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La insignia
26 de noviembre del 2003


Al ALCA, hasta por la alcantarilla


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ALCA
Alberto Acosta
Diario Hoy. Ecuador, 26 de noviembre.


Cumplida la reunión de ministros en Miami, por más que se diga lo contrario, el ALCA avanza. Más allá de las interpretaciones posibles sobre la cita ministerial, queda claro que la propuesta estadounidense de "libre" comercio se mantiene. Hay un replanteo de los ritmos y quizás una consolidación de otras vías por demás conocidas, pero el rumbo no cambia.

Con la convergencia de Brasil y también de EEUU hacia una posición más flexible, que permitiría excluir algunos temas sensibles para ellos a otros ámbitos de negociación, parece archivado el esquema primigenio para cristalizar el ALCA. EEUU no pudo introducir su agenda completa como "consenso" general, es cierto, pero tampoco América Latina logró estructurar una propuesta propia que frene la voracidad globalfenicia de Washington. La defección del gobierno de Lula, que aproximó en solitario sus posiciones a las de la gran potencia del norte, debilitó las posibilidades del sur y por cierto las de su propio país, pues al desaparecer la opción de construir un bloque que contrapese el poder de los EEUU, los riesgos para la América latina y caribeña serán cada vez mayores.

El ALCA, hay que tenerlo presente, no equivale a una integración económica, social, política y cultural, como la Unión Europea. El ALCA, en su versión integral, pretendió ser el mayor esfuerzo multilateral jamás antes ejecutado, con el que se quería imponer en un solo impulso, con plazos perentorios y sin discusiones democráticas, una "Constitución económica", que define y fija un orden neoliberal en el hemisferio, que socava la soberanía de los países miembros, reduce el papel socioeconómico del Estado y otorga más privilegios a las transnacionales. El ALCA light -en ciernes- no cambia ese objetivo, sólo afecta su tiempo de cristalización. En cualquiera de las versiones del ALCA, el comercio redefinido se impone. Así, conjuntamente con la apertura comercial se incorpora el tema de servicios públicos, compras gubernamentales, propiedad intelectual y en especial inversiones extranjeras, a las que se otorgan derechos supranacionales y trato nacional. En definitiva, el Washington Consensus (WC) se mantiene como la gran meta y la gran regla.

Es verdad que la versión ligera del ALCA constituye una puerta menos ancha y ceremoniosa que la planteada por el ALCA inicial, pero sigue siendo una vía de acceso al edificio del "libre" comercio de los EEUU. Aún en el caso de que esta segunda posibilidad no prospere o si es necesario apuntalarla, hay otras formas, incluso conocidas, que podrían combinarse para entrar. Por alguna puerta trasera, a través de tratados bilaterales de comercio con Washington, en los que se aplicarán diferentes dosis de zanahoria y garrote para que ande el burro librecambista en cada país, dependiendo del grado de sumisión. También por la ventana, firmando convenios con terceros países, que a su vez estén ya inmersos en la lógica del ALCA, sea que tengan un acuerdo bilateral con los EEUU o que formen parte del TLCAN, como son México o Canadá. Por el patio del vecino, utilizando la OMC para algunos temas más conflictivos. E incluso por la alcantarilla de las Cartas de Intención con el FMI se desembocará en el WC, que es a donde nos conduce el ALCA.



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