| Portada | Directorio | Buscador | Álbum | Redacción | Correo |
|
|
|
| 24 de noviembre del 2003 |
Expresiones ciudadanas, controles policíacos
Integración Sur / D3E. Miami (EEUU), noviembre del 2003.
El encuentro ministerial del ALCA en Miami mostró como hechos notables una importante presencia de la sociedad civil, y un imponente aparato policíaco. Una vez más, una cumbre negociadora se tiene que esconder detrás de vallas de metal y hombres armados. La creciente resistencia a los acuerdos de libre comercio, incluso dentro de los Estados Unidos, fue evidente en las expresiones de diferentes organizaciones sociales, pero en especial en la marcha convocada por la central sindical de ese país, el jueves 20 de noviembre. La presencia de delegados de organizaciones sociales de América Latina fue limitada, en especial por las trabas que impone el visado a los EE.UU. El dispositivo de seguridad montado en Miami demuestra que estos gobiernos tienen en claro que no cuentan con apoyo popular para promover estos convenios. La mayor parte de las organizaciones ciudadanas participan de un gran foro, donde la columna vertebral fueron las actividades de la Alianza Social Continental. Allí estaban presentes desde organizaciones de derechos humanos a los grandes sindicatos del continente. Sus eventos se realizaron por fuera del riguroso perímetro de seguridad montado por la policía, y enfatizaron el cuestionamiento político. Un evento en menor escala fue el Foro de las Américas sobre Comercio y Desarrollo Sostenible, que tuvo el visto bueno de Washington, y mantuvo una serie de talleres donde sobre todo prevaleció un enfoque técnico. En el ámbito del primer encuentro, se reclamó suspender este tipo de negociaciones. Pero incluso en el segundo foro, también se lanzaron duras críticas a la propuesta del ALCA.
Esta claro que el ALCA no cuenta con respaldo popular. Pero eso no puede usarse como excusa para explicar el impresionante marco de seguridad, con miles de policías apostados en toda la ciudad, y un amplio perímetro de controles que rodeaba la sede de las negociaciones gubernamentales. El miedo y la aprehensión se convirtieron en la expresión más clara del encuentro gubernamentales. No sólo por los controles de seguridad, sino por la insistencia en expresar ese miedo y transmitirlo al resto de los vecinos de Miami. Buena parte de los negocios estaban cerrados, y las televisoras locales no cesaban de anunciar la inminencia de disturbios por lo que ellos calificaban como "anarquistas". Más de un comerciante nos transmitió su miedo ante esos "anarquistas que ya habían tomado Seattle y Cancún, y ahora apuntaban hacia Miami". Ninguna de esas posiciones resistía el menor análisis. De diversas maneras se construyó el temor. Los reportes en Miami hablan de un gasto de más de 16 millones de dólares en seguridad. Se podía observar la presencia de policías comunes, tropas de choque, los conocidos SWAT, patrullas de caminos, policías de otros condados vecinos, y hasta el guardacostas; en total 40 agencias de seguridad estuvieron involucradas. En la manifestación convocada por los sindicatos se reunieron más de 10 mil personas, las que en una soleada tarde tomaron las avenidas sobre la costa del centro de Miami, muy cerca de los hoteles donde se encontraban los delegados gubernamentales. La mayor parte de ellos desfilaban con carteles, algunos disfrazados, otros con representaciones teatrales. Toda la marcha era propia de la cultura de Estados Unidos, con expresiones casi tímidas y bajo un gran orden.
A pesar de eso todo el encuentro estuvo rodeado de un dispositivo de seguridad desmesurado, seguramente esperando a los supuestos "anarquistas". La policía se comportaba correctamente pero entorpeció la llegada de la gente a la marcha, en especial por el bloqueo seleccionado de vías de acceso. Muchos sindicalistas que habían llegado en caravanas de autobuses a Miami desde otras ciudades no pudieron llegar al centro del encuentro. Esos policías estaban vestidos y equipados como para enfrentar un alzamiento de envergadura; a su lado se encontraban tropas a caballo, un poco más lejos pequeños carros blindados, y en los cielos varios helicópteros. No faltó un jefe de policía local que paseaba en bicicleta haciendo aparatosas intervenciones siempre que estuviera una cámara de televisión cerca. Finalmente tuvieron lugar algunas refriegas con unos pequeños grupos de manifestantes. La policía local reportó que arrestó unas 200 personas. Las organizaciones ciudadanas de Estados Unidos cuestionaron los que calificaron como "arrestos innecesarios"; incluso uno de los voceros de la AFL-CIO, sostuvo que existió un uso excesivo de la fuerza.
En todos los casos se repetía un acto ritualizado: algunos jóvenes tiraban pintura o algo similar a un par de policías, o prendían fuego unas cajas de cartón, comenzaban a llegar la prensa, en especial las cámaras de televisión, se tomaban las tomas de rigor, y luego de cumplido el ritual mediático, la policía avanzaba un poco, apagaba la fogata de turno o arrestaba algún manifestante, y todo volvía a la cama. Minutos más tarde el ritual se repetía en algún otro sitio. Por la noche las imágenes de esos forcejeos y de las llamas, editadas en primer plano, coparon todos los informativos centrales. La escenificación de la violencia y la represión se daba la mano con los medios televisivos convencionales. Uno se alimentaba del otro. Para los televidentes en un segundo plano quedaron las miles de personas que, en calma y corrección, reclamaron otra integración en las Américas. En realidad, esas expresiones ciudadanas, fueron las que estuvieron en el centro de todos los escenarios. (*) Gerardo Evia y Eduardo Gudynas son analistas de información en D3E (Desarrollo, Economía, Ecología y Equidad América Latina). |
|||||||