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La insignia
20 de marzo del 2003


Un aniversario marcado por la guerra

La Insignia cumple tres años


__Especial__
EEUU en guerra
Jesús Gómez
La Insignia. España, 20 de marzo.



Hoy, veinte de marzo, La Insignia inicia su cuarta temporada en Internet. Es un aniversario sin celebraciones posibles, marcado por una guerra que sabe de un modo especial a triunfo de la barbarie sobre la razón.

Hace tres años abríamos nuestra primera edición, tras un corto periodo de pruebas, con la necesaria presentación del diario y un texto de un escritor muy querido para nosotros, Italo Calvino: Mirando hacia un futuro de tinieblas. En él, nos sitúa frente al George Orwell que aguarda el inicio de la II Guerra Mundial en un presente de apariencia tranquila. Naturalmente, el autor británico nacido en La India era consciente de la cercanía del desastre; acababa de contemplar con sus propios ojos la tragedia de la Guerra Civil española, y en palabras de Calvino, sabía que el conflicto sólo aportaría «la estabilización del odio, porque en todos los países vencidos o vencedores acabarían por adoptar la misma lógica de fanatismo devastador».

No estamos en 1939, no es éste el mundo de 1939, pero la batalla es casi siempre la misma. Cuando no cambian los factores -el poder, el afán de lucro-, sólo varía su distribución; es decir, las situaciones y los detalles. Se dirá que hemos avanzado, y es cierto; a pesar de circunstancias tan duras como las actuales, se abren nuevas vías en las relaciones jurídicas y en la conciencia de un hecho innegable: sin instituciones internacionales sólidas y democráticas, estamos condenados al papel de Sísifo y probablemente a un final acorde a tanta estupidez. Pero son conquistas insuficientes, que pueden caer o ser anuladas como muchas otras si no cuentan con un alto grado de apoyo y compromiso social.

Los millones de personas que han salido estos días a las calles albergan emociones y razones bien distintas en su repulsa a ese fanatismo devastador. Son manifestación de justa indignación y de protesta, pero no lo serían necesariamente de un principio de ruptura si entre ellas no se vislumbrara ya -y cada vez más- al ciudadano que necesita la especie para cerrar el libro de la era de los imperialismos. Al fin y al cabo, la rabia de hoy puede morir mañana. El impulso se agota y quedan los cadáveres, el reparto del botín y las peores armas de destrucción masiva que se conocen: la pobreza y el hambre. Para dañar la maquinaria debemos empezar a pensar en términos de humanidad, de colectivo, y enterrar las banderas nacionales, de identidades siempre ridículas y -de forma inevitable- asesinas.

La Insignia es, precisamente, un intento diario por tender puentes y romper fronteras desde nuestro ámbito cultural e histórico más cercano, el mundo hispano y lusohablante. Cuando un lector accede a nuestras páginas, accede a un medio de comunicación de perspectiva internacional que no ha tenido nunca más compromiso que la cultura y los derechos humanos. Es fácil de decir y difícil de hacer, pero aparecemos día tras día y mantenemos ese compromiso contra viento y marea.

Esta madrugada La Insignia abría su portada con una noticia urgente, adelantándose a todos los grandes medios de comunicación iberoamericanos en Internet: la confirmación del ataque de Estados Unidos a Irak. Hay quien puede creer, engañado por las apariencias o por un concepto poco real del periodismo, que nuestra capacidad de respuesta se basa en la suficiencia de nuestros recursos. Nada más lejos de la realidad. Los que han compartido estos tres años con nosotros, saben cuáles son los recursos de la redacción de La Insignia: la voluntad y el escaso tiempo que podemos robar a nuestras propias obligaciones personales. No hay financiación económica, no hay apoyo externo de ninguna clase, y sin embargo, nuestro diario rompe moldes, llega a cientos de miles de lectores de más de noventa países y sirve millones de páginas. Es digno hijo de un medio, Internet, que está en boca de todos y que muy pocos entienden. Es parte del principio de ruptura del que hablaba con anterioridad, que implica otra forma de establecer relaciones -incluso en el terreno de lo periodístico- y que no es en modo alguno una posibilidad o una esperanza, ni un hecho marginal, sino un factor de mayorías.

El tercer aniversario de La Insignia importa poco; sólo es una fecha más que desaparece por completo ante la sinrazón de la guerra. Cumplida la amenaza de George W. Bush, la farsa del gobierno de Estados Unidos pasa a convertirse en tragedia y pende sobre todos. ¿Qué hacer? Por nuestra parte, lo que sabemos: seguir aquí e intentar que las palabras, heridas de muerte desde el Nocturno de Alberti, sirvan.



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