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| 17 de octubre de 2003 |
¿Punta de lanza?
Virginia Giussani
Bolivia se desangra, se retuerce, llora, grita, da batalla. Bolivia dijo basta al ultraje, le puso freno al saqueo: gestos claros a la dignidad. Bolivia, solitaria en su pobreza inmerecida, se resiste a seguir siendo desguazada.
El maltrato de décadas, el abuso de siglos baja del monte, la sierra, la quebrada. El indio se une con el blanco en la ciudad, en cada pueblo para defender su futuro, ese que le robaron hace tanto tiempo. Bolivia está sola tratando de torcerle el brazo a la historia inexorable de los humillados. Arde Bolivia, y arde de furia, de hastío, de cansancio. Arde Bolivia en cada esquina, en cada casa, por cada muerto arde. Con palos, con piedras, con lágrimas, con gritos, arde. Ni una gota de gas justifica una sola gota de sangre. Al miserable local y al déspota de siempre la sangre no le importa, bailan sobre ella si acaso ésta les genera dividendos. Pero el indio manso, el indio sumiso, el indio ignorante se cansó de entregar tanta sangre por una gota de gas, una gota de estaño, una gota de mar. Se cansó y cuando el indio se cansa es de temer. Pero, ¿qué pasa con el resto de los pueblos libres? ¿Qué pasa con los presidentes democráticos de esta Latinoamérica de parto frente a este pueblo que sufre? ¿Hasta qué punto escucharán en silencio? ¿Ni un veto, ni una llamada, ni una advertencia para frenar esta masacre? Aquí no se trata de insurrección, se trata de soberanía: el pueblo soberano quiere expulsar a quien no los representa, a quien no le tiembla el pulso para asesinar a su gente y tampoco para entregar un patrimonio nacional. El estado de derecho se pierde cuando quien lo tiene que defender lo quiebra, y esa ruptura no la generó el pueblo soberano, sino el gobierno. No existe razón constitucional que avale una masacre. Bolivia se está transformando en punta de lanza; no sólo para el pueblo boliviano y su destino, también para el resto de Latinoamérica. El destino de ese pueblo está intrínsecamente ligado al destino de la región y si esta partida nuevamente la gana la ambición del imperio, la habremos perdido todos. Entonces ya será tarde para reclamar derechos. |
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