| Portada | Directorio | Buscador | Álbum | Redacción | Correo |
|
|
|
| 26 de marzo del 2003 |
La Insignia (*). España, marzo del 2003.
Toda guerra tiene siempre un componente económico y otro geopolítico, sin que sea posible desentrañar con frecuencia si es uno u otro factor el preponderante en el desencadenamiento del conflicto. En el caso de la guerra de Irak, sin embargo, además de las motivaciones de quienes participan directamente en la contienda (Estados Unidos y Gran Bretaña), habría que analizar las causas del apoyo del gobierno española a dicha intervención militar.
En mi opinión caben pocas dudas que el apoyo no es tanto a la guerra contra Irak, sino a la posición de Estados Unidos; si este país hubiera rechazado la intervención de por ejemplo tropas francesas y rusas en Irak, es seguro que el gobierno español estaría alineado con las posiciones no intervencionistas. Por tanto, para explicar la posición española, no hay que recurrir al conflicto en sí, sino al alineamiento con Estados Unidos. Y este se explica a su vez tanto por los aliados preferidos por Aznar, como por los contrincantes en esta batalla político-diplomática: Francia y sobre todo, Alemania. Las causas del alineamiento de Aznar con Estados Unidos se resumen en dos: el papel político y económico reservado a España tras la ampliación de la UE hacia Europa central y oriental, y el peso de Estados Unidos en la principal región de inversión de las multinacionales españolas, América Latina. Y esta reorientación de los esfuerzos político-diplomáticos no es un fenómeno nuevo, que Aznar se haya sacado de la manga en el momento en que España se incorpora al Consejo de Seguridad de la ONU, sino que es una decisión estratégica que comienza a tener efectos desde 1999, aunque nunca haya sido debatida ni por los medios de comunicación, ni en ámbitos más cualificados, políticos o académicos -lo cual dice mucho sobre las carencias de la cultura política y de la democracia en España-. El desencuentro con Alemania Desde la primera legislatura de gobierno del PP, el desencuentro marcó las relaciones con Alemania, el auténtico motor de la UE. Hay una razón político- personal: Felipe González mantiene relaciones de estrecha amistad con el dirigente de la democracia cristiana alemana Helmut Kohl, y también con varios líderes de la socialdemocracia. Por ello, Azar, que llegó al gobierno tras provocar una dura campaña de desgaste personal de González, se encontró con una fuerte desconfianza por parte de los gobernantes y del principal partido de la oposición germanos. Ello se tradujo en la pérdida de protagonismo de España y de sus intereses en el rediseño de la futura Europa ampliada. En el terreno económico, las inversiones alemanas -y en menor medida, también las francesas- se orientan hacia los países del Este de Europa (Polonia, Hungría, Chequia y Eslovaquia) y se reducen en España. Por eso, desde hace varios años se está produciendo un proceso de desinversión en España y reinversión en el Este de Europa, que afecta a ramas enteras (por ejemplo, el sector de contadores e interruptores eléctricos industriales ha desparecido completamente de España; la última empresa, una multinacional frances, cerró su planta en Barcelona hace un par de meses, para reinstalarse en Hungria) y amenaza al principal generador de empleo en España, como es la industria de automoción. Así, la Volkswagen ya ha comenzado a incrementar la producción de su filial checa Skoda, incluso desplazando parte de la producción de su filial española SEAT. Las inversiones de Renault o de Citröen en España también se están resintiendo de la concentración de inversiones en Francia y de la orientación hacia los países del este de Europa. Un sector estratégico en España como es la pesca también ha sido mal tratado por la UE. La pérdida del acuerdo con Marruecos para la explotación de sus pesquerías se debió en gran parte al desinterés de la UE por mantener un acuerdo que beneficiaba casi exclusivamente a los pesqueros españoles (400 barcos sobre 447 comunitarios, eran españoles). Mientras la UE proponía solamente mantener unos 150 millones de euros anuales de compensación monetaria, Japón estaban construyendo dieciséis puertos pesqueros, dando capacitación profesional en pesca y construcción naval a los marroquíes y aportando ayudas, mientras se mantenía el acuerdo con la UE, que no vencía hasta noviembre de 1999, por importe superior a los 50 millones de euros al año. La puntilla del asunto, cuando en octubre de 2001, desaparecida ya cualquier posibilidad de acuerdo, la UE anunció que dos tercios de la partida destinada a sufragar el acuerdo pesquero con Marruecos se destinaría...¡a la reconstrucción de Afganistán tras la guerra! Los agravios sufridos por España no terminan ahí: la ampliación de la UE va a suponer la desaparición de los fondos estructurales, que han sido el principal instrumento de asignación de fondos de inversión al menos desde 1988, sin que la UE se haya preocupado lo más mínimo por establecer no ya fondos alternativos, sino ni siquiera un marco de políticas que mantenga cierta orientación a las inversiones en infraestructura en nuestro país. A España se le dejó claro que tan solo le iban a corresponder las migajas que caigan de la mesa francesa de los fondos de la Política Agrícola Común. En el plano político, un primer amago de otorgar a España unos pocos votos más que a Polonia en la futura UE ampliada quedó en agua de borrajas: España pasará a tener el mismo peso político que la patria de Rosa Luxemburgo. O de Karol Woityla. La humillación continúa cuando el comisario europeo de industria Bangemann se incorpora a la alta dirección de Telefónica: el escándalo en Bruselas fue mayúsculo. En realidad, lo que hizo el comisario europeo fue lo mismo que sus predecesores y sucesores: el paso de la alta dirección en las multinacionales a cargos de alta responsabilidad en la Comunidad Europea, y viceversa, es bastante común (por ejemplo, Leon Brittan, el otrora todopoderosos comisario de comercio y vicepresidente de la CE, tras su retiro en 1999, fue nombrado inmediatamente vicepresidente del banco de inversiones de USB-Warburg, o el actual director general de política regional, Eneko Landaburu, trabajó anteriormente como director de un instituto de investigaciones -IRM-, dedicado al lavado de imagen corporativa de la Nestlé). Salvo que en este caso, la multinacional es de capital español. En realidad, lo que el gobierno español ha sido incapaz de negociar es un lugar en la división europea del trabajo diferente al que habían diseñado las fuerzas vivas de la UE para este país: residencia playera para veraneantes franceses y jubilados alemanes, centro de suministro de verduras y frutas y fabricación de algún componente industrial que otro, de bajo valor añadido. En consecuencia,. El peso de la inversión francoalemana en España durante la última década ha sido más bien escaso.
La participación en el saqueo del tercer mundo La inviabilidad competitiva de la mayoría de las empresas españolas forzó la búsqueda de nuevas fuentes de beneficio. El proceso de privatizaciones en América latina brindó una oportunidad de oro para apropiarse del patrimonio social empresarial en muchas países, en sectores como la banca, transportes, comunicaciones, pensiones.... En el proceso de privatización del capital social español, el PP se apoderó de dos "buques insignia" del capitalismo hispano, presentes en dos sectores estratégicos de la economía mundial: Telefónica y Repsol. La diplomacia española se puso al servicio de la internacionalización de estas dos empresas -y por supuesto, del capital financiero local. Mientras el capital alemán y francés desinvierte en España y traslada una parte sustancial de sus inversiones hacia los países de Europa del Este, para aprovechar la existencia de una brecha entre productividad y salarios superior a la española, el capital hispano se traslada masivamente hacia América Latina. Entre 1993 y 2001, las inversiones brutas españolas en Latinoamérica alcanzan un volumen de 112.200 millones de euros; un 43,5% de las inversiones españolas en el extranjero. Por el contrario, las inversiones en los países de Europa Central y Oriental (PECOS) solo representan el 0,7% del total. La estrategia del capital español en América Latina es básicamente depredatoria: minimizar el coste de la inversión y repatriar la mayor cantidad posible de excedente en el menor tiempo. Por eso, las rentas de inversión aumentaron en torno a un 35% al año en 2000 y 2001, representando un volumen equivalente al 3,5% del PIB español.
El amigo americano Esta evolución de las inversiones exteriores representaba un problema complejo para la gestión de la balanza de pagos española. Siendo tradicionalmente deficitaria en términos comerciales (el comercio exterior española registró un déficit entre 1999 y 2001 de más de 123.000 millones de euros), necesariamente se debe compensar con una entrada de capitales, so pena de entrar en cesación de pagos. Pero en ese mismo trienio, las empresas españolas estaban comprando a precio de saldo los activos públicos y privados en América Latina, de modo que las inversiones españolas en el exterior totalizaban cerca de 213.000 millones de euros (de ellos, 94.000 en Latinoamérica), y las entradas de inversión alemanas y francesas solo alcanzaban13.500 millones. Si salen divisas por el déficit comercial, no pueden salir al mismo tiempo por inversiones en el extranjero, salvo que alguien compense esas salidas con entradas de un volumen similar. Y va a ser precisamente EEUU quien juegue ese papel. Las inversiones provenientes de Estados Unidos pasaron de representar en torno a 1.000 millones de euros al año entre 1993 y 1998 a 11.100 millones en 1999 y ¡27.254 millones de euros tan solo en 2000!. En el trienio que estamos analizando, las inversiones brutas norteamericanas alcanzaron los 46.600 millones de euros. A esa cifra hay que añadir las importantes inversiones procedentes de Canadá, en gran parte también de empresas norteamericanas, e incluso el importante volumen de inversión procedente de otros países de la UE, en particular Holanda y Gran Bretaña: al margen de Francia y de Alemania, la UE inyectó 74700 millones. Una gran parte de esas inversiones financieras proceden de fondos de inversión y de empresas estadounidenses localizadas en dichos países. Para ver la importancia de esta inyección de capital de EEUU, basta comparar la relación entre balanza comercial e inversión financiera con los tres principales "socios" de la economía española.
Mientras que la inversión de Francia y Alemania ni siquiera compensa el desequilibrio comercial bilateral, las aportaciones procedentes de EEUU son 5,5 veces el importe del déficit comercial con ese pais. ¿A que obedece ese cambio de comportamiento de las inversiones norteamericanas a partir de 1999? Esa aparente "apuesta" por la economía española resulta aun más sorprendente si recordamos las protestas que elevaron algunas multinacionales norteamericanas hace un par de años ante lo que ellas consideraban una presencia "excesiva" del capital español en el proceso de privatizaciones latinoamericano, en pleno "patio trasero" de la potencia americana. En una visión muy comercial de las relaciones internacionales, Estados Unidos concibe las relaciones políticas en términos de intercambio. España pronto comenzó a pagar a Estados Unidos el permiso para invertir en América Latina. La renegociación en términos muy favorables de la presencia militar norteamericana en suelo hispano, incluida la base de rastreo y espionaje aéreo en Mallorca, que casi nunca aparece mencionada. La incorporación plena de España al mando militar de la OTAN, incluida la aportación de un secretario general a la organización. O la actuación abiertamente anticastrista de la diplomacia española, rompiendo una tradición de décadas al respecto. Pero sobre todo, la decisión que señala la desavenencia estratégica con los dirigentes de la UE, es la decisión de vender la empresa pública Santa Bárbara a la multinacional estadounidense General Dinamics por ¡5 millones de euros!. La operación le costó al estado español 150 millones de euros, al asumir las pérdidas de la empresa, invertir unos 25 millones de euros en mejorar la calidad ambiental y el equipo de la empresa. La decisión fue tomada públicamente el 13 de abril de 2000, cuatro meses y medio después de que fracasara la renegociación del acuerdo pesquero con Marrruecos, ante la indiferencia de la UE. Pero lo más comprometido de la operación era que la cartera de pedidos de la empresa, en el momento de la venta, superaba los 1800 millones de euros, en su mayor parte correspondientes al programa de fabricación del carro de combate Leopard, la estrella de la tecnología militar... alemana. La empresa Krauss-Maffei, propietaria de la tecnología, aspiraba a quedarse con la empresa. La decisión del gobierno español obligó a los alemanes a firmar un acuerdo de protección de tecnología con la empresa norteamericana. En los primeros años de gobierno del PP se realizaron otras operaciones similares, aunque de menor calado económico, como la venta de otra empresa tecnológica, Sintel, a un agente anticastrista de la CIA. El intento de golpe de estado en Venezuela fue muy revelador de las nuevas conexiones políticas entre la administración norteamericana y el gobierno español, con la visita, mano a mano, de los embajadores al golpista Cisneros para otorgarle legitimidad internacional. Los intereses españoles y estadounidenses encuentran así un vínculo común, que en lugar de establecer las relaciones en términos de concesiones mutuas, permite un campo de actuación común: el petróleo. En esta línea, el apoyo de Aznar a la guerra contra el régimen iraquí no es más que otro episodio de una alianza que dura varios años y que busca encontrar un espacio de interlocución internacional en el cual los intereses del capital español puedan estar adecuadamente representados. El encuentro con Bush no es más que la otra cara del desencuentro con Schröder. Está por ver si la estrategia política rinde los frutos buscados por Aznar y el capital que representa. (*) De próxima publicación en Noticias Obreras (España). |
||||||