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| 3 de noviembre del 2003 |
La República. Perú, octubre del 2003.
Contra viento y marea, Bush y sus halcones siguen adelante con sus planes para convertir a Irak en una neocolonia, un protectorado, funcional a los requerimientos de Washington: es decir, un país invadido que se presenta como si fuera soberano, "democráticamente" gobernado por una élite nativa sumisa y nombrada por los invasores, con un mercado cautivo para las inversiones y productos norteamericanos, que compre caro y venda barato, que no haga valer sus derechos ante el capitalista foráneo, ni ponga trabas a la expoliación de sus riquezas naturales; que se alinee obedientemente detrás de Estados Unidos en la arena internacional.
El terrible costo humano y económico de la invasión a Irak -impuesta haciendo tabla rasa del derecho internacional, y sin aprobación de la ONU- indigna y es absolutamente inaceptable. Se hizo bajo el pretexto de una "acción preventiva" (tipo Hitler) ante una falsa amenaza a los Estados Unidos por el supuesto desarrollo de armas de destrucción masiva, que hasta ahora no aparecen, y claro, liberar al pueblo iraquí de la dictadura de Hussein, e imponerles un régimen títere. Tras más de una década de bloqueo económico, esta invasión "liberadora" ha terminado de arruinar a Irak, arrasando su infraestructura e industrias, expoliando su petróleo y trayendo aun más miseria a los habitantes. Actualmente más del 50% de la población económicamente activa está desempleada. Millones de familias iraquíes sobreviven gracias a donaciones de alimentos. Sólo 10% de los iraquíes tienen desagües y 50% de la población no accede al agua potable. Hay un millón y medio de familias sin vivienda. Es el resultado de la política de "Guerra Preventiva", que otorga a Estados Unidos el derecho a atacar a quien quiera, cuando quiera, donde quiera. El costo de la reconstrucción de Irak se estima en 75 mil millones de dólares para los próximos 3 años. Pero Washington no quiere asumir el costo de sus guerras y pretende que el resto del mundo pague por la reconstrucción, subsidiando de facto la ocupación norteamericana. Ello no significa que Washington se refrene cuando se trate de asegurar su dominación económica sobre Irak. Bajo el pretexto de la reconstrucción y la ayuda humanitaria se pretende justificar la ocupación y el saqueo de las riquezas iraquíes. El Congreso de EEUU ha anunciado que de los 20 mil millones de dólares que destinarán a Irak, sólo la mitad serán donaciones -que obligatoriamente deben gastarse en bienes y servicios estadounidenses- y el resto serán préstamos. Es decir, para reconstruir su país los iraquíes tendrán que endeudarse con la misma potencia que los invadió. El mundo al revés. El Virrey estadounidense, Paul Bremmer, ha anunciado planes para convertir a Iraq en el país más liberalizado del mundo. Los extranjeros podrán poseer hasta 100% de la propiedad en todos los sectores económicos, exceptuando el petróleo (que ya está controlado por los norteamericanos) y podrán repatriar inmediata y completamente todos sus beneficios sin necesidad de pasar por el control de la banca iraquí. El que estos planes no hayan sido ni discutidos ni aprobados por la población es algo que no le quita el sueño a Mister Bremmer, como tampoco el que la empresa Haliburton, vinculada al vicepresidente norteamericano Cheney, sea una de las más beneficiadas en la "reconstrucción". No hay aún un gobierno legítimo y soberano en Irak, pero el reparto del botín ya empezó. Aún no se sabe cómo ni cuándo habrá elecciones libres, pero ya las potencias ocupantes hablan de créditos y oportunidades de negocios para las multinacionales. Todavía no se garantizan servicios básicos a la población, pero ya Christian Aid denuncia que 4.000 millones de dólares de los fondos obtenidos por la venta de petróleo iraquí han desaparecido sin que las autoridades estadounidenses den cuenta de ellos. ¿Qué les parece el modelo del mundo unipolar? |
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