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La insignia
26 de mayo del 2003


Entrevista con Eduardo Gudynas

Las cumbres ambientales y el contexto latinoamericano


Rafael Sagárnaga
La Prensa. Bolivia, 18 de mayo.



El ambientalista Eduardo Gudynas analiza las ventajas y desventajas que Latinoamérica tiene frente a la agravada crisis ecológica global. EEUU ya no sólo evita cumplir los acuerdos, ahora desata campañas contrarias a ellos.


El uruguayo Eduardo Gudynas, uno de los más destacados expertos latinoamericanos en temas de medio ambiente y activista confeso, ha cuestionado reiteradamente la conducta antiecológica de las grandes empresas y gobiernos. Con una crisis ambiental agravada por las prioridades que el poder global impone y un renovado activismo ecologista, Gudynas accedió a delinear un panorama de la actual problemática ambiental planetaria y de la errática conducta de los gobiernos latinoamericanos.

-En función de lo que se cumple y no de lo acordado en las cumbres de Río y Johannesburgo, ¿cómo cree que será el mundo dentro de 10 años?

-Hay diferencias muy importantes entre la Cumbre de Río de 1992 y la de Johannesburgo de 2002. En realidad fue en Brasil, hace más de 10 años, cuando se acordaron los convenios y metas más importantes, y muy poco se avanzó en Johannesburgo. Recordemos que en la Eco 92 participaron más de 100 jefes de Estado; fue la primera reunión a gran escala dentro de la ONU. Allí se firmó una declaración política, los tratados internacionales para la protección de la biodiversidad y el cambio climático, y un ambicioso plan de acción, la Agenda 21. En Johannesburgo la situación fue muy diferente: participaron pocos jefes de Estado, no había acuerdos en la mayoría de los temas, no lograron avanzar en ninguna nueva medida de peso y apenas emitieron una declaración. Se cae así en una terrible paradoja: los compromisos en Johannesburgo casi no existieron, y por lo tanto más de uno podría decir que se está cumpliendo con lo que allí se dice.

-¿Pero se está cumpliendo en algo por lo menos?

-Si se toma como referencia los acuerdos de la Eco 92, debemos aceptar que los avances en protección del ambiente y la calidad de vida han sido pocos, en algunos casos inexistentes, y seguramente son más los casos donde han existido retrocesos.

-¿Por qué?

-Estos problemas se deben en el fondo a las tensiones, por un lado, de las demandas económicas actuales asociadas a un tipo particular de producción de fuerte uso de los recursos naturales, y, por el otro, a las posiciones éticas de las personas sobre la calidad de vida y el ambiente. Las presiones económicas, y en particular en América Latina, siempre terminan recalando en enormes impactos en el ambiente, y con muy pocos éxitos sociales. El viejo eslogan que defendía un crecimiento económico a cualquier costo no ha cumplido su promesa de generar el crecimiento económico y solucionar nuestros problemas de pobreza. La situación actual es muy triste: mayor pobreza junto a mayor destrucción ambiental.

-¿Cuánto han aumentado las amenazas al medio ambiente y su protección en la coyuntura 2002-2003?

-En América Latina han aumentado las amenazas por la confluencia de dos factores. Por un lado, se ha acentuado un patrón de exportaciones que depende esencialmente de recursos naturales; por ejemplo, del total de las exportaciones de nuestro continente, alrededor del 75 por ciento son recursos naturales, tales como petróleo, minerales, productos forestales y agropecuarios. Exportamos cada vez más, pero se nos paga por ello cada vez menos, y por lo tanto debemos intensificar y ampliar nuestra extracción de recursos naturales con un enorme impacto ambiental. Por otro lado, la crisis política y económica ha debilitado muchas de las regulaciones ambientales. La desesperación de los gobiernos ante la debacle económica los lleva a aceptar emprendimientos de alto impacto ambiental. En otros casos exageran en el achicamiento del Estado y desmontan las instituciones de regulación ambiental; el caso más dramático se dio en Argentina con el desmembramiento de la Secretaría de Medio Ambiente. Por lo tanto, la coyuntura actual de problemas económicos, mayor dependencia del sector externo y dificultades políticas hace que las cuestiones ambientales no sean atendidas adecuadamente. Frente a eso, muchos grupos ciudadanos reaccionan y se cae en conflictos sociales.

-En los temas en los que potencias como EEUU, Australia o Japón no ceden, ¿qué se puede hacer? ¿Estamos en el límite entre la protesta y la resignación?

-La agenda internacional en la temática ambiental también se ha complicado. El hecho más destacado es que Estados Unidos pasó de evitar o minimizar el cumplimiento de medidas ambientales a acciones decididamente en contra de esos acuerdos. Recordemos que Estados Unidos no ha ratificado importantes acuerdos recientes, como el Convenio de la Biodiversidad o el Protocolo de Kyoto sobre el cambio climático. No sólo no los firmó, sino que realiza campañas intensas en contra de esos acuerdos, e incluso diseña mecanismos paralelos. Por ejemplo, frente a los intentos de regular el comercio internacional en productos modificados genéticamente, Washington desarrolló una campaña para evitar que otros países adhirieran a esas condiciones, a pesar de que el sentido común indica que es importante tener alimentos bajo buenas condiciones de calidad. Por otro lado, el rechazo de EEUU a los compromisos del Protocolo de Kyoto para reducir la emisión de gases contaminantes se basó en las posibles pérdidas de sus industrias, un argumento que no es válido, ya que implica aceptar que se dañe el ambiente global, incluido el nuestro en el sur, a costa de ahorrar dinero. Pero es más grave, las cuestiones de dinero no son las más importantes, ya que los fondos gastados en la guerra en Irak permitirían financiar muchos programas ambientales.

-¿Hay alguna esperanza en la Unión Europea, por ejemplo?

-Frente a EEUU, las posturas de la Unión Europa reclamando ciertas medidas ambientales aparecen como muy interesantes. Pero el problema se hace aún más grave cuando se comprende que las demandas de EEUU son tan radicales que las posturas de la UE y otros países aparecen como mesuradas, aunque en realidad no lo son tanto. Basta observar que Europa sufre enormes impactos ambientales en su medio rural, y su agropecuaria está basada en una enorme artificialización.

-¿Pueden hacer algo los países latinoamericanos?

-Nuestros países, y en especial Bolivia, tienen muchas ventajas. Es que nosotros podemos reconvertirnos hacia modos de producción limpias, y en especial la producción de alimentos de calidad, por la ausencia de insumos artificiales, que tiene un "valor agregado ambiental", lo que nos otorga enormes ventajas competitivas. Eso se debe a que los consumidores, intensamente en el norte, y más y más en las grandes ciudades del sur quieren alimentos naturales, y justamente son nuestros países los que los pueden ofrecer. Nuestros gobiernos y muchos de nuestros técnicos no han entendido todavía que el ambiente no es un obstáculo para su desarrollo económico, sino una ventaja.

-¿Cuáles son los elementos más críticos en la problemática medioambiental en Latinoamérica?

-América Latina enfrenta problemas ambientales tanto en el medio rural como en el urbano. La vieja idea de un continente con enormes y extensas áreas naturales, muchas de ellas vírgenes, y casi sin contaminación, ya no es cierta. Se puede observar los impactos ambientales en los rincones más apartados, como la tala de árboles, la caza furtiva, la captura y tráfico ilegal de fauna y flora, hay que recordar que ese negocio es el segundo de mayor envergadura después del narcotráfico, y finalmente la desaparición de áreas silvestres sea por el avance de la frontera agropecuaria o por grandes obras de infraestructura.

En el medio urbano ha tenido lugar un fuerte deterioro en casi todas las ciudades, en especial por la proliferación de residuos sólidos y los malos sistemas de manejo de basuras, junto a las crecientes dificultades para manejar los efluentes. Considero que la temática ambiental urbana es más sencilla de abordar. Existen soluciones tecnológicas para muchos de los problemas de contaminación y además la presión ciudadana es mayor. En cambio, en el medio rural será mucho más difícil.

-¿Cuánto cree que hará Lula por el medio ambiente? Podríamos hablar de doble moral o debilidad al evidenciar contradicciones en, por ejemplo, la política de construcción de plantas hidroeléctricas?

-Estamos en una etapa muy inicial con el nuevo gobierno de Brasil. Tenemos tanto indicadores muy alentadores como otros muy preocupantes. Por un lado, el presidente Lula ha designado como ministra de Medio Ambiente a Marina Silva, una militante del Partido de los Trabajadores oriunda del estado de Acre y que se ha desempeñado como senadora destacada por muchos años. La ministra tiene una historia de fuerte compromiso con los temas ambientales y conoce bien los problemas que enfrenta el ambiente y las presiones de los intereses económicos. Esa designación recibió el respaldo de muchas organizaciones ciudadanas.

Por otro lado, el gobierno de Lula decretó un ajuste fiscal que determinó una fuerte reducción de los presupuestos ministeriales, entre ellos los del ambiente. En el mismo sentido, el equipo económico de Lula defiende proyectos que en muchos casos están lejos de las posturas de la nueva ministra del Ambiente, y que seguramente desencadenarán tensiones sociales y protestas. Entre ellos están los programas en energía, que incluyen nuevas represas, así como repensar la estrategia agropecuaria, lo que implica un fuerte avance sobre áreas naturales del Cerrado para convertirlas a la ganadería y la agricultura. Esos planes implican un impacto ambiental enorme, sólo comparable a la crisis de quemas y talas amazónicas de los 80. Sin duda que esto evidencia contradicciones, aunque considero que, más que personales, son las tensiones propias dentro de un equipo de gobierno. El desafío está en ver cómo se los resuelve; hasta ahora en la experiencia mundial el ambientalismo casi siempre ha perdido esas batallas, pero los costos sociales y políticos son cada vez mayores, y así poco a poco se va consolidando una agenda ambiental.

-¿Qué visión tiene del caso boliviano?

-El caso de Bolivia es muy particular. El país posee una enorme riqueza ambiental, y además es muy diversificada; desde paisajes montañosos hasta la selva tropical. Esa gran riqueza ecológica está asociada a una riqueza productiva, tal como gas y minerales que redoblan la necesidad de un manejo responsable. Pero además Bolivia innovó a nivel mundial con nuevas instituciones para el manejo ambiental. Fue el caso del Ministerio de Desarrollo Sostenible intentando articular la política económica con la ambiental, o el caso de contralorías y superintendencias para recursos naturales. El país posee la base de normas e instituciones. Los problemas actuales parecerían estar en la aplicación, esas medidas se deben aplicar en forma efectiva, los casos de incumplimiento deben ser detectados y penalizados, y se debe evitar la corrupción. Esta situación es muy distinta a la de otros países, ya que poseen menos normas o marcos institucionales más pequeños, como Argentina o Chile. En ese sentido, Bolivia ha avanzado más. Pero países como Chile o Uruguay parecerían tener niveles de cumplimiento de normativa más altos. Bolivia debería entonces fortalecer su gestión ambiental. Esos pasos van acertados entre los poderes del Estado. Es importante reconocer esto porque muchas veces se cae en la confusión de creer que la política ambiental es sólo cuestión del Ejecutivo, concibiéndola como una "policía ecológica" que persigue a los contaminadores. La política ambiental es mucho más amplia, y el Parlamento, el Poder Judicial y los gobiernos locales tienen papeles claves.



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