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La insignia
28 de mayo del 2003


Real Politik

Néstor Kirchner en sus propias palabras


__SUPLEMENTOS__
Crisis en Argentina

María Cristina Rosas (*)
La Insignia. México, mayo del 2003.


El ascenso de Néstor Kirchner como presidente de la República Argentina el pasado 25 de mayo, llamó la atención de propios y extraños (y no precisamente por el golpe en su frente que derivó en una sutura). Su primer discurso ante la opinión pública mundial tras su nueva investidura, acaparó los titulares de los medios de información. En México, por ejemplo, se destacó su discurso de "ruptura" con el neoliberalismo, así como su aspiración a una "Argentina justa." Lo cierto es que Kirchner ha generado expectativas entre los argentinos -y los latinoamericanos- y tiene grandes retos por delante, por lo que el escrutinio de parte de quienes lo apoyan así como de su detractores, es previsible.

Recientemente apareció en la Argentina un libro que recoge el diálogo entre el ahora presidente gaucho y el conocido académico e intelectual Torcuato Di Tella titulado Después del derrumbe. Teoría y práctica política en la Argentina que viene, (Buenos Aires, Galerna, abril de 2003, 255 pp). Di Tella se dio a la tarea de hacer a Kirchner un interrogatorio sobre los grandes temas nacionales, tanto internos como de política exterior. A lo largo del libro, por tanto, es posible encontrar la visión de Kirchner respecto al desarrollo económico, el movimiento sindical, la violencia, las estructuras constitucionales, los partidos políticos, la política de bienestar social, el sistema educativo, el papel de las fuerzas armadas, la integración con el mundo, el sistema impositivo y la deuda externa. Se trata, por lo tanto, de un prólogo a lo que muchos consideran el plan de gobierno del nuevo presidente argentino y que tiene importantes implicaciones para su país, el cono sur, América Latina y el mundo.

A continuación, algunas de las reflexiones de Kirchner sobre asuntos de particular interés, especialmente en materia de política exterior, seguridad regional, modelo económico y deuda externa (y que conste, en sus propias palabras).


Desarrollo económico

… hay que tener políticas nacionales e industriales que contribuyan al renacer argentino. Es decir, debemos concebir un proyecto de nación o se va a profundizar el proceso, no ya de crisis, sino directamente de decadencia nacional.

El Estado debe recuperar el control de los instrumentos macroeconómicos e impulsar un modelo de producción y trabajo.

Ojo que no estoy diciendo que haya que renacionalizar o reestatizar como me endilgan algunos, ¿no?

Lo que digo es que tengamos en manos del Estado el control de nuestros recursos en función del país que queremos tener… lo central es enfocar las políticas en la producción y el trabajo. Es una búsqueda para combinar producción, trabajo, sustitución de importaciones, aprovechar la capacidad tecnológica, profundizar las exportaciones tradicionales y consolidar las que no lo son para generar importantes beneficios y penetrar en los distintos mercados del mundo.

Además … hay que hacer una fuerte inversión en obra pública: obras de infraestructura para redefinir el perfil productivo del país por medio del desarrollo de la industria agroalimentaria, el turismo, la energía, la minería, el software y las nuevas tecnologías como principales motores, sin dejar de lado el fomento de las exportaciones de productos de los sectores del calzado, textiles, vitivinícola y frutícola.

Hay que desarrollar con fuerza la agroindustria. La agricultura, la ganadería y todas las especialidades dentro de la actividad primaria necesitan máquinas, tecnología, innovación, desarrollo e inventiva, lo cual se logra si hay una acción ininterrumpida de investigación sobre las posibilidades de los productos primarios y en el desarrollo de las manufacturas, tanto las vinculadas al campo como las que contribuyen a la prestación de servicios.

Es importante el desarrollo de la industria de bienes de capital por su repercusión en la productividad del sector y su proyección como generadora de exportaciones.

Por medio de incentivos fiscales y financieros aceptados por la Organización Mundial del Comercio (OMC), hay que promover con particular intensidad las exportaciones. Pero lo fundamental es la diagramación de una estrategia política y de comercialización para diversificar los productos y los destinos a los fines de vender mayor valor agregado, reduciendo la participación relativa de los commodities en la oferta exportadora, evitando las fluctuaciones de precios tan frecuentes en esos mercados.

… definitivamente es necesaria una política industrial. Un modelo de producción y trabajo. Soy partidario de las políticas activas para la producción, como … hice en Santa Cruz.

… el eje de mi proyecto será aplicar un modelo de producción y trabajo cuyo objetivo principal será reconstituir el tejido productivo doméstico mediante la elevación de la productividad global y la creación de puestos de trabajo a través de la elaboración de bienes y la prestación de servicios.

La reindustrialización se instrumentará mediante un ordenado proceso de sustitución de importaciones, que tendrá al mercado interno como su demandante básico. A partir de allí, se impulsará una agresiva estrategia exportadora.


Infraestructura, mercado interno y ferrocarriles

Históricamente el sistema de transportes en el país fue pensado y diseñado sobre la base de la concepción de exportar materia prima, no de desarrollo integral del país, sino de desintegración nacional. A mí me causa mucha gracia cuando nos dicen que debemos integrarnos al mundo y en cambio no hemos sido capaces de integrar a nuestro propio país.

Hay que unir productiva, turística y económicamente a la Argentina por medio de los ferrocarriles. La integración nacional es condición sine qua non. No encontramos ningún país desarrollado, y que encare el fenómeno de la globalización basado en sus intereses, que previamente no se haya plantado como nación y logrado una unificación económica, cultural y política para conseguirlo.

Esto que no se ha dado en nuestro país, en la Patagonia lo vivimos casi como una tragedia. Cuando privatizamos los ferrocarriles, una periodista me preguntó: "¿Usted que opina de la privatización?" Yo respondí: "¡Si a mi provincia jamás llegó el ferrocarril!". ¡A Santa Cruz nunca llegó Ferrocarriles Argentinos, porque no era importante! Sacábamos la materia prima por los puertos. Como no era necesario para el modelo de país exportador de materia prima y recursos sin valor agregado, nunca llegó.

Esto quiere decir que falta una visión integral de país. Seguir discutiendo estas cosas, marca la verdadera tragedia argentina, porque no hemos podido resolver este conflicto, esta verdadera contradicción que se viene dando desde la década del 40.


Seguridad regional y hemisférica

… Aunque la democratización fue una experiencia compartida en América Latina, no condujo a la formación de una comunidad pluralista de seguridad.

La democratización y las iniciativas de cooperación económica han permitido mejorar las condiciones de paz y seguridad de la región, pero no han conducido a un proceso de integración en el campo de la seguridad.

Existe una frontera cada vez más tenue entre cuestiones económicas y de seguridad, como también entre intereses internos y presiones externas.

Los países sudamericanos, a pesar de ver recortados sus márgenes de acción, cuentan aún con relativa autonomía para la definición de sus políticas de seguridad. Estas, a su vez, están condicionadas por la evolución de la política interna.

La ola democratizadora experimentada en la región en los últimos quince años alentó cambios en los conceptos y las prácticas de seguridad dentro de los Estados del Cono Sur.

La existencia de valores políticos comunes y desafíos económicos similares contribuye a poner fin a disputas y rivalidades que, en el pasado, habían entorpecido las iniciativas de cooperación regional.

Si comparamos el gasto militar que se hace en todo el mundo con el que realiza Latinoamérica, veremos que los fondos que se destinan son irrisorios respecto de los países desarrollados o de Medio Oriente.

A simple vista, estos datos evidencian que el Cono Sur es la subregión más pacífica del planeta. No hay, con la excepción de las Malvinas, intereses estratégicos fuera del territorio nacional.

No existen grandes desplazamientos migratorios, ni minorías nacionales, y las disputas étnicas o religiosas son desconocidas.

No se puede malgastar recursos y tiempo con las hipótesis tradicionalmente, sino que más bien, junto a los líderes de la región, tenemos que combatir las nuevas amenazas que enfrentan y enfrentarán los Estados latinoamericanos.

Ninguno de los países es lo suficientemente fuerte para enfrentar solo los problemas de seguridad, tanto del presente como del futuro. La necesidad de una integración que incluya el componente militar es fundamental para reforzar el proceso de democratización en la región y defenderlo de las nuevas amenazas.

La creación de un sistema de seguridad subregional debería llevar confianza a los diferentes actores regionales en los referente a los conflictos neohistóricos tradicionales, sin lo cual parece condenado al fracaso cualquier intento de integración.

El poder político debe hacerse cargo de la responsabilidad de la defensa, lo que incluye al poder militar.

Los marcos jurídicos y conceptuales con que los gobiernos han atendido sus intereses de seguridad en el pasado parecen desactualizados, sobre todo luego del 11 de septiembre de 2001.

Hay que ser lo suficientemente creativos como para redefinir el papel de las fuerzas armadas frente a nuevos riesgos, amenazas y factores de inestabilidad.

Luego del atentado a las Torres Gemelas, el nuevo contexto ofrece oportunidades inéditas para la preservación de la paz y la seguridad internacionales y para el logro de objetivos de seguridad por medios políticos.


Guerra en Irak, Naciones Unidas y cascos azules

La década del 80 vio el fin de la guerra fría, caracterizada por la posibilidad del holocausto nuclear en el conflicto bipolar de posguerra. Desde la caída del Muro de Berlín en 1989, la hegemonía estratégica de los Estados Unidos y la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) emergió sin rivales en el mundo de la cultura occidental, del Medio Oriente y de sus nuevos aliados de la Europa Central y Oriental.

La Guerra del Golfo Pérsico de 1991 y los bombardeos anglonorteamericanos posteriores contra Irak dieron paso a su vez a la llamada "guerra preventiva" inaugurada en Afganistán en el 2001, en respuesta ciega y simétrica al atentado terrorista a las Torres Gemelas de Nueva York de septiembre del mismo año.

Hoy estamos viviendo una invasión "convencional" por parte de los Estados Unidos y sus aliados en abierta violación al derecho internacional y comprometiendo seriamente la vigencia de las Naciones Unidas, al hacer caso omiso de la opinión de sus pares en el Consejo de Seguridad de la ONU, como Francia, China y Rusia, o del principal país de la Unión Europea: Alemania.

Estados Unidos lanzó la guerra sobre Irak en busca del control de la segunda cuenca petrolífera del mundo, so pretexto de desalojar a un dictador en posesión de armas letales, otrora habilitado por las potencias occidentales para atacar al fundamentalismo iraní con esas mismas armas.

El objetivo es instaurar un protectorado prooccidental manu militari, algo que ya se ensayó en Haití en menor escala y con la mera amenaza de desembarco, sin que ese país dejara de estar sumergido en la más profunda miseria.

La Argentina debe continuar participando en las misiones de paz por cuenta de la ONU, pero además, y en el caso puntual del que estamos hablando, Irak, debe tener una actitud de militancia activa por la paz.

La experiencia adquirida por las fuerzas armadas en las tareas internacionales no debe caer en saco roto. Los soldados argentinos que tuvieron oportunidad de ser cascos azules regresaron profesionalizados, con una mirada más amplia de la sociedad que es necesario preservar.

Cada uno de los cuadros militares que tomaron parte de las misiones retornaron con la satisfacción del deber cumplido y con el reconocimiento de sus pares a nivel internacional.

Los cascos azules argentinos han prestigiado al país con su labor en otras tierras y hasta hubo pérdidas de vida de argentinos por tratar de llevar adelante la misión de paz.

Sin lugar a dudas la labor en las misiones de paz es un aspecto reivindicable de los militares argentinos. Los miles de uniformados que participaron y participan en la tarea de la paz contribuyeron al prestigio internacional de la Argentina.


¿Área de Libre Comercio de las Américas o Mercado Común del Cono Sur?

… mi elección es MERCOSUR. Ya hace algunos años, Estados Unidos ha optado por alcanzar acuerdos de comercio bilaterales, al no poder lograr consenso en el nivel multilateral. Por esto creo que el mejor camino es a través del MERCOSUR, dado que así obtendremos un mayor impacto en la negociación.

Debemos tener presente que el área de libre comercio entre Canadá y los Estados Unidos constituyó un cambio radical, ya que las negociaciones trascendieron más allá de las barras fronterizas de acceso al mercado, hasta llegar a las áreas de políticas de soberanía tradicionales, que se relacionan con el modo en que las asociaciones regulan sus economías nacionales.

Creo que América Latina, en general, suele tener algunas desconfianzas acerca de cómo se alinea la República Argentina en una determinada coyuntura histórica. Esto puede tener su correlato en cómo se han desarrollado históricamente tanto las clases políticas como las clases dirigenciales de Brasil o Chile, que son los dos ejemplos más fuertes de América Latina.

Estas clases dirigenciales siempre ataron su destino al de su país, no había una asociación entre las burguesías nacionales chilenas o brasileñas y el proyecto de país, lo que no siempre ocurrió en nuestro caso.

Quiero sumarle a esta falta de valentía de la clase política la falta de compromiso de sectores empresariales importantes. Algunos creyeron que a ellos les podía ir bien si a la Argentina le iba mal, pero esta fórmula nunca dio resultado. Y esto nunca sucedió en Brasil.

Lo que la Argentina va a tener que hacer es reconstruir fuertemente la confianza de sus socios latinoamericanos, que ha sido devastada por varias razones entre las cuales se encuentra el caso de la venta de armas a Ecuador mientras estaba en guerra con Perú.

Las cada vez más consolidadas democracias latinoamericanas son producto, entre otras causas, del proceso creciente de integración regional, la cual es un imperativo histórico y el camino necesario para el desarrollo económico, social y político de los países de la región y su incorporación competitiva en la economía mundial.

A pesar de los obstáculos y de las dificultades que enfrenta, el proceso de integración está en marcha. Por varios caminos, el antiguo aislamiento y el enfrentamiento están siendo sustituidos por iniciativas de cooperación y entendimiento que van instaurando progresivamente la unión de los países de América Latina.

Varias razones explican y justifican este proceso. En primer lugar, existe una necesidad de mayores mercados para la expansión de importantes sectores de la economía. Por otro lado, la unión de esfuerzos puede multiplicar la capacidad de las instituciones y de las empresas locales en la carrera tecnológica, en el aprovechamiento de recursos existentes y potenciales en la solución de problemas comunes.


Lula

Con respecto a Lula, creo que ha generado una enorme expectativa, no sólo para Brasil sino para toda la región, por la importancia económica que tiene este país, que es la economía más grande del continente. Pero la incidencia de su gobierno en la política argentina va a estar ligada a su deseo de darle más impulso al MERCOSUR.

En una reunión que mantuve recientemente con los embajadores de todos los países del bloque, coincidimos en que es necesario desarrollar un sistema de comunicaciones viales y férreas en todas las naciones miembros y aprovechar los importantísimos recursos energéticos de la región.

La Argentina debe encontrar su lugar en el mundo, y en este sentido hay que respaldar fuertemente al MERCOSUR, aunque sin perder la multilateralidad. Es preciso mantener los mercados históricos europeos, sin desmedro de la pertenencia al bloque.


Fondo Monetario Internacional y deuda externa

… el FMI nos tiene que dar viabilidad interna para que la Argentina sea sustentable, porque ¿se puede cumplir internacionalmente si la Argentina se destruye? Esto es, si desciende su actividad económica y por ende, su recaudación se desploma en caída libre. El más elemental sentido común nos dice que para que el acreedor pueda cobrar el deudor no se tiene que morir.

Tenemos que hablar del tema de la deuda externa sin complejos, sin miedos e ignorando a los sectores neoliberales que se regodean diciendo que los argentinos somos incorregibles, que nunca cumplimos con nuestros compromisos.

No se puede pagar más deuda a costa del hambre y la exclusión de los argentinos. Jamás pagaría la deuda externa sin darle primero sustentabilidad a la Nación; de hacerlo sólo se estaría generando mayor pobreza y aumentando la conflictividad social. Tenemos muy fresco lo que pasó en Bolivia, una tragedia originada en las viejas recetas, que sólo traen pobreza y dolor.

Ahora lo primero es poner en marcha a la Argentina, recuperar las herramientas de mediación y promoción del Estado y tener empresas con capitales privados que sirvan al plan estratégico de la Nación.

Pero lo que ya no se puede repetir es la subordinación ni la humillación de la Argentina ante la presión de los organismos internacionales. La Argentina, como cualquier país del mundo, puede negociar con absoluta responsabilidad, dignidad y seriedad.

La solución estratégica para el problema de la deuda es demostrarles a los organismos multilaterales de crédito que el país puede funcionar por sí solo, con su propia estrategia.

Seguir destinando más del 15 por ciento del presupuesto nacional al pago de servicios de la deuda y seguir renegociándola con intereses crecientes sólo puede conducirnos a postergar la reactivación económica y la puesta en marcha de políticas activas a favor de aquella gente a la que el Estado ha abandonado a su suerte.

Por el contrario, una revisión integral sobre el modo como se cumplen las obligaciones emergentes de nuestra deuda externa puede hacerla sostenible, de modo tal que disminuya la presión que hoy ejerce sobre nuestra economía.


(*) María Cristina Rosas es profesora e investigadora en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la Universidad Nacional Autónoma de México. Su libro más reciente se titula Cooperación y conflicto en las Américas. Seguridad hemisférica: un largo y sinuoso camino, México, Universidad Nacional Autónoma de México, 2003, 365 pp.



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