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La insignia
21 de noviembre del 2003


ALCA: Cumbre de Miami

Las iglesias frente al ALCA


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ALCA
Nelson Villarreal
Integración Sur / D3E. Miami (EEUU), noviembre del 2003.


En toda América Latina y el Caribe se suceden declaraciones y pronunciamientos frente al Area de Libre Comercio de las Américas (ALCA). Entre ellas, las organizaciones religiosas no han estado ausentes, y unas tras otra se han expresado frente a ese proyecto alertando sobre sus impactos negativos.

Las Iglesias cristianas en sus distintas denominaciones, sus Pastores, congregaciones religiosas y centros laicos conocen la realidad y la lucha de nuestros pueblos por una mayor dignidad y muestran una toma de postura crítica a la propuesta del ALCA. Posiblemente el caso más conocido se debió a la activa participación de la Conferencia Episcopal de Brasil apoyando el plebiscito sobre el ALCA. Bajo esa iniciativa, en el 2002, votaron más de 10 millones de brasileños, de los cuales más del 98% reclamaron que su gobierno no debería firmar el tratado del ALCA.

Mas recientemente, los jesuitas analizaron el problema de la integración continental en un seminario (Quito, octubre 2003), donde criticaron duramente la propuesta del ALCA, señalando por ejemplo que la negociación no ha sido transparente, que trata como iguales a naciones que son muy desiguales, y que olvida aspectos críticos para el desarrollo, como las dimensiones laborales o ambientales. Esa comisión avanzó en algunos elementos claves sobre otro proceso de integración que parte, entre otros puntos, de una humanización de la economía y una redefinición de la globalización. En ese sentido, el documento promovido por esa comisión de la Compañía de Jesús, claramente apunta a un trato "preferencial a los "débiles" en las relaciones sociales de manera que el resultado final sea equilibrar los actores sociales hoy tan desigualmente ubicados". A su juicio "los débiles son los más pobres", y es precisamente sus condiciones de vida los que deben otorgar los criterios para evaluar los mecanismos de solidaridad.

La presencia de las iglesias se ha repetido en estos días en Miami, donde el arzobispo de esa ciudad, John Favarola apoyó la marcha que se realizó el martes 18 de noviembre. Ante la prensa local sostuvo que "los derechos de los trabajadores tienen que ser protegidos". En el mismo sentido se han sumado diversas congregaciones religiosas e iglesias, en todos los casos invocando las exigencias de una justicia social.


Integración y solidaridad

Como aporte a este movimiento, Claes D3E han promovido una declaración ecuménica frente al ALCA. El documento, "Integración y solidaridad entre los pueblos de las Américas", cuenta actualmente con el apoyo de destacados líderes religiosos de todo el continente y más de una veintena de organizaciones de diverso tipo vinculadas a los compromisos cristianos. Esta iniciativa se basa en los pronunciamientos y declaraciones de distintas iglesias, comunidades religiosas y centros laicos.

En la declaración ecuménica existe coincidencia en que el ALCA no traerá los beneficios integrales que se promete a nuestros pueblos. Bajo la perspectiva de ese acuerdo la convivencia humana se ve reducida a simples mercancías de intercambio de bienes y se desconoce la complejidad de los procesos de integración. Por el contrario, los acuerdos de "libre" comercio de ese tipo tienen por efecto impedir la integración y terminan provocando anexión y sumisión. Por lo tanto en la declaración se reclama una postura que afirme la justicia social y ambiental, y que permita el crecimiento de los pueblos.

La propuesta del ALCA actual es análoga al acuerdo de libre comercio de América del Norte, generando un proceso que, como lo plantean los Obispos Católicos de Canadá, hace más ricos a los ricos a costa de hacer a los pobres más pobres y más incapaces de competir y de comerciar. Se produce más desigualdad entre y dentro de los países y una mayor concentración de la riqueza.

Ademas, la propuesta del ALCA está inmersa en una profunda asimetría que afecta la soberanía de nuestros pueblos, consolida una lógica de libre comercio a favor del más poderoso, y por lo tanto nos alejamos de la necesidad de la justicia y la convivencia recíproca. La visión ecuménica no rechaza el libre comercio como un problema en sí mismo, sino que cuestiona el ALCA como acuerdo comercial que excluye la dignidad humana.

La declaración ecuménica que promueve Claes y D3E cuenta con el apoyo de varios centros de origen ecuménico de toda América Latina y el Caribe como el Centro de Evangelización de Brasil (CECA), el Departamento Ecuménico de Investigaciones (Costa Rica), CREAS, el CMMLK. También se han sumado instituciones de compromiso social, ambiental y evangélico como Amerindia, Koinonía, y la Multiversidad Franciscana de América Latina. Se destaca el apoyo de todas las congregaciones religiosas católicas a través de la CLAR (Confederación Latinoamericana de Religosos). También se han sumado obispos católicos de referencia en la región como Pedro Casaldaliga y Luiz Demetrio de Brasil, el obispo emérito de Chiapas, Samuel Ruiz, y Julio Bonino y Marcelo Mendiharat de Uruguay. La lista completa de las ediciones y el texto de la declaración están disponibles en Integración Sur.


Integración alternativa

La declaración ecuménica avanza más allá de su fuerte crítica a postular la importancia de generar otro proceso alternativo de integración regional. Esa nueva relación entre las naciones debe estar basada en condiciones de justicia y autonomía para una libertad real de las personas y los pueblos. Ese proceso debe asumir la diversidad y diferencias en una perspectiva de igualdad que permita un desarrollo sustentable. El comercio es posible, en tanto sea un comercio con justicia, enfocado en promover un desarrollo que sea sostenible, permita erradicar la pobreza, elevar la justicia social y proteger el ambiente.

En ese terreno, "Integración y solidaridad entre los pueblos de las Américas" afirma que la máxima de "amar al prójimo como a tí mismo" debe privilegiar al más débil y proteger la diversidad, lo que hace que el comercio y la economía sean parte de la política, la cultura y el ambiente y no pueden desvincularse uno de otro. El compromiso con la vida debe primar sobre los intereses mercantiles.

El compromiso de las comunidades cristianas que no es posible "globalizar la vida plena" sin "globalizar la solidaridad" implica que el comercio debe ser verdaderamente «libre», es decir, un comercio humano donde todos puedan participar y ningún pueblo y nación imponga su propuesta a los demás.

En esta tarea existen muchas acciones posibles, y la presente declaración ecuménica es una contribución para enfrentar la propuesta del ALCA, que por su envergadura, requiere una reacción desde todos los sectores de la sociedad.


(*) Nelson Villarreal ha coordinado la iniciativa ecumenica frente al ALCA de Claes y D3E (Desarrollo, Economía, Ecología y Equidad América Latina).



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