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La insignia
5 de mayo del 2003


Fortaleza EEUU


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ALCA
Pablo Stefanoni
Proyectos 19/20 / La Insignia. Argentina, mayo del 2003.



El acuerdo de libre circulación de bienes, servicios y capitales (no de personas) impulsado por EEUU profundiza el esquema de desarrollo dependiente aplicado desde hace décadas en América Latina. Lo peor no está por venir. El modelo de normalidad oculto tras el ALCA está aquí y ahora.


Hasta hace pocos meses la palabra "imperialismo" parecía eliminada del vocabulario político y económico latinoamericano. Estaba reservada sólo a quienes presentaban una fuerte resistencia a reconocer el "fin de las ideologías" en el mundo de la posguerra fría. Pero todo parece haber cambiado después de la llegada de George W. Bush al poder. La explosión de las Torres Gemelas dio rienda suelta al proyecto de máximos de los halcones de la era Reagan, formados y fogueados en la lucha contra el comunismo. Entre ellos se encuentran Otto Reich, ahora ex secretario asistente del Departamento de Estado para América Latina, y John Negroponte, embajador ante la ONU. Ambos, activos partidarios de la guerra sucia contra la revolución centroamericana en los 80 y del apoyo "de cualquier manera" a la Contra nicaragüense.

Junto al ex gobernador texano también llegaron al gobierno los ejecutivos de algunas de las contratistas más grandes en materia de defensa: Lockheed-Martin, General Dynamics y Northrop-Grumman. Y la frase "paz con fuerza" comenzó a definir la política exterior de la línea dura encabezada por el Secretario de Defensa Donald Rumsfeld. La invasión a Irak ahorra cualquier comentario sobre los efectos prácticos de esta doctrina. Al mismo tiempo, con la nueva administración se pretendió revertir el "abandono" de Clinton al patio trasero sudamericano.


A ordenar el patio

La embajadora estadounidense en Colombia, Ann Patterson -un apoyo clave en la guerra contra la "narcoguerrilla"- expresó con claridad esta vuelta hacia América Latina: "Para hablar con franqueza, después del 11 de septiembre el asunto de la seguridad petrolera se ha vuelto prioritario para Estados Unidos. Las fuentes tradicionales de petróleo en Oriente Medio son menos seguras". Y agregó que, si bien Latinoamérica no podrá cubrir el desabastecimiento, tiene margen de maniobra para evitar la especulación de precios. Casualmente, luego de varios años de "defensa de la democracia" en América Latina, EEUU participó de la organización del golpe de Estado contra el gobierno encabezado por Hugo Chávez en Venezuela, un socio clave de la OPEP, el cartel de los países exportadores de petróleo que está en la mira de Washington.

Poco antes de que Bush hijo se instalara en la Casa Blanca en el año 2000, el director de plantilla del Comité de Relaciones Exteriores del Senado, James P. Lucier, había escrito en el prólogo al documento Santa Fe IV: el futuro de las Américas. Temas para el nuevo milenio que "obsesionado con Europa y China, y atontado con la corrupción de Rusia, el presidente Clinton dejó a Sudamérica en un patio trasero. No debe sorprender que Sudamérica haya buscado inversiones y relaciones comerciales en cualquier otro lado -en España, por ejemplo- y en la República Popular de China (...). Santa Fe IV nos recuerda que el mercado potencial de la frontera sur es tan grande como el propio (y que) desde una perspectiva histórica, esta división (entre EEUU y Latinoamérica) no debió suceder jamás".

Tras advertir que la administración demócrata descuidó el control y adoctrinamiento de los militares latinoamericanos y exigir un mayor control territorial, el documento elaborado por ex funcionarios de Ronald Reagan en cuestiones geopolíticas, sostiene:

"Es preciso enfrentar que, desde 1993, la declinación de Estados Unidos (en A.L) se ha precipitado. El poder del país se basó ante todo en este hemisferio, a veces llamado Fortaleza América. Tanto Wilson como Roosevelt consolidaron la base de poder norteamericano en este hemisferio antes de comprometerse en Europa y Asia".


Alca

En la misma línea, aunque haciendo hincapié en el mercado, se inscribe el proyecto del Área de Libre Comercio para las Américas (ALCA) impulsado a principios de los 90 por George Bush (padre), continuado por Clinton y por Bush hijo con un perfil bajo, y mantenido fuera del debate público en los países afectados.

Aunque las discusiones son presentadas por sus defensores -y algunos detractores- como cuestiones meramente económicas, vinculadas con las ventajas y desventajas del libre comercio para los países menos desarrollados, es claro que sus objetivos no se agotan allí. Pocos dudan que el ALCA se inserta en un proyecto hemisférico de mayor alcance, que tiende a reforzar la hegemonía política, económica y militar estadounidense a lo largo de todo el continente.

La iniciativa, diseñada durante el auge de las políticas neoliberales, se inscribe en sus postulados básicos: desregulación de los mercados, privatización de los servicios públicos, nueva juridicidad a favor de las grandes corporaciones multinacionales, debilitamiento de la autonomía del Estado-Nación, y con ella de lo que queda de soberanía popular. Todo esto, apuntalando el proceso de transformación de los ciudadanos en consumidores que ya se vivió intensamente en la Argentina.

"El ALCA limitará los derechos democráticos. Todo intento de regulación estatal, así esté fundado en criterios de desarrollo económico local o nacional, progreso social, bienestar de la población o protección del medio ambiente, puede ser cuestionado con éxito por el capital como lo demuestra la experiencia del NAFTA (acuerdo entre EEUU, Canadá y México)", advierte el analista Óscar René Vargas.

Parte de estas consecuencias ya están a la vista: las empresas privatizadas iniciaron demandas contra Argentina por más de 2 mil millones de dólares en el tribunal del Banco Mundial, el Centro Internacional de Arreglo de Disputas sobre Inversiones (CIADI), por "violación de contratos" en cuestiones relacionadas en su mayor parte con ajustes tarifarios.

La campaña contra el ALCA desarrollada en abril en Buenos Aires, que resolvió una futura consulta popular, contribuyó a visibilizar un tema que es mantenido sospechosamente detrás del telón por los gobiernos de la región. Aunque la posibilidad de enfrentar exitosamente las presiones imperialistas de Estados Unidos -¡y Europa!- parece estar asociada a la creación de instrumentos políticos trasformadores en cada uno de los países.


Aquí y ahora

El ALCA no es más que la profundización del modelo de desarrollo dependiente aplicado desde hace décadas en América Latina. Lo peor no está por venir: el "modelo de normalidad" que hay detrás del ALCA está aquí y ahora con todos nosotros, y dentro de esa lógica -del capital- se desarrolló el Mercado Común del Sur (Mercosur) con Brasil, Uruguay y Paraguay.

El aporte del ALCA es contribuir a la institucionalización, profundización e irreversibilidad de las "reformas estructurales" frente los actuales y potenciales desafíos a la hegemonía política y económica estadounidense.

"El ALCA permitirá la abolición de los impedimentos que (aun) limitan el pillaje imperial. Tal como ha sido concebido, las políticas económicas del ALCA serán dictadas por una comisión dominada por Estados Unidos, de la misma manera que dominó la Organización de Estados Americanos (OEA), el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y otras organizaciones regionales", dice el sociólogo estadounidense J. Petras.

Aun en el actual contexto de mundialización capitalista sigue siendo el Estado-Nación el espacio de posibilidad para una transformación radical de nuestras sociedades. Más allá de los importantes éxitos obtenidos por el movimiento de resistencia global, las posibilidades de alterar las condiciones de existencia de los países periféricos y dependientes siguen asociadas a una lucha con base nacional, no obstante que su proyección sea internacional.

Y es la neutralización de este espacio de posibilidad de pensar una sociedad diferente uno de los objetivos del proyectado acuerdo de libre circulación de bienes, servicios y capitales (no de personas) impulsado desde EEUU y desde sectores del establishment de nuestros propios países.



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