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La insignia
14 de mayo del 2003


Real politik

EEUU y la disputa por el mercado iraquí


__Especial__
EEUU en guerra
María Cristina Rosas (*)
La Insignia. México, mayo del 2003.



El presidente mexicano Vicente Fox tiene una enorme preocupación: reconciliar a México con Estados Unidos tras la guerra que Washington encabezó contra Irak. La premisa es que no haber apoyado la cruzada bélica de la coalición que lidereó Washington contra el país asiático, ha resultado muy costoso para México y ahora se ha llegado al extremo de ventilar una negociación migratoria a cambio de que Petróleos Mexicanos (PEMEX) sea abierto ampliamente a la inversión extranjera y todo ello en el nombre de una "mejor relación" entre las dos naciones norteamericanas.

Un consejo al presidente Fox: no se precipite ni piense que por decirle a Estados Unidos que lo apoya en todo lo que esa poderosa nación decide hacer en el mundo, México se beneficiará de un trato amistoso y cooperativo de parte de Washington. Póngase un momento, señor presidente, en los zapatos del primer ministro de Australia, John Howard, quien apoyó decididamente y legitimó las acciones bélicas de Estados Unidos en Irak para, al final, quedarse con un palmo de narices.

Australia mantiene desde los tiempos de la segunda guerra mundial, una alianza estratégica con Estados Unidos, a quien Canberra percibió, tras el colapso del Imperio Británico, como el benefactor, protector y garante de la seguridad de la terra australis. En el año de 1952 fue instituida una alianza militar entre Australia, Estados Unidos y Nueva Zelanda denominada ANZUS y que a Washington le resultó, aparentemente, muy costosa, debido a la lejanía geográfica de sus aliados australianos y neozelandeses. Fue por ello que Australia se vio obligada a participar en las operaciones militares menos populares de Estados Unidos en el mundo, como por ejemplo, la Guerra de Vietnam. Fue el costo que Australia debió pagar a cambio de la "protección de Estados Unidos". En los años 80, cuando Nueva Zelanda se retiró del ANZUS, el mantenimiento de la alianza militar en el Pacífico Sur se encareció dado que tanto Estados Unidos como Australia cargaron con la responsabilidad de monitorear y vigilar la zona que antaño cuidaban también los neozelandeses.

Australia, esa potencia media ubicada en un recóndito lugar del mundo, se sabe poderosa respecto a la región que la rodea -el Pacífico Sur-, pero débil de cara a diversas amenazas que -asume- se ciernen sobre ella -como por ejemplo, la inestabilidad en Indonesia, las migraciones indocumentadas y, por supuesto, el terrorismo. El año pasado, en la ciudad indonesia de Bali -el "Acapulco" de los australianos- tuvo lugar un atentado terrorista que ratificó a ese tema como una prioridad para la política interna y externa de Australia. Unas semanas después, en ocasión de la cumbre del Foro de Cooperación Económica Asia-Pacífico (APEC) celebrada en la ciudad mexicana de Los Cabos, Australia, en la voz de su Primer Ministro John Howard, fue de los primeros en apoyar una moción para combatir el terrorismo e introducirlo en las resoluciones finales de la reunión del APEC, pese a que esa institución tiene como objetivos primordiales facilitar el comercio y las inversiones entre sus 21 economías miembros.

En cualquier caso, Australia se convirtió en uno de los aliados más importantes -y más invisibles, dado que pese al pretendido protagonismo de Howard, nunca logra acaparar los reflectores como sí ocurre, por ejemplo, con Anthony Blair y José María Aznar- de Estados Unidos, tanto en los preparativos para hacer la guerra contra Irak, como en el desarrollo de las hostilidades mismas. Australia, de hecho, contribuyó a legitimar, con su participación, las maniobras bélicas estadunidenses. Ello ocurrió pese a que en las calles de Sydney marcharon para protestar contra la guerra grandes concentraciones de australianos, en cantidades que no se dejaban ver desde el involucramiento de Australia en la Guerra de Vietnam. Claro, muchos australianos mostraron solidaridad con las tropas aussies emplazadas en Irak. Pero lo cierto es que Howard arriesgó su capital político y apoyó a George W. Bush, esperando beneficios claros de esa cooperación.

Pero Australia ahora se enfrenta a la ingratitud estadunidense particularmente en el tema de la venta de trigo a Irak. Un hecho poco conocido es que por más de 50 años, la producción agrícola del sur y occidente de Australia erigió una lucrativa relación comercial con Irak, país al que le vendió granos por un monto de 480 millones de dólares estadunidenses tan sólo en el año 2002. Australia naturalmente apostaba a que, dado su comportamiento de "aliado fiel", Estados Unidos no tendría objeción alguna en permitirle que mantuviera su participación en el mercado agrícola iraquí, una vez que fuera depuesto Sadam Husein.

Pero para la mala suerte de los agricultores australianos, se tienen ahora noticias de que el poderoso lobby agrícola que existe en Estados Unidos -el mismo que se opone en las negociaciones agrícolas multilaterales en el marco de la Organización Mundial del Comercio a que los subsidios a la producción y la exportación disminuyan- desea tener una importante participación en el aprovisionamiento de granos a Irak en la era pos-Husein.

Los granjeros de la región occidental de Australia se beneficiaron ampliamente del programa petróleo por alimentos mediante el cual Irak vende determinadas cantidades de hidrocarburos en los mercados internacionales y utiliza los recursos recibidos para pagar reparaciones de guerra a Kuwait -por la contienda de 1990-1991- y para adquirir medicinas y alimentos. De hecho, de los 3 millones de toneladas de alimentos adquiridos anualmente por Irak de conformidad con el programa petróleo por alimentos, Australia le vendió, hasta el año pasado, 2 millones de toneladas. Los agricultores australianos tenían incluso la expectativa de que una vez depuesto el régimen de Husein, se podrían elevar las ventas de productos agropecuarios hasta 5 millones de toneladas, dado que se pensaba que habría un consenso humanitario a nivel internacional para que los iraquíes se alimentaran apropiadamente luego de todas las penurias que han vivido por tanto tiempo.

No hay que olvidar que antes de que se produjera la primera Guerra del Golfo Pérsico, Estados Unidos era uno de los grandes abastecedores de trigo a favor de Irak, pero que por obra de las sanciones decretadas por las Naciones Unidas el 6 de agosto de 1990, Sadam Husein se negó a seguir adquiriendo trigo estadunidense y privilegió al trigo australiano. Hoy los agricultores estadunidenses hacen lobby contra Australia para recuperar el mercado iraquí, lo cual ha causado consternación en la gigantesca isla del Pacífico Sur. Todo parece indicar que el Primer Ministro John Howard se apresuró a apoyar la guerra contra Irak sin haber negociado previamente con Estados Unidos respecto a los intereses de los agricultores australianos en el país asiático.

Justo hace unos cuantos días, el primer ministro australiano pasó un fin de semana en Texas, en el rancho del presidente Bush, quien se deshizo en elogios hacia Howard llamándolo "valiente", "líder visionario" y prodigándole otros piropos que hace no tanto tiempo (primer semestre del 2001) recibió del mismo presidente Bush, el mandatario mexicano Vicente Fox -en aquel encuentro que constituyó el primer viaje internacional de Bush al rancho de Fox en San Cristóbal, Guanajuato.

Lo único que ha recibido hasta ahora el primer ministro australiano, es la promesa de George W. Bush de que será negociado, a la brevedad, un tratado de libre comercio entre ambas naciones. En los hechos, el "valiente" y "visionario" John Howard cayó en una trampa y ahora está quedando mal con Dios y con el diablo. Las fricciones con Estados Unidos se están incrementando y no sólo por el tema de la venta del trigo australiano a Irak. Está también sin aclarar la situación de los fondos que el gobierno de Estados Unidos le congeló a Irak en 1990 tras la invasión de ese país sobre Kuwait. Los fondos congelados son del orden de mil millones de dólares, de los cuales, alrededor de 100 millones corresponden a adeudos de Irak a los agricultores australianos. Obviamente los australianos no pueden cobrar esa suma en tanto la suerte de los fondos no se defina.

Así, la moraleja es que "no por mucho madrugar amanece más temprano". Estados Unidos ratifica algo que John F. Kennedy repetía con frecuencia: que su país no tiene amigos, sino intereses, y que en la guerra es válido echar mano de todos los recursos disponibles para la consecución de los objetivos. Hoy es posible decir que Estados Unidos obtuvo lo que deseaba de la guerra contra Irak. Australia, en cambio, ha debido pagar un costo enorme por su participación en la contienda y no queda claro qué beneficios podría obtener, a la luz de lo expuesto. Por lo tanto, el presidente mexicano Vicente Fox no debería sentirse culpable de la "decepción" que causó a Bush la postura de México en la contienda: incluso los aliados más leales de Washington están pagando un precio, a todas luces, inaceptable, por haber colaborado en la cruzada contra el "perverso Husein."


(*) María Cristina Rosas es profesora e investigadora en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la Universidad Nacional Autónoma de México. Su libro más reciente se titula Cooperación y conflicto en las Américas. Seguridad hemisférica: un largo y sinuoso camino, México, Universidad Nacional Autónoma de México, 2003, 365 pp.



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