Colabora Portada Directorio Buscador Redacción Correo
La insignia
5 de noviembre del 2003


Irak, más Gallipoli que Normandía


__Especial__
EEUU en guerra
Manu Leguineche
CCS. España, noviembre del 2003.



En su biografía de Lawrence de Arabia, el escritor y poeta Robert Graves advierte sobre el peligro que representa el ataque contra una nación árabe. La derrota puede ser la continuación de la guerra por otros medios, la guerra subcutánea, la guerra de las sombras. A lo que ocurre en Irak unos lo llaman resistencia y otros puro terrorismo. El problema de Estados Unidos es que ganó la guerra con demasiada facilidad. Porque a partir de ahí creyó que todo sería un paseo militar, un camino de rosas. La guerra que no libró el Irak de Sadam Husein hasta el 1 de mayo apareció luego en forma primero de emboscadas, de ataques selectivos y luego de horror indiscriminado a gran escala.

Resulta difícil de creer que después del síndrome de Vietnam, los estrategas sigan en sus trece. ¿Donde están las previsiones de la CIA, la lectura que de la historia deben hacer los generales? En Vietnam pasó algo de eso: los arrogantes militares se negaron a aprender la lección de los franceses, derrotados hará cincuenta años en la decisiva batalla de Dien Bien Fu. No leyeron al sociólogo Paul Mus, a los periodistas Guillain o Lacouture, ni siquiera leyeron las memorias del general Navarre, derrotado en la ratonera de Dien Bien Fu, sobre la forma de ser y de actuar de los comunistas y los nacionalistas vietnamitas. Hasta el general De Castries reconoció que los nacional-comunistas vietnamitas combatían muy bien "por una mala causa". Los que no aprenden de los errores de la historia están condenados a repetirlos.

Para su intervención en Irak ni siquiera leyeron a Napoleón, que invadió Egipto para "levantar el velo islámico", derrotó a los mamelucos pero tuvo que salir de allí porque los egipcios no querían ser liberados.

Le llaman el 'Ramadán de sangre'. Es el mes sagrado del ayuno y la abstinencia, pero el Ramadán ha servido más para desatar guerras que para calmarlas, la de 1973 cuando el presidente egipcio Sadat cruzó por sorpresa el canal de Suez sirvió en Argelia como inicio del drama nacional o selló el comienzo entre Irak e Irán de una guerra de aniquilación que duró ocho años. A partir de ahí, lo cómodo es interpretar un cataclismo de esa especie, la muerte de tantos inocentes bajo bandera de la Cruz Roja, como un signo de desesperación.

El presidente Bush ya ha dado ese paso. Es lo mismo que dijo el presidente Johnson, "están desesperados", cuando la ofensiva del Tet, en Vietnam, en 1968, un duro golpe de los guerrilleros vietcong al corazón del poder norteamericano, la embajada de EEUU en Saigón. "Aquí se ha terminado todo", tuvo el valor de reconocer aquel animal televisivo que era Walter Cronkite, de la CBS.

George W. Bush se resiste a reconocer que Sadam Husein no tenía armas de destrucción masiva, más conocidas hoy como armas de desaparición masiva. Lyndon Johnson, que también era texano y egomaníaco, dijo que no sería el único presidente de EEUU en perder una guerra, dimitió y se fue a su rancho a escribir las memorias.

"Esto es más Gallipoli (derrota de los británicos y los aliados en su desembarco en Turquía durante la I Guerra Mundial, 36.000 muertos por una mala planificación) que Normandía", acaba de reconocer un estratega del Pentágono, de esos que prefieren el anonimato para no rebajar la moral de los combatientes. ¿Cómo puede explicarse una falta de previsión de esta naturaleza con unos servicios de inteligencia tan costosos como incapaces de prever o resolver el desastre? La postguerra de Irak ha desviado fondos en la lucha contra el terrorismo, mientras los talibanes reorganizan sus fuerzas en Afganistán y Bin Laden reconstruye su 'Base'.

Ya lo advirtieron los británicos, incluido Lawrence de Arabia, cuidado con la ocupación de Irak. Los Estados Unidos han preferido la unilateralidad de la acción que ha dividido a los aliados y debilitado a las Naciones Unidas e irritado sobremanera a los árabes. Los radicales han convertido la antigua Mesopotamia en el campo de enfrentamiento al estilo que lo fue Afganistán.

De vez en cuando montan algo: Conferencia de Donantes en Madrid, recurso tardío a la ONU, para hacerse ilusiones. Mientras no resuelvan lo esencial, el presente y el futuro de Irak, autogobierno y Estado de derecho no harán sino arar en el mar. Nadie admite el costo de una guerra de guerrillas, que evapora presupuestos sin garantías de éxito. Se calcula que son necesarios diez soldados regulares por cada guerrillero. Bush insiste, ante un público cada vez más escéptico, que son necesarios nuevos sacrificios.

Al contrario de lo que hizo Lyndon Johnson, pedir la paz, el presidente Bush se niega a reconocer el error, a pedir perdón y anunciar una retirada incondicional. Sería como aceptar la equivocación de su Imperio.



Portada | Iberoamérica | Internacional | Derechos Humanos | Cultura | Ecología | Economía | Sociedad Ciencia y tecnología | Diálogos | Especiales | Álbum | Cartas | Directorio | Redacción | Proyecto