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La insignia
2 de noviembre del 2003


Conferencia de donantes, saqueo de ocupantes


__Especial__
EEUU en guerra
Jacobo Quintanilla
Agencia de Información Solidaria (AIS).
España, noviembre del 2003.



Bajo este lema varios miles de personas se manifestaban la semana pasada en Madrid y Barcelona contra el evento. "Una pantomima", según diferentes ONG como Médicos Sin Fronteras o Intermón Oxfam, invitadas a la cumbre, y que desde un primer momento declinaron la oferta al considerar que el único interés de la conferencia era político y que no existía un interés real por la población iraquí.

Dos días de reuniones en Madrid para constatar unos hechos que se sabían muchos meses antes de que comenzara la invasión de Irak: EE.UU. no puede financiar por sí solo la insostenible factura de su neocolonialismo y necesita multilateralizar la pacificación atrayendo a nuevos países con la promesa de importantes beneficios.

El Banco Mundial (BM) ha estimado en 55.000 millones de dólares la factura para la reconstrucción de Irak en los próximos cuatro años, de los que 33.000 millones se han conseguido en esta Conferencia de Donantes salvada a última hora por las aportaciones de Japón, Arabia Saudí y Kuwait, aunque algunos expertos (como el Nobel de Economía, Joseph Stiglitz) aboguen primeramente por que esta aportación vaya acompañada de una condonación de la deuda externa de Irak, cifrada en más de 120.000 millones de dólares.

Pero una de las principales conclusiones de la Conferencia de Donantes de Madrid es que las futuras inversiones de los países estarán muy determinadas por las condiciones de seguridad del país. "Sé que muchos de vosotros estáis preocupados por la inseguridad -advertía el secretario del Tesoro de Estados Unidos, John W. Snow, en una cumbre paralela ante importantes dirigentes de multinacionales-, y no voy a relativizar el riesgo, el riesgo físico existe, pero también las oportunidades de negocio". "Oportunidades de negocio" en un país devastado por un embargo infrahumano (más del 60% de la población vive de programas de racionamiento desde hace 10 años), y más de tres décadas en pie de guerra, que necesita de todo porque el expolio al que ha sido sometido le ha sumido en la nada.

Y ante ese apetecible panorama se abre la veda. "La tarta de Irak es muy grande y hay posibilidades para todos", destacaba un importante empresario español. Porque lo que de verdad ha influido en las aportaciones finales es el posible beneficio que puede suponer acercarse a la administración Bush, y el más que previsible rédito económico que un país con un potencial como Irak puede deparar a cada empresa inversora en un futuro no muy lejano. "No estamos mendigando dinero. Nuestro país tiene un ilimitado número de posibilidades. Lo que necesitamos es liquidez", declaraba Muafak al Rubaye, portavoz del Consejo de Gobierno iraquí.

EE.UU. ya había anunciado antes de la Conferencia de Madrid que los 20.300 millones de dólares que va a aportar quedarán al margen del Fondo Multilateral aprobado en la Conferencia y que administrará, a través del BM y la ONU, lo recaudado para la reconstrucción de Irak, evitando de esta forma que su dinero deje de revertir, vía contratos, en empresas de su país.

Y es por esta misma razón por la que este fondo nace tocado de muerte. Los intereses de los gobiernos, empresas y multinacionales pueden haber certificado el fracaso de ese fondo, mientras que cada país, a imagen y semejanza de EE.UU., pretenda que sus inversiones de manera bilateral con Irak recaigan sobre empresas de su propio país, demostrando una vez más que la lógica neoliberal vuelve a chocar con la supuesta vertiente solidaria de este tipo de reuniones.

Además, la ONG Christian Aid ha acusado al Gobierno provisional de Irak, controlado por EE.UU., de no dar cuenta de 4.000 de los 5.000 millones de dólares con que cuenta el Fondo de Desarrollo iraquí, demostrando que la falta de transparencia es, y será, uno de los principales males que padecerá el sistema instaurado en Irak. El propio Kofi Annan reconoció en el discurso inaugural que el alto grado de inseguridad del país podría dar al traste con los objetivos de la cumbre. Pero Annan advertía de un hecho aún más importante: no debe ayudarse a Irak a costa del Tercer Mundo. "No se deberían tomar recursos destinados a otras situaciones de emergencia graves y desviarlos a Irak -recordaba el secretario general de la ONU. Hay todo un mundo de sufrimiento. Sin embargo, si existe voluntad, también existen los recursos para responder a todas estas crisis".

Lo que sí existe por parte de muchos países es ganas de hacer negocio. Y bajo la máxima de que el que más invierta más favores obtendrá del futuro gobierno irakí -"Los países que ayuden a Irak ahora recibirán un trato distinto de los que vengan más adelante", advertían los representantes del Consejo de Gobierno iraquí-, los inversores escrutan un panorama necesitado de inversiones pero cuya situación coyuntural sólo permite albergar relativas esperanzas económicas a corto plazo.

Tras los recientes atentados contra la Cruz Roja en Bagdad, que costaron la vida a más de cincuenta personas, el Secretario de Estado de EE.UU., Colin Powell, volvía a salir a la palestra para pedir a las agencias internacionales y a las ONG que permanezcan en Irak a pesar de los últimos actos terroristas en la capital iraquí. "El abandono de los organismos internacionales supondría una victoria de los terroristas", decía Powell. Pero lo que supondría sin lugar a dudas es que EE.UU. debería hacerse cargo de la interminable factura que supone la reconstrucción de Irak. "Nos preocupa y esperamos que los contratistas, las ONG, Cruz Roja y la ONU hagan una evaluación de su situación de seguridad y esperamos que consideren apropiado quedarse. Son necesarios", dijo Powell a los periodistas. Desde luego que son necesarios, porque si no, ¿quién va a pagar los 55.000 millones de dólares que el BM estima que hacen falta para reconstruir Irak?



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