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| 29 de mayo del 2003 |
Virginia Giussani
Un sueño, todos los sueños, es un merecido comienzo para este artículo. Hace treinta años, el 25 de mayo de 1973 se abría camino para un sueño, al que siguió la más feroz y sangrienta dictadura militar. Hace veinte años, con el advenimiento de la democracia en 1983, otro sueño nos regalaba su gesto generoso y su mano tendida. Hoy, 25 de mayo del 2003, nuevamente un sueño nos abriga la esperanza de construir un país más justo.
Es cierto, esta vez no venimos de una feroz dictadura militar, en todo caso venimos de una feroz dictadura de mercado que ha causado tantos estragos como los uniformados con sus botas. No hay cuerpos de desaparecidos en este nuevo balance de dos décadas de democracia, pero sí hay un país que se fue esfumando lentamente, hay empresas desaparecidas, pueblos desaparecidos, seguridad social desaparecida, dignidad desaparecida. Todo eso hemos construido mal en estos veinte años de democracia. El domingo pasado juró como nuevo presidente de la nación un hombre al que trataron de debilitar antes de asumir el cargo; sin embargo, sus primeros gestos causaron asombro y le dieron cause a este gran río de esperanzas que durante mucho tiempo anduvo a la deriva. Néstor Kirchner asumió la primer magistratura del país como un ciudadano más, igual al resto de ciudadanos que se encontraban en las calles y en las plazas participando de ese histórico día. No saludó con su mano alta y omnipotente desde un coche descapotable, prefirió salir a pie, desconcertando a su seguridad personal, para estrechar las manos y abrazar a la gente con la alegría de sentir, por lo menos en ese efímero instante, que todos compartíamos la misma frustración y esperanza de cambio. "Pertenezco a una generación diezmada" dijo Kirchner durante su discurso. Y es cierto, él, junto con su mujer Cristina, formaron parte de esa generación de los años setenta que quiso construir un sueño errando en la metodología, lo cual generó una masacre sin precedentes en nuestro país. Continuó diciendo: "Llegamos sin rencores, pero con memoria, no sólo de los errores y horrores del otro, sino también memoria sobre nuestras propias equivocaciones…". En este punto, para quien escribe este artículo, es difícil separar lo emotivo de lo racional. Ver a ese hombre y su mujer, a esos compañeros de viejos sueños y desventuras saludando desde el mítico balcón de la Casa de Gobierno, fue una emoción fuerte y es probable que tanto ellos, como muchos de los que estábamos abajo, se nos haya deslizado más de una lágrima en homenaje y recuerdo de nuestros queridos amigos desaparecidos. Más allá de haber roto varias veces el implacable protocolo exigido a eventos de esta naturaleza, lo sustancial no está en estos simpáticos gestos, lo sustancial está en el lineamiento claro y preciso que piensa imprimirle a su gestión de gobierno. "Cambio es el nombre del futuro" expresó en varias oportunidades durante su discurso. Un cambio que propuso empezar a construirlo entre todos para recuperar nuestra identidad nacional. Recurriendo a la célebre frase de Martin Luther King -"Tengo un sueño…"- Kirchner finalizó su discurso de esta manera: "Con mis verdades relativas - en las que creo profundamente - pero que sé, se deben integrar con las de ustedes para producir frutos genuinos, espero la ayuda de vuestro aporte. No he pedido ni solicitaré cheques en blanco. Vengo en cambio a proponerles un sueño. Reconstruir nuestra propia identidad como pueblo y como Nación. Vengo a proponerles un sueño, que es la construcción de la verdad y la justicia. Vengo a proponerles un sueño, el de volver a tener una Argentina con todos y para todos. Les vengo a proponer que recordemos los sueños de nuestros patriotas fundadores y de nuestros abuelos inmigrantes y pioneros. De nuestra generación, que puso todo y dejó todo, pensando en un país de iguales. Porque yo sé y estoy convencido que en esta simbiosis histórica vamos a encontrar el país que nos merecemos los argentinos. Vengo a proponerles un sueño, quiero una Argentina unida. Quiero una Argentina normal. Quiero que seamos un país serio. Pero además quiero también un país más justo. " El tiempo dirá si este sueño se puede transformar en realidad, pero por ahora es bueno sentir que quien nos representa logró lo que otros presidentes durante estos largos años no lograron, por de pronto, cantar a viva voz y alegría el himno nacional todos juntos. Ojalá ésta empiece a ser una señal de cambio, de arriba y de abajo. |
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