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La insignia
21 de mayo del 2003


Bibliálogos: Entrevista con María Cristina Rosas

Las sanciones, ¿alternativa a la guerra?


Ariel Ruiz Mondragón
La Insignia. México, mayo del 2003.


Generalmente se cree que las sanciones son medidas coercitivas dirigidas contra gobiernos que amenazan la paz mundial y la seguridad internacional, que obligarían a estos a apegarse a las normas internacionales sin el recurso a la guerra. Empero, la invasión a Irak ha demostrado que las sanciones son instrumentos bastante deficientes y harto dañinos para la población de los países sancionados. Sin embargo, en el futuro y con profundos cambios en su concepción y aplicación, parecen ser de los pocos medios por los que la comunidad internacional pueda corregir malas conductas de sus integrantes.

Al tema de los éxitos y las desventuras de las sanciones la Dra. María Cristina Rosas ha publicado un libro que resulta indispensable para el conocimiento de esos mecanismos: La economía política de la seguridad internacional: Sanciones, zanahorias y garrotes (México, UNAM, Sistema Económica Latinoamericano, 2003). Sobre él y su relación con los actuales sucesos en el mundo platicamos con la autora, charla por la que pasaron una buena cantidad de asuntos: el peso de las corporaciones multinacionales en la determinación de castigos, las sanciones y su ineficacia para preservar la paz, su desigual e injusto uso, los graves daños que producen las sanciones amplias a la población civil, la propuesta de sanciones inteligentes, las bases falsas sobre las que se desarrollaron los empeños guerreros de Estados Unidos, la rapiña de la posguerra y la necesidad de establecer un efectivo y transparente régimen internacional de sanciones a cargo de unas renovadas Naciones Unidas.

La Dra. Rosas actualmente es profesora-investigadora en el Centro de Relaciones Internacionales de la Facultad de Ciencias Políticas de la UNAM y pertenece al Sistema Nacional de Investigadores. Autora de ocho libros y coordinadora de otros tres, ha colaborado también en diversas publicaciones, como la Revista Mexicana de Ciencias Políticas y Sociales, Quórum, Etcétera y Siempre, entre otras. Asimismo, ha ganado diversos reconocimientos, como el Premio en Investigación Económica "Maestro Jesús Silva Herzog" y la Distinción Universidad Nacional para Jóvenes Académicos.


Ariel Ruiz (AR): ¿Cómo fue que se interesó en el tema de las sanciones?

María Cristina Rosas (MCR): El interés parte de descubrir que las sanciones con un instrumento de coerción que generalmente ha sido planteado como alternativa al uso de la fuerza. Esa noción que se tiene de que si sancionamos no tenemos que recurrir al uso de la fuerza me llamó mucho la atención, lo que me llevo a pensar muchas cosas.

En un mundo violento, donde la fuerza se usa todo el tiempo -incluso hay por allí un análisis estadístico que habla de los pocos minutos de paz que ha vivido la humanidad. En realidad, lo constante es la guerra, no la paz. Me preguntaba por qué las sanciones eran planteadas en esos términos. Después, con esta misma intención de análisis me dedique a revisar con qué periodicidad se usan, quién las usa más. Descubrí que hay diversos tipos de sanciones: unas que aplicaba la ONU -que es la única entidad multilateral a nivel internacional facultada para hacerlo a través de su Consejo de Seguridad, y que sólo las había aplicado en dos ocasiones en la Guerra Fría, una vez contra Rodesia y otra vez contra Sudáfrica.

Entonces también pensé: si la guerra es una constante en la historia de la humanidad, y las sanciones están llamadas a ser la alternativa al uso de la fuerza, ¿por qué es que la ONU las usó tan pocas veces en la Guerra Fría? Ahora, en la posguerra fría las usa más, pero no son muchas veces más: cuando mucho han sido empleadas veinte ocasiones.

En cambio descubrí que quien las usa de manera indiscriminada, que hace uso y hasta un abuso de ellas es justamente Estados Unidos, un país que tiene una serie de intereses que promover en el mundo y que asume a la coerción como un instrumento de su política exterior, pero un instrumento muy permanente. Además hay algo que percibí en Estados Unidos: hay una intensificación de las sanciones en las últimas dos décadas, que es cuando más las ejerce.

AR: Usted habla que hay dos tipos de medidas que usan los Estados para hacer que otros actúen de la forma que ellos quieren: las sanciones y los incentivos. Como se puede ver en el libro, es bastante más eficaz la sanción, pero ¿ha tenido algún éxito los incentivos?

MCR: Encontré una correlación que me parece muy interesante entre el uso de sanciones e incentivos. Las sanciones son más efectivas si se aplican entre países amigos, por el nivel de interdependencia que existe. Creo que en la experiencia de aplicarle sanciones a países con los que Estados Unidos tiene poca interdependencia ha habido saldos fallidos.

En cambio, en esos países con los que hay poca interdependencia quizá sea más efectivo aplicar incentivos. Creo que, en principio, la ecuación se podría plantear en ese sentido: con aliados sancionamos, con adversarios, con rivales estratégicos aplicamos incentivos. Pero por supuesto hay una cuestión con el incentivo: significa una concesión a priori, lo que la sanción no tiene. Entonces, en un mundo tan impredecible como en el que vivimos, dar un incentivo implica hacer la concesión bajo la promesa de que a quien se la dimos se va a comportar como prometió hacerlo. Pero podemos dar el incentivo y puede ocurrir que el receptor no se comporta como lo prometió, y mientras tanto el emisario, el que aplicó el incentivo, ya tuvo que hacer una concesión y ya perdió.

Entonces, a la luz de la existencia de incentivos y sanciones a mí me parece que muchos países en sus relaciones internacionales prefieren privilegiar a las sanciones porque no implican la concesión a priori que sí tienen los estímulos.

AR: Uno de los aspectos que más me llamó la atención es el que usted mencionaba: que tenemos la idea de que las sanciones son mecanismos pacíficos, lo que no es tan cierto. ¿Las sanciones han contribuido efectivamente a mantener la paz en el mundo?

MCR: No. De hecho, en muchos casos me atrevo a afirmar que contribuyen a exacerbar la violencia y el malestar social en el mundo. Desafortunadamente las sanciones, a partir de la forma en que han sido aplicadas, sobre todo las sanciones amplias, no discriminan en sus efectos. Formalmente las sanciones están dirigidas contra un régimen paria, contra un mal gobernante, contra un tirano, un dictador. Pero lo cierto es que cuando se aplican las sanciones los más afectados son los civiles inocentes. Allí esta el caso de Irak, que ha tenido que vivir ahora una guerra, pero antes vivió sanciones que fueron guerra de baja intensidad contra la población iraquí. Ella fue la que fundamentalmente padeció las consecuencias de estas medidas coercitivas. Encontré, por ejemplo, que a raíz de la aplicación de sanciones contra Irak, la ayuda humanitaria y los recursos derivados del programa "Petróleo por alimentos" que recibió ese país, fueron manipulados por Sadam Husein para favorecer a ciertos grupos sociales y para castigar a otros, como los kurdos.

Creo que también es interesante ver el caso cubano. En este caso creo que las sanciones le han hecho más daño al sancionador porque le impide a Estados Unidos tener relaciones normales con Cuba y eso le permite a Fidel Castro justificar el estado deficiente de cosas que tiene el país. Siempre se le puede decir a la población cubana: "No es mi culpa, es culpa de las sanciones." Entonces el costo político se le transfiere al emisor de las sanciones.

A grandes rasgos pienso que hay una percepción errónea sobre el uso de sanciones, hay poca experiencia sobre ellas a pesar de que se han aplicado desde antes de Cristo.

AR: Desde los griegos.

MCR: Sí. Pero a pesar de que han sido un recurso permanente en la historia de la humanidad hay poca experiencia en su manejo, todavía menos respecto a cómo lograr su efectividad. Son muy contados los casos en los que podríamos realmente hablar de que las sanciones efectivamente cumplen con sus objetivos.

AR: En el mundo global en el que vivimos, las empresas trasnacionales llegan a tener un gran poder que llegan a saltarse las sanciones que imponen los gobiernos nacionales, como lo destaca en su libro. ¿Qué influencia han tenido estas grandes empresas en definir las sanciones, a quién sancionar y cómo se le sanciona?

MCR: Mucha, y esa influencia es creciente. Por ejemplo, algo que detecté mientras hacía la investigación es que en el gobierno de Estados Unidos ha habido una fuerte presión de corporaciones relacionadas con el sector de alimentos y medicinas para que en las políticas de sanciones que aplica Estados Unidos queden exentos los alimentos y las medicinas.

Los corporativos de industrias de alimentos en Estados Unidos alegan que las sanciones que ese país aplica a diversas naciones en el mundo les generan enormes pérdidas, y que además es moralmente inaceptable usar los alimentos como un instrumento político para castigar a alguien. Dicho esto último por una corporación me parece un tanto cuanto cómico -no porque no haya corporaciones con responsabilidad social, pero sabemos cómo operan muchos intereses corporativos-.

Me llama la atención que finalmente, sobre todo en la administración de Clinton -y no veo que Bush contradiga esto-, se hayan exentado alimentos y medicinas de las sanciones que aplican los Estados Unidos. El trasfondo no es humanitario. Ellos se preocupan por las presiones corporativas.

Esto es posible para las corporaciones porque en una era de globalización como en la que vivimos son grandes protagonistas -incluso han sido denominadas por algunos autores como los "motores de la globalización"-.

Algo que también sostengo en el libro es que el poder económico en este momento es el principal instrumento para obtener el poder político. De ello resulta que las corporaciones tienen un enorme poder económico. De hecho yo comparaba los activos de ellas respecto al PIB de muchos países y resulta impresionante ver General Motors supera a muchos países de América Latina, e incluso de naciones desarrolladas. Eso es poder económico, y les permite a las corporaciones ejercer presión sobre un gobierno como el estadounidense para que modifique su estructura en materia de sanciones. Esa es una arista que veo respecto a las corporaciones.

Hay otra más. Encontré también que, por ejemplo, un gobierno puede decretar sanciones contra otro país, pero las corporaciones a menudo ignoran su aplicación porque tienen su propio circuito de distribución y sus propios mecanismos de operación. Incluso en la Guerra Fría había una serie de controles de exportación de tecnologías sensibles respecto a la Unión Soviética y Europa Oriental, tecnología que fabricaban los occidentales y que no querían que cayeran en manos de sus adversarios. Pero resulta que hay corporaciones que, simplemente por su propio poder económico y por la dinámica de negocios que tienen, hicieron tratos con la URSS y la Europa Oriental. Hay la anécdota que en una ocasión una empresa noruega y una empresa japonesa le vendieron sistemas propulsores a los soviéticos que les permitió desarrollar un submarino estratégico que iba a rivalizar con los submarinos norteamericanos. Esto pese a que Noruega y Japón eran aliados de los Estados Unidos en la Guerra Fría.

Esas son las paradojas del poder corporativo.

AR: Grave situación: las corporaciones no pueden ser controladas por los Estados, pero si pueden influenciar decisivamente a los gobiernos.

Respecto a las sanciones "inteligentes", que son dirigidas contra las elites gobernantes de las tiranías y dictaduras. ¿Se han aplicado? Si es así, ¿han sido eficaces?

MCR: Sí se han aplicado. El mejor ejemplo son las disposiciones para congelar las cuentas bancarias de líderes. Recuerdo que cuando se identificó a Osama Bin Laden como responsable de los atentados del 11 de septiembre se conminó a todas las naciones a congelar sus activos y cuentas bancarias, así como los de su familia. Esto también se hizo con la elite gobernante en Haití y en otros casos.

La denominación de sanciones "inteligentes" es muy polémica porque sugeriría que si lo son pues las otras son "tontas". Las "inteligentes" han tenido tres etapas: la primera, llamada Interlaken, se da en Suiza con la idea de desarrollar sanciones que castiguen las cuentas bancarias de personas específicas en lugar de castigar a toda la población. La segunda etapa se desarrolla en Alemania, el proceso Bonn-Berlín, que es sobre todo para analizar las sanciones contra armas -dirigidas contra las fuerzas armadas de los países castigados- y sanciones de viaje -en las que se trata de negar entrada o visa a determinadas personas-. La tercera es la que desarrolla Peter Wallensteen -que hizo una introducción a mi libro-, el proceso de Estocolmo. Él dice que la denominación de sanciones "inteligentes" no es muy correcta porque se presta a malos entendidos y propone llamarlas sanciones "dirigidas" (targeted sanctions). Lo que está haciendo es operativizar los acuerdos de Interlaken y de Bonn-Berlín, porque en los casos anteriores se sugirió que, por ejemplo, las sanciones financieras podrían ser las más deseables para castigar a una parte de la población, pero no a toda. Lo mismo con embargos de armas y sanciones de viaje.

Wallensteen ve que hay muchas dificultades para operativizar las sanciones. Por ejemplo: cuando se decreta una sanción financiera y se plantea congelarle la cuenta bancaria a alguien, el proceso de consenso para congelar la cuenta toma varios días, mientras que en este mundo globalizado la persona que va a ser sancionada puede, en cuestión de minutos, vía internet, transferir recursos de un lugar a otro y puede evitar que sus cuentas, sus intereses, se vean afectados.

Realmente es muy sencillo hablar de sanciones inteligentes, pero en la práctica hay muchos factores que inciden para que no funcionen.

Otra cosa importante: me dio cierta frustración una cosa que también resulta cómica el hecho de que encontré análisis de expertos en el proceso de Bonn-Berlín sobre sanciones "inteligentes", en los que se afirma que éstas nunca han funcionado. Esa es su conclusión.

Pero yo creo que es una noción apropiada a juzgar por el daño que se la ha hecho a la población en Irak, porque se quería sancionar a Sadam Husein, y en realidad se castigó tremendamente a aquélla. La idea de sancionar al responsable, al mal líder, al mal gobierno, me parece apropiada. Lo que no me gusta es que hay muchos vacíos para operativizar estas sanciones y encima de todo las evidencias históricas que tenemos al respecto reportan que no funcionan.

AR: En los tres procesos en los que se han analizado las sanciones ha habido una ausencia notable, como usted lo señala: la de los sancionados. ¿Por qué no han participado?

MCR: Esa es una excelente pregunta. ¿Por qué no han participado? Porque quienes generalmente sancionan son los países poderosos. Vivimos en un sistema internacional donde el poder está desigualmente distribuido y las sanciones son un mecanismo para ejercer el poder. Quienes pueden ejercer las sanciones de mejor manera son los más poderosos, valga la redundancia. Por eso Estados Unidos es el campeón de las sanciones: sanciona hasta a sus aliados, amigos. A nosotros nos está reactivando un embargo atunero, y somos un país amigo; ni nos estamos aliando con sus enemigos, ni estamos asumiendo una conducta que afecte negativamente sus intereses. Pese a eso, nos sancionan.

Planteo esa situación porque en un mundo ideal, en el que se buscara efectivamente contar con elementos alternativos al uso de la fuerza, lo deseable es que también los pequeños, los subdesarrollados, los pobres, pudieran recurrir a este tipo de mecanismos. Pero desde la noción misma de sanciones "inteligentes", una de mis crítica es que todos los procesos para analizarlas es que todos han sido en países desarrollados: Interlaken, Suiza; Bonn-Berlín, Alemania; y Estocolmo, Suecia. Me encantaría un proceso Puerto Príncipe, Haití, en Pretoria, Sudáfrica, con países que han sido sancionados y que tienen toda la experiencia para señalar equivocaciones y recomendar cosas que puedan funcionar.

En fin. Falta la visión del sur, multilateralizar la noción de sanciones y sacarla de un aspecto que absurdamente cae en la confrontación Norte-Sur, donde el primero sanciona y el sur es sancionado.

AR: Esto deja ver con claridad un aspecto crucial. Mientras las Naciones Unidas hablan de la igualdad entre los Estados, en realidad los países desarrollados sancionan a los débiles. En este sentido las sanciones han obedecido a un sistema internacional profundamente injusto. ¿Han sido injustas las sanciones?

MCR: Eso de injusto es como cuando se habla de guerras justas e injustas. Yo no creo que haya guerras justas. No sé si le podríamos poner esas adjetivaciones a las sanciones, pero siento que falta reflexionar más sobre ellas, falta operativizar la forma de sancionar al culpable en vez de castigar a toda una nación, y falta sancionar en los países desarrollados a quien se porta mal.

Me acuerdo mucho cuando Haider en Austria obtuvo una victoria electoral, recibió el rechazo de todos los países de la Unión Europea. Literalmente se congelaron visitas, hubo muchas declaraciones de distintos líderes europeos en el sentido de congelar la relación con Austria, etc. Sin embargo, esto nunca se tradujo en sanciones más allá de la condena moral.

Si hay sanciones entre países desarrollados generalmente se queda en el plano de la condena moral. Esto quiere decir: hacer daño, pero no tanto. Mientras, a otros se les aplican sanciones amplias, se embarga, se bloquea, e inclusive, como en el caso de Irak, se aplican sanciones y se hace la guerra simultáneamente, lo cual me parece una aberración. Eso cuando las sanciones estaban llamadas a ser la alternativa a la guerra.

AR: Hay otra contradicción que señala el libro: las sanciones se aplican contra gobiernos que amenazan la paz mundial y la seguridad internacional, pero eso mismos castigos atentan contra la seguridad humana, contra los niveles de vida de grandes poblaciones, lo que puede afectar las mismas condiciones de paz y seguridad. Ambos aspectos están en normas jurídicas internacionales. ¿Cuál de los dos debe prevalecer: la sanción o el respeto humanitario?

MCR: Ese es un dilema muy serio, porque nos estamos moviendo en el plano del análisis de las relaciones internacionales de una noción estatocéntrica a una noción donde vemos a los otros actores de la escena internacional y a los que existen dentro de un país.

Tradicionalmente se decía: "Hay que sancionar a Sudáfrica porque allí se aplica el apartheid, que es una situación aberrante." Pero en una noción estatocéntrica tal pareciera que en todo Sudáfrica hay racismo y que todos comparten el pensamiento del apartheid. Pero en realidad la sociedad sudafricana era estratificada, había una población blanca minoritaria, negra mayoritaria, y diferentes posiciones entre ambas.

La noción estatocéntrica nos impide ver los matices que hay dentro de las sociedades. Por eso cuando hablamos de sanciones hay que ser muy cuidadosos, porque gran parte de la aplicación de las sanciones se ha guiado por la concepción realista política del mundo, en donde se asume que el castigado es un Estado y no se considera a los componentes del Estado ni el impacto diferenciado que las sanciones va a tener dentro de ese Estado.

Por eso, cuando vemos el caso de Irak, salía a relucir que el que tendría que salir más afectado -Sadam Husein y su elite de amigos y parientes- no resultaban tan afectados, y sí en cambio los kurdos, ciertos estratos de la sociedad iraquí, etc.

Creo que parte del problema, insisto, estriba en que todavía pensamos al mundo en los Estados como si fueran monolitos. En realidad no lo son, sino que son un conjunto de factores, individuos y matices que tendríamos que estar analizando porque si lo hacemos cuidadosamente entonces a lo mejor sí nos funciona la noción de sanciones "inteligentes".

Si estamos diferenciando al sector que gobierna -al sector que hace daño, al que reprime y viola derechos humanos-, del resto de la sociedad, entonces quizá podamos idear políticas más apropiadas para castigar a esa entidad y no a toda la población.

AR: ¿En las Naciones Unidas cómo se ha definido a quién sancionar, para establecer quiénes amenazan la paz mundial y la seguridad? Usted anota que hay mucha subjetividad en ello. ¿Hay alguna línea definida? A mí me parece que una de las primeras es que el sancionado sea un país débil.

MCR: Es ambiguo. Siempre aplicar una sanción tiene presente la posibilidad de una contrasanción. Si la entidad a la que se sanciona es demasiado débil, su capacidad de contrasanción va a ser pequeña y no afecta tanto.

Pero sí tenemos que decir que en el caso de la ONU en realidad vemos históricamente pocas sanciones aplicadas porque para que pueda sancionar tiene que haber consensos, aprobación de una parte importante de la comunidad internacional. Ésta, por supuesto, tampoco es un monolito, también hay intereses. Hay muchos factores que hacen difícil para la ONU generar consenso en torno a la aplicación de sanciones. Quizá el único que puede formar es a partir de castigar a un país que se porta mal, pero que es excesivamente débil como para dar una respuesta o una contrasanción que afectara negativamente a los miembros de la ONU. Ese puede ser un criterio, ciertamente.

AR: Aunque Irak era una nación no propiamente débil, sino una poderosa nación petrolera, con un ejército fuerte. ¿Qué fue lo que ocurrió en este caso particular?

MCR: Allí las sanciones tuvieron dos objetivos. El primero, el de las sanciones del 6 de agosto de 1990, era lograr que Irak saliera de Kuwait. Ya que se hizo la guerra y se logró lo anterior (con las sanciones vigentes durante toda la guerra), se hizo una nueva resolución en la que se establece que el objetivo de las sanciones ya cambió: ahora se trataba de evitar que Irak desarrolle armas de destrucción en masa.

Estoy de acuerdo en que todo país que desarrolle armas de destrucción masiva es una amenaza a la seguridad internacional. Vivimos en un país como México que ha enarbolado el desarme como una prioridad en su política exterior.

Lo que no comparto es algo que me parece sumamente grave, y que denunció el señor Hans Blix: el hecho de que Estados Unidos y Gran Bretaña falsificaron documentación sobre la presunta existencia de armas de destrucción masiva en Irak, para poder hacerle la guerra.

Esto es gravísimo, porque si a esas vamos y se va a sancionar a quien tiene proyectos para desarrollar o ya tiene armas de destrucción en masa, pues Israel -con todo respeto- tiene una política de la opacidad en esa materia. Esa política es un concepto muy inteligente de los israelíes, ya que denota que ese Estado desarrolla su proyecto nuclear; cuando le preguntan no niega que lo tiene, pero por otro lado no afirma tajantemente que lo desarrolla. Si hiciera esto último, alimentaría una carrera armamentista desenfrenada en Medio Oriente, y una búsqueda de todos los países árabes por contar con el dominio del secreto nuclear.

AR: De hecho, en los últimos días hubo una propuesta de Siria en la ONU en el sentido de no nuclearizar la zona.

MCR: Exactamente. Sadam Husein en la primera Guerra del Golfo arrojó proyectiles contra Israel para tratar de convertirla en un conflicto árabe-israelí, lo que finalmente no logró.

Pero si la idea es castigar a todo el que prolifera con armas de destrucción en masa, mi opinión es que se debió haber castigado a Corea del Norte. Ésta se salió del tratado de no proliferación de esas armas, que es algo inaudito. Salió con todo el descaro, y además Kim Yong Il todo el tiempo dice: "Estamos desarrollando tal proyecto nuclear, haciendo nuevos misiles." Lo hace con descaro y desenfreno.

Y sin embargo, al que se le hace la guerra es a un país en el que hasta ahora no se han encontrado las dichosas armas de destrucción en masa. Agreguemos en este sentido la anterior declaración de Hans Blix de alteración de la información. Eso creo que ya raya en lo absurdo, en un abuso del poder, en aras de promover los intereses del país hegemónico. Por otra parte, hay que recordar que esta guerra contra Irak se decidió al margen de la ONU.

AR: Pero Corea del Norte no es propiamente amiga de los norteamericanos. ¿Qué factores operan para que no sea castigada?

MCR: China. Hacerle una guerra a Corea, hacer un despliegue de tropas, sería generar un conflicto de enormes proporciones con China, que es una potencia nuclear y el país más poblado del mundo, que considera a Corea del Norte como parte de su zona de seguridad.

Todo el desarrollo del proyecto nuclear norcoreano originalmente fue hecho en cooperación con la Unión Soviética. Entonces hay mucha información e inteligencia estratégica que posee Rusia, y que obviamente no va a compartir con Estados Unidos.

AR: Hubo otro proceso que se dio en los Estados Unidos, y que está bien expresado en la declaración de Colin Powell en el sentido de que sacarían a las sanciones de su repertorio de política exterior. ¿A qué se debió la deseconomización de las sanciones y la militarización de las sanciones económicas?

MCR: Pienso que mucho es resultado de la presión de las grandes corporaciones dentro de Estados Unidos, por la percepción de que las sanciones que aplica Estados Unidos les hacen perder mercado.

Recuerdo que siendo Clinton presidente fue cuando se puso fin al embargo contra Vietnam. Había un asunto muy delicado por el cual Estados Unidos no había normalizado las relaciones con ese país, que era el de los prisioneros, los missing in action, los soldados norteamericanos que se habían perdido en combate en la guerra y que no han aparecido. Se presume que están en algún lugar en Vietnam, o están arrestados y los están torturando, etc. Después de tantos años seguían con eso. En Estados Unidos hay asociaciones de veteranos de guerra que presionaron para que no hubiera tratos comerciales con aquel país. Lo interesante es ver quién pudo más: si los veteranos o las corporaciones. Éstas adujeron que estaban perdiendo los mercados del sureste de Asia, y que si no se levantaba el embargo Japón iba a dominar la región. Entonces Clinton decide poner fin a todas las sanciones que se habían decretado contra Vietnam y restablece relaciones diplomáticas aún cuando el tema de los perdidos en combate no se ha solucionado. Pudo más la razón de mercado que la razón de Estado.

Por analogía, pienso que por la misma razón fue por lo que poco tiempo Bush flexibilizara el envío de alimentos y medicinas a Cuba: presión de las corporaciones norteamericanas de alimentos y medicinas.

También me he topado con muchos estudios que ha mandado hacer el Congreso de Estados Unidos y también su Comisión de Comercio Internacional, sobre la pérdida de mercados que a ese país le implica la aplicación de sanciones. Allí hay datos muy interesantes. Hay casos en los que las sanciones aplicadas le implican más pérdidas económicas a ellos que a los sancionados.

Pienso que en realidad lo que hace Estados Unidos por presión de las corporaciones es un análisis costo-beneficio: ¿qué le resulta más costoso: aplicar la sanción o no aplicarla? Creo que es eso.

Por eso me parece tan relevante el poder económico que poseen las corporaciones, porque ellas mueven mucho este tipo de decisiones.

AR: ¿Qué impacto tendrá la invasión de Irak por los Estados Unidos y la Gran Bretaña sobre las sanciones?

MCR: Estaba pensando que si Irak no tiene armas de destrucción masiva -porque nadie las encuentra y por lo que ha dicho Blix-, entonces las sanciones sí cumplieron su objetivo. Las primeras fueron para expulsarlo de Kuwait, lo que ocurrió no por las sanciones, sino por la guerra. Con la reconfiguración de las sanciones, el castigo siguió debido al supuesto hecho de que Irak tiene armas de destrucción en masa. Yo recuerdo que hubo inspecciones de la Agencia Internacional de la Energía Atómica hasta 1998, que es cuando Hussein expulsa a los inspectores por una razón muy simple: los inspectores iban a terminar de revisar todas las zonas identificadas como probables lugares donde podría haber ese tipo de armas, y en ese momento, misteriosamente, los Estados Unidos y Gran Bretaña hacen un raid aéreo y bombardean muchas posiciones iraquíes. Se enoja Hussein y dice: "Se me van los inspectores, porque no se vale que me den palos cuando yo estoy cooperando."

A mí lo que me llama la atención es que los inspectores, a punto de terminar su trabajo, no habían encontrado grandes evidencias.

AR: Años después Powell presentó unas grabaciones como evidencias.

MCR: Yo estaba en Washington cuando se presentaron ante el Consejo de Seguridad las evidencias "concluyentes" por parte de Estados Unidos, y recuerdo haber hablado con una persona de MAPI -uno de los servicios de inteligencia que toma fotografías desde satélites que monitorean al mundo-. Me dijo que las fotografías que estaba presentando el gobierno norteamericano en el Consejo databan de diez años atrás.

Eso se me hace escandaloso. Obviamente diez años atrás puede que haya tenido las armas, pero posteriormente las desmantelan. Allí es clave la labor de los inspectores.

No me gustaría estar en los zapatos de Hans Blix, pero el tiene un conocimiento mucho más amplio sobre este problema, y seguramente sabrá -esa es mi teoría- que no había tales armas porque ya estaba muy mermada la capacidad de Irak para desarrollarlas.

Si se comprueba esto, si Blix abre más la boca y nos explica más lo que está pasando, se podría decir que las sanciones cumplieron con su función.

AR: Entonces fueron exitosas.

MCR: Exacto. Y eso llevaría a replantear todo el esquema de sanciones y el concepto mismo de diplomacia de la coerción.

Si estamos equivocados, si en alguno de estos días se encuentra un gran laboratorio donde Hussein fabricaba esas armas, entonces podríamos concluir que las sanciones fracasaron y también llevaría a una reconfiguración de la noción de sanciones. En ambos casos estamos ante un replanteamiento severo sobre el papel de las sanciones en las relaciones internacionales.

Hay que decir que Irak ha sido un caso paradigmático para las sanciones en la posguerra fría, porque es el único país -salvo los Balcanes por muy corto tiempo- al que se le aplicaron sanciones tan amplias y de manera tan contundente en toda la historia de la humanidad

AR: ¿Ni Cuba?

MCR: Ni Cuba porque allí las sanciones son unilaterales, no es el conjunto de los países del mundo.

AR: Irak también es la mejor muestra de que las sanciones no garantizan la paz. El que quiera hacer la guerra la va a hacer.

MCR: Claro. Es otra vez la relación costo-beneficio. Si yo sé que me van a sancionar, pero yo ya hice mi ecuación costo-beneficio, y el beneficio que voy a obtener por portarme mal es mayor, me lanzo y lo hago. Así es la política del poder.

Que a veces le falla el cálculo a los señores, también ocurre. Está el caso de Galtieri en las Malvinas. Él calculó que tomaba las Malvinas y resolvía el problema interno de falta de legitimidad, de crisis económica, etc. Pensó que Estados Unidos iba a permitir a Argentina tener el control de las islas. Cálculo erróneo.

Es muy importante también si el cálculo es apropiado o es erróneo. Dicen que Hitler, cuando decide tomar tanto la parte oriental como la occidental de Europa, tuvo un error de cálculo, porque debió haber ido sobre una sola y no dividir sus fuerzas.

Si es un cálculo erróneo, puede ser catastrófico. Si es apropiado, adelante.

AR: Menciona usted que hay una sancionitis, especialmente por parte de los norteamericanos, lo que ha hecho que este mecanismo pierda eficacia. ¿Se podría establecer un buen régimen de sanciones internacionales en el mundo contra los países que amenazan la paz y la seguridad? ¿Qué cambios habría que introducir?

MCR: Lo que pasa es que no existe un régimen de sanciones como tal. Estaría a favor de que se estableciera, aunque no sé si se pueda en las condiciones actuales porque siento que la ONU tiene una especie de parálisis. Estaba revisando que sólo ha habido una resolución del Consejo de Seguridad sobre Irak en todo este año, y fue para restablecer el programa "Petróleo por alimentos."

AR: Y aún estaban discutiendo si se levantaban o no las sanciones.

MCR: Ese es el debate más absurdo con que yo me haya topado, porque antes de hablar de si se levantan o no las sanciones, hay que encontrar las armas de destrucción en masa. Esa fue la motivación para sancionar a Irak y para hacerle la guerra. Si no las hay, Estados Unidos está ante serios problemas.

Yo sí propondría el establecimiento de un régimen de sanciones y que estuviera a cargo de la ONU. No me parece que deba ser un régimen auspiciado por Estados Unidos -a pesar de su sancionitis-, porque ninguna de las naciones del mundo tiene los intereses que ellos tienen. Ellos siempre recurrirán y abusarán de las sanciones, que no es la situación para el resto de la comunidad internacional. Citaba el caso de Canadá, que nos parece una nación muy desarrollada, con amplios márgenes de maniobra; pero, por lo que me dijeron funcionario del servicio exterior de ese país, ellos están en contra de las sanciones unilaterales porque consideran que es más legítima una sanción multilateral al amparo de la ONU, y también porque el potencial de contra-sanción disminuye sustancialmente si se logra tener un consenso en la aplicación de las sanciones. Si un país como Canadá piensa así, habría que ver cómo piensan países pobres, en desarrollo.

Yo creo que un régimen de sanciones nos permitiría involucrar a sancionadores tradicionales y a sancionados en una serie de planteamientos que serían muy enriquecedores para estructurar, como algunos han sugerido, una especie de Consejo de Seguridad, pero sobre sanciones. Hay comités de sanciones dentro de ese Consejo, pero son muy deficientes. A juzgar por las evidencias que tenemos sobre la forma en que han funcionado, hay un aspecto de discrecionalidad que no me gusta.

A principios de año estuve en Nueva York, me entrevisté con algunos diplomáticos, y algunos funcionarios me mostraron documentos de circulación restringida del Comité de Sanciones sobre Irak. En ellos se demuestra que Estados Unidos y la Gran Bretaña boicotearon el ingreso de una serie de productos a Irak, puesto que el Comité tiene que monitorear todo lo que interesara a Irak para garantizar que éste no adquiriera bienes que no tuviera uso dual, que no pudieran ser empleados con fines civiles y militares.

Resulta que en este comité los Estados Unidos y la Gran Bretaña bloquearon la entrada de bienes esenciales, desde mecanismos de purificación de agua, hasta pelotas de ping pong, etc, de cosas que son absurdas -no veo el uso dual de una pelota de ping pong-.

Pero eso no es lo más grave. Los documentos sugerían algo que me parece terrible y frustrante, que es el hecho que estos países bloquearan a posibles proveedores que no fueran estadounidenses y británicos. Eso creo que raya en la perversidad: usar el régimen de sanciones para abrir mercados de sus corporaciones. No entiendo por qué se ha denunciado.

Sé que hay un problema político, pero sí hay que decirlo: a mí me dejó muy preocupada esta situación, y a mí me parece que las sanciones contra Irak han sido motivo de mucho discrecionalidad, y debe llegar a su fin.

Necesitamos crear una estructura de sanciones que sea más transparente y que nos pueda rendir cuentas a todos los miembros de la comunidad internacional. De otra manera, estamos cayendo en perversiones de la política del poder que son inaceptables.

AR: Con esto termino mi interrogatorio. Bastaría agregar saber si para usted haya algún asunto relevante que hayamos ignorado, esta es la oportunidad de expresarlo.

MCR: Estados Unidos propuso el fin de las sanciones contra Irak. Creo que nuestro representante ante el Consejo de Seguridad, Adolfo Aguilar Zinser, fue muy congruente al decir que primero hay que evaluar la razón de ser de estas sanciones y los objetivos que se pretendía cumplir con ellos, y echarle un vistazo al programa "Petróleo por alimentos."

Estados Unidos ha anunciado que este programa tampoco tiene razón de ser, que hay que ponerle fin -me imagino que hay una opresión fuerte de las corporaciones petroleras-. Están pidiendo el fin de las sanciones. Rusia se opuso a las sanciones porque es echar por tierra toda la argumentación que se hizo alrededor de las armas de destrucción masiva que tiene Irak.

El tema de sanciones se ha convertido en motivo de rapiña por parte de diversos países, sobre todo los que tienen intereses económicos muy conocidos en Irak, como serían Rusia y Francia.

Por eso creo que va a ser importante replantear no sólo a la estructura de Naciones Unidas que queremos tener, sino sobre todo plantear un mecanismo de sanciones que sean motivo de un escrutinio internacional y donde intervengan más países. Quizá los países que han sido sancionados en el pasado nos puedan ilustrar con sus experiencias para evitar que este sea un sistema tan injusto y tan manipulado por intereses tan oscuros.



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