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| 2 de noviembre del 2003 |
Agencia de Información Solidaria (AIS). España, noviembre del 2003.
La Conferencia de Donantes recién celebrada en Madrid no sólo pretendía impulsar la reconstrucción de Irak, algo meritorio incluso en un escenario tan preocupante como el que allí se ha montado, sino que buscó legitimar por la vía de los hechos las acciones militares que acarrearon la destrucción de ese país bajo la excusa de que albergaba armas demasiado letales, aunque nunca se hallaran.
Estados Unidos, sencillamente, no puede seguir asumiendo, sin un extraordinario coste adicional, los desafíos económicos que generó la ofensiva guerrera contra el régimen de Sadam Husein, decidida al margen del Consejo de Seguridad de la ONU y contrariando a una mayoría internacional. Y de ahí que intente ahora comprometer al grueso del vecindario en la resurrección de Irak, cuya posguerra se está perfilando mucho más complicada de lo que los grandes estrategas del Pentágono llegaron a sospechar. Probablemente lo consiga, ya que apenas quedan unos cuantos vestigios de esa firme oposición que levantó en su día la represalia estadounidense. Francia, Rusia y Alemania siguen cuestionando el proceso iraquí y observan con recelo la resistencia que ofrece Estados Unidos a la hora de devolver la soberanía a los que fueron ocupados militar y políticamente. Pero ya no ejercen de contestatarios. Y si bien París y Moscú se niegan por el momento a cooperar con sus dineros en una causa que no es la suya, Berlín acaba de anunciar un aporte a la reconstrucción que supera los 200 millones de dólares. Todo un gesto cargado de distensión, aunque se trate de una cifra insignificante si la comparamos con los 20 mil millones de dólares que la superpotencia se dispone a desembolsar para atender, entre otras urgencias menos altruistas, las necesidades más apremiantes de la población iraquí, que son muchas. Por supuesto, ya se encargarán las trasnacionales estadounidenses que pululan por aquellos pagos de amortizar con creces esta inversión de su gobierno que apenas representa la tercera parte de lo que Irak necesita para reponerse de los estragos de la guerra. Según el Banco Mundial, ese país está falto de unos 56 mil millones de dólares. Si restamos a esta cantidad los 20 mil millones de dólares que aportará Estados Unidos, obtendremos la cifra que deberá ser asumida por la comunidad internacional en su conjunto. En la medida en que George W. Bush consiga involucrar al colectivo planetario en la reconstrucción de Irak, podrá también liberar las energías que tanto requiere para encarar con éxito su reelección presidencial del año que viene y reflotar una economía que anda cabeceando sin dar señales de recuperación. No es gratuito que Collin Powell, Secretario de Estado, se desplazara hasta Madrid al frente de una imponente delegación que incluía también al secretario del Tesoro, John Snow. La presencia de Powell en la Conferencia de Donantes, a pesar de que la mayoría de los países enviaron a representantes de segundo nivel, muestra hasta qué punto el gobierno de Estados Unidos está interesado en la creación de un fondo mancomunado, asistencial, que le permita recomponer sus finanzas, levantar el pie del acelerador y recuperar su velocidad de crucero para volcarse en los asuntos domésticos que más le afligen. El capital recolectado en Madrid servirá también para que Washington revise a la baja sus cuentas y saque de ahí los fondos necesarios para reforzar la seguridad de su milicia en tierras iraquíes, habida cuenta de que el goteo de bajas mortales entre sus filas está desbaratando ya el discurso triunfalista que la Casa Blanca se empeñó en difundir antes, durante y después de la guerra. El pasado viernes, y por arte de birlibirloque, se fraguó el chanchullo. Estados Unidos trasladó a la comunidad internacional no sólo buena parte de la deuda económica que adquirió en solitario, sino también las graves responsabilidades morales que contrajo cuando invadió un país previamente criminalizado. Y todo ello con la bendición de Kofi Annan, Secretario General de esa institución tan pomposa como desdibujada que se llama Naciones Unidas. |
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