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La insignia
19 de noviembre del 2003


ALCA: Cumbre de Miami

ALCA, billetes y biodiversidad


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ALCA
Gerardo Evia
Integración Sur / D3E. Miami (EEUU), noviembre del 2003.


Parece que los dos grandes jugadores en las negociaciones del ALCA están dispuestos a flexibilizar sus posiciones para avanzar hacia el acuerdo. Esto daría lugar a lo que se conoce como un ALCA "light", aprobándose un acuerdo marco general pero abriendo las puertas a los que deseen avanzar más allá. Este giro sorpresivo fue anunciado por el canciller brasileño Celso Amorín luego de una mini reunión mantenida en Virginia (EEUU) con la presencia de varios cancilleres.

Las principales diferencias que separaban a ambos líderes hemisféricos radicaban por un lado en la negativa de EEUU de negociar dentro del ALCA el tema de las ayudas internas (subsidios) a sus productores agropecuarios. El giro de la posición brasileña en esta cuestión es aparentemente sorprendente por cuanto ese país sostenía que desmantelar esos subsidios eran una condición indispensable para avanzar en el ALCA. Hasta no hace mucho, desde el ministro Celso Amorín hacia abajo en la chancillería, se ratificaba esta postura en todas las reuniones sobre temas de comercio o agricultura. Sin embargo parece que esto no era tan importante o al menos no era lo más importante. A medida que los plazos se acotan las posiciones se van sincerando y quedan en evidencia las verdaderas prioridades.

De esto se desprende entonces que para Brasil (y aparentemente también para Argentina, dado que apoya esa posición), el sector agrícola es menos importante que los otros sectores amenazados. ¿Acaso estos gobiernos han decidido abandonar a sus sectores agropecuarios frente a sus competidores estadounidenses que cuentan con el apoyo, vía susidios, de la tesorería de EEUU? Esto parece un contrasentido si se tiene en cuenta lo que representa la agricultura para las exportaciones de los mencionados países, pero tiene su explicación y vinculación con los problemas ambientales que vive el continente.

El principal rubro agropecuario de exportación del bloque MERCOSUR es sin duda la soja y sus derivados. Entre 1995 y 2000 se aumentó el área del cultivo en aproximadamente 6 millones de has a pesar de una caída de los precios en ese período. Particularmente Brasil incrementó su producción en un 57% en los últimos 5 años. Esto tiene su explicación por la competitividad del complejo sojero del cono sur y particularmente del Brasil.

Brasil no sólo es un gran productor sino que puede serlo todavía más. En un trabajo presentado en el congreso argentino de economia agraria (2002) B. Ostrowsky y C. Deblitz realizan un análisis de competitividad de la producción de oleaginosas entre productores de EEUU, Argentina y Brasil. Su estudio demuestra que los productores sojeros brasileños tienen los mayores rendimientos y los menores costos de producción, lo que les permite competir con ventaja frente a los productores de soja estadounidenses, aún considerando los subsidios que éstos reciben. Por su parte los productores argentinos se encuentran a un nivel intermedio de productividad, pero con similares posibilidades de seguir compitiendo en este rubro. En Estados Unidos están al tanto de esa potencialidad; el conocido senador Charles Grassley menciona que según el Departamento de Agricultura, Brasil tiene el potencial poner nuevas tierras en producción equivalentes a las actualmente en uso en todo EEUU.

Al analizar la estructura de costos de los diferentes sistemas sojeros se puede apreciar que la principal ventaja en el caso de Brasil se encuentra en los bajísimos costos del factor tierra. Ello está asociado a la existencia en ese país de una frontera agropecuaria abierta con enormes posibilidades de expansión sobre áreas naturales. De hecho eso es lo que determina la conversión de grandes extensiones de ecosistemas silvestres como el cerrado a la agricultura, generando un fuerte impacto ambiental y pérdida de la biodiversidad.

Por tanto, el ambiente es la principal fuente de competitividad y la opción que se está tomando es "descontar capital natural" para competir con los subsidios. La tesorería de Estados Unidos ayuda con dólares y la de Brasil permite destruir biodiversidad. Este es uno de los problemas que están por detrás de las discusiones actuales frente al libre comercio en Miami, donde una vez más el ambiente es variable de ajuste para nuestros países.


(*) Gerardo Evia es analista de información en D3E (Desarrollo, Economía, Ecología y Equidad América Latina).



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