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La insignia
3 de octubre del 2003


Después de Cancún:
El nuevo escenario del ALCA


__Suplemento__
Cumbre de Cancún
Eduardo Gudynas
Globalización América Latina / D3E.
Uruguay, octubre del 2003.


El fracaso de la reunión de la Organización Mundial de Comercio (OMC) tiene fuertes implicancias en las negociaciones del Area de Libre Comercio de las Américas (ALCA). Ese convenio, que apunta a liberar el comercio en todo el hemisferio, enfrenta reuniones decisivas si se busca mantener la fecha de aprobación en el 2005.

Varias secciones de los borradores actuales del tratado que debería conformar el ALCA tenían menciones específicas a los acuerdos de la OMC. Se suponía que los acuerdos que deberían haberse logrado en Cancún serían una referencia para el ALCA, y en algunos casos constituirían la base para mantener la negociación. El fracaso de la OMC dejó sin esas referencias a las negociaciones del ALCA. Pero además, los eventos de Cancún dejaron a los países posicionados, donde se destaca el enfrentamiento entre Washington y Brasilia. Por lo tanto es necesaria una evaluación preliminar de la situación de América Latina después de Cancún.

Bilateralismo de Estados Unidos

Inmediatamente después del fracaso de Cancún, los Estados Unidos indicaron que seguirían el camino de acuerdos comerciales con países amigables por medio de convenios bilaterales. El representante comercial de ese país, Robert Zoelllick, sostuvo que se buscarán acuerdos con "los países que estén listos y dispuestos a aplicar reformas, no con los que 'viven con temor' y que descarrilaron las conversaciones mundiales de Comercio en Cancún". De esta manera Washington señalaba que no esperaría por consensos dentro de la OMC y proseguiría con la marcha unilateral de su política económica.

Esta postura unilateral de EE.UU. tendrá fuertes impactos en América Latina. Por un lado deja entrever que Washington no se esforzará mucho en mejorar a la OMC, y de esta manera las heridas en esa organización posiblemente se arrastrarán por largo tiempo. Por otro lado, refuerza la posición unilateralista de Washington en desmedro de espacios internacionales multilaterales. Finalmente, se convertirá en un factor de presiones diferenciadas y divisiones en América Latina.

De hecho se acaba de anunciar la suspensión de la reunión del comité de negociaciones agrícolas de la OMC que tendría lugar a inicios de octubre en Ginebra. La sede de la OMC se encuentra desierta, y no esta claro cómo continuarán las conversaciones.

Bajo este contexto, Washington se encuentra negociando 45 acuerdos comerciales bilaterales, la mayor parte de ellos con países pequeños; en esa lista no están naciones importantes de la región como Argentina o Brasil. Ha firmado un acuerdo con Chile, y se encuentra discutiendo convenios similares con las naciones centroamericanas (CAFTA por sus siglas en inglés), posiblemente inicie conversaciones con Colombia, y ha dado señales en ese sentido a Perú. Por lo tanto, pueden concretarse "pequeños ALCA" regionales, más o menos independientemente de lograr un acuerdo hemisférico.

El tiempo es un factor que juega en contra del ALCA. La fecha prevista en las negociaciones es llegar a un acuerdo en el 2005, y cualquier atraso en realidad significaría un aplazamiento por un tiempo mucho mayor. A medida que pasan las semanas, el gobierno de EE UU tiene menores márgenes para concesiones comerciales y se reforzarán sus posiciones proteccionistas. La proximidad de la campaña electoral del 2004 opera en ese sentido, donde el "lobby" de grupos claves se hará sentir con fuerza. Esa tendencia se reforzará si se mantiene la recesión económica.

Las encrucijadas latinoamericanas

Los problemas económicos también operan dentro de las naciones latinoamericanas, ya que muchas conciben el ALCA como la mejor salida para sus dificultades, sea por el aumento del comercio exportador como por medio del ingreso de nuevas inversiones. De hecho, ministros de países como Ecuador o Colombia, sostienen que el antídoto contra el fracaso de Cancún es mantener el avance del ALCA.

En esas negociaciones se repiten los fuertes problemas en negociar una liberalización del comercio agrícola. Sin embargo, en otras cuestiones los latinoamericanos ofrecen muchos menos trabas a las posiciones de EE.UU. que las ejercidas en Cancún frente a naciones africanas. Eso se observa con los llamados "temas de Singapur", donde los latinoamericanos han realizado casi todas las medidas imaginables de aperturas a inversiones, y apenas se mantienen distancias en cuestiones como las compras gubernamentales.

El fracaso de la OMC ha dejado sin sustento las pretendidas vinculaciones entre ese acuerdo global y las negociaciones del ALCA. Recordemos que Estados Unidos había vinculado ciertos temas hemisféricos a los avances en la OMC; por ejemplo, sostenía que sus concesiones en agricultura serían aquellas que otorgaría en la OMC, y no ofrecería nada más allá de ese límite. Esa posición era insuficiente para muchas naciones de América Latina, y como reacción Brasil insistió en hacer lo mismo con otros temas donde no deseaba abrir sus comercio, como es el caso de la compras gubernamentales. Al no existir un acuerdo global en la OMC se pierde el punto de referencia para el ALCA y esas cuestiones vuelven a negociarse específicamente en el hemisferio.

El fracaso de la OMC también afecta la idea de una negociación bajo "tres caminos" propuesta por Brasil (incluyendo una negociación del Mercosur con Estados Unidos, un Alca de menor alcance comercial, y acuerdos en la OMC). La proposición encontró resistencia de Washington y otros países del continente, pero además ha desaparecido ese "tercer camino".

Se suman a estas dificultades que en las negociaciones del ALCA se repite uno de los grandes temas de enfrentamiento dentro de la OMC: el comercio agrícola, donde las posiciones de Washington y Brasilia son muy distantes.

Por este tipo de razones se considera que el fracaso de Cancún atrasará el ALCA. Desde el propio gobierno de EE UU., el encargado de asuntos para América Latina, Roger Noriega, admitió un posible atraso y anunció un camino de acuerdos por grupos de países o bilaterales, indicando al CAFTA con Centroamérica, Panamá, República Dominicana, Perú y Colombia.

Incierta reacción latinoamericana

En este complicado escenario los países latinoamericanos están recomenzando las negociaciones del ALCA. Frente a ellas, surge como interrogante clave si se repetirá el alineamiento del "Grupo de los 20 plus" a nivel Latinoamericano enfrentando a Washington. Ese G20+ incluyó en Cancún a muchas naciones Latinoamericanas (con actores clave como México, Colombia, Argentina y Chile, bajo el liderazgo de Brasil), y por lo tanto queda planteada la pregunta si los miembros Latinoamericanos mantendrán la cohesión dentro de las negociaciones del ALCA. Si así fuera constituirían un contrapeso enorme a las posiciones de Estados Unidos. Pero la situación política y económica de la región dejan en duda que se repita ese agrupamiento, en especial por el interés de gobiernos como los de Centroamérica o Colombia por acordar con Washington.

La situación para el Brasil de Lula se torna paradojal. Su posición persiste en reclamar el fin del proteccionismo agrícola de Estados Unidos (y deberíamos agregara a Canadá), así como mantener ciertos márgenes de trato diferencial y autonomía. Para ganar peso en as negociaciones hemisféricas, la administración Lula ha seguido con la idea de ampliar el Mercosur sumando nuevos socios. Lo hace a nivel de un acuerdo de libre comercio pero no avanza en profundizar la integración logrando políticas comunes. Por lo tanto cada nuevo socio lleva adelante su propia estrategia comercial y exterior. Si se repasa la actual composición del Mercosur, se verá que Brasilia apenas puede contar con la Argentina de Néstor Kirchner como aliada, ya que los demás países no desean un enfrentamiento dentro del ALCA o decididamente la apoyan. En ese grupo se encuentran especialmente Bolivia, Chile, Perú y Uruguay. Además, Brasilia corre el riesgo de quedar prácticamente aislada dentro de las negociaciones.

Es posible que la evaluación de estas dificultades esté detrás de algunos análisis que tienen lugar en estos días en Brasilia. Por ejemplo, el ministro de Agricultura brasileño, Roberto Rodrigues, observó que el fracaso en Cancún "deja poco margen" para el ALCA, indicando que Brasil también debe realizar nuevos acuerdos bilaterales. Se cae así en otra particular paradoja: naciones como Brasil o EE.UU., tan distantes en varios temas, insinúan que apelarán a una estrategia similar -los acuerdos bilaterales. No es una posición nueva en América Latina ya que la viene ensayando Chile y México.

Por vías distintas, y respondiendo a situaciones diferentes, el proceso de integración regional en América Latina vive horas difíciles. Sus socios mantienen fuertes divergencias, y los antídotos que ensayan (como la ampliación del MERCOSUR) en realidad no aseguran soluciones sustantivas para sus males. Poco a poco van cayendo nuevamente en estrategias unilaterales, rápidamente aprovechadas por Washington, donde basta la promesa de un futuro acuerdo de libre comercio para que esa simple aspiración desencadene consecuencias políticas que debilitan todavía más al bloque sudamericano. El fracaso de la OMC en Cancún está acentuando estos problemas, aumentando los desafíos que implican las negociaciones actuales del ALCA. Deberemos observar si los países están a la altura de estas demandas.


(*) Eduardo Gudynas es analista de información en D3E (Desarrollo, Economía, Ecología y Equidad América Latina).



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