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| 1 de octubre del 2003 |
Semanario Estrella Digital. España, octubre del 2003.
Conviene empezar reproduciendo tres fragmentos escuchados el pasado martes en Nueva York a sendas personalidades de la política internacional, que coincidieron en esa ciudad con motivo de la apertura del 58º periodo de sesiones de la Asamblea General de la ONU:
Kofi Annan: "Esta lógica [el uso de la fuerza preventiva] cuestiona de forma fundamental los principios sobre los que se han basado la paz y la seguridad internacionales en los últimos cincuenta años. De adoptarse, se produciría un creciente recurso a la fuerza de forma unilateral e ilegal, con o sin justificación". Jacques Chirac: "La guerra emprendida sin la autorización del Consejo de Seguridad ha quebrantado el sistema multilateral. Nadie puede otorgarse el derecho de recurrir a la fuerza de forma unilateral y preventiva". José María Aznar: "España hace operaciones preventivas para evitar operaciones terroristas, como las hacen todos los países que tengan dos dedos de frente y un poco de sentido común...". Las dos primeras citas se han pronunciado solemnemente ante la Asamblea General. La del presidente español lo ha sido en una rueda de prensa (lo que puede hacer más comprensible -pero no menos destemplado- el tono coloquial y desdeñoso). Es aconsejable una reflexión sobre la importante cuestión que en ellas se plantea. Un inciso: No resulta necesario mencionar la intervención de Bush ante la Asamblea General, porque nada nuevo ha añadido y en ella se ha limitado a insistir en la rectitud y acierto de sus decisiones. La coincidencia de ideas y la simpatía entre Bush y Aznar se han reflejado hasta en el deseo expresado por éste de que gane Bush las próximas elecciones -concitándose así, sin duda alguna, la enemistad del amplio espectro demócrata estadounidense- y en el intercambio de elogios que siguió al breve encuentro bilateral entre ambos presidentes. Quienquiera que desee extraer consecuencias de los tres párrafos citados, habrá de reconocer que la claridad de Annan y Chirac no es igualada por las manifestaciones de Aznar. La causa parece estar en que el presidente español juega con un concepto distinto al de los otros dos: habla de unas "operaciones preventivas", mientras que Annan y Chirac, como la mayoría de los analistas y comentaristas que vienen reflexionando sobre esta cuestión, tratan de la guerra preventiva, que es la que ha tenido lugar en Irak, la que se desencadenó sin la autorización del Consejo de Seguridad y por motivos falseados, la que ha dividido a la ONU, a Europa y al mundo, y la que todavía deja sentir sus efectos nefastos entre la población iraquí. Por su parte, las operaciones preventivas contra el terrorismo, aludidas tan imprecisamente por Aznar, deben ser las operaciones usuales, de carácter eminentemente policial, que tienden a impedir que los grupos terroristas alcancen sus objetivos y lleven a cabo sus sangrientas acciones. Desde este punto de vista son perfectamente asumibles y entran en la lógica de las fuerzas de seguridad de todos los Estados. Pero ninguna de tales operaciones implicaría, por ejemplo, volar con explosivos un domicilio donde simplemente se sospechase la presencia de un comando etarra o asesinar en secreto a un ciudadano del que se creyese que cooperaba con grupos terroristas, basándose todo ello en simples suposiciones no comprobadas. Hasta en la lucha policial antiterrorista hay unas normas legales cuya vulneración haría perder al Estado toda su legitimación para mantener el monopolio del recurso a la fuerza. Matar, asesinar y destruir por simples corazonadas (aunque quien las tenga se considere en posesión de la verdad y centrado en el eje del bien) es una inmoral canallada tanto para los individuos como para los Estados. La guerra preventiva de Bush no es lo mismo que las operaciones antiterroristas de Aznar. No es preciso encontrar pruebas; bastan las sospechas o la simple voluntad del jefe. No han aparecido en Irak las armas de destrucción masiva y hasta Bush ha tenido que reconocer que nada hay que implique a Sadam Husein en los atentados del 11-S. Se han falseado los informes de los servicios secretos en los que se basó la decisión para ir a la guerra. Y, sobre todo, se han atacado los principios esenciales de Naciones Unidas que, en palabras de Kofi Annan, han sido el fundamento de la lucha por "la paz y la seguridad internacionales en los últimos cincuenta años". Sobre este telón de fondo, suena a sarcasmo uno de los últimos párrafos de la alocución de Bush: "Nosotros mostramos nuestro compromiso [con Naciones Unidas] trabajando para satisfacer los fines de la ONU y dar sentido a sus ideales". ¡Qué pronto ha olvidado que, en los momentos más críticos por los que ha pasado esta organización, definió públicamente a la ONU como "un irrelevante club de debates"! El terrorismo hoy, como el comunismo ayer o como la herejía religiosa o la brujería anteayer, no deberían utilizarse como palabras mágicas a cuyo conjuro todo está permitido. Las leyes de los Estados y la legislación internacional que rige las relaciones entre aquéllos siguen siendo el sendero indispensable para que la humanidad avance hacia mayores cotas de civilización y no retorne a la barbarie. Aznar, siguiendo a Bush, está dando peligrosos pasos por este sórdido camino. (*) Alberto Piris general de Artillería en la Reserva del Ejército español y analista del CIP-FUHEM. |
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