pero causaron casi la mitad del total de muertes debidas a ellos.

Pape deduce que las políticas de ocupación, imposición de sistemas políticos y negociación de prebendas con quienes impulsan este tipo de terrorismo son contraproducentes porque con ellas se da pie a que aumenten los atentados suicidas, validando la efectividad y legitimidad de su lógica estratégica, como lo prueban los casos de la Cisjordania y de Chechenia. Y aconseja que Israel se retire de los territorios ocupados en la ribera occidental, que termine la muralla que está construyendo allí para protegerse de los ataques suicidas y que deje ese territorio a los palestinos. "Para los Estados Unidos -termina Pape-, especialmente en vista de su creciente ocupación del Golfo Pérsico, es crucial que en lo inmediato mejore los controles de fronteras y migración. En el mediano plazo, Washington debería abandonar sus visiones de imperio y permitir que Naciones Unidas tome el control sobre la institucionalidad política y económica de Irak. Y en el largo plazo, Estados Unidos debe buscar la independencia energética, reduciendo así su necesidad de mantener tropas en el Golfo Pérsico".

Está visto que la más modesta de las investigaciones de campo puede invalidar las más pomposas "teorías de campus" que, como la del "choque de civilizaciones" y la del "fin de la historia", buscan justificar en clave culturalista y formalista las políticas imperiales de expansión y ocupación.



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