| Portada | Directorio | Buscador | Álbum | Redacción | Correo |
|
|
|
| 10 de marzo del 2003 |
Los árabes: humillados y ofendidos
La Insignia. España, marzo del 2003.
Cuando la sobrina del emir de Kuwait tildó al presidente Bush de "estúpido", el periodista del New York Times que acudió a la cita con la joven Al Sabah fue incapaz de contenerse: «Y pensar que a comienzos de la década de los 90 esta chica veinteañera, que viste vaqueros de marca y se cubre la mirada con gafas de sol Gucci vivía en el exilio… Su familia regresó a Kuwait merced a la operación 'Tormenta del Desierto'».
El colega estadounidense no se equivoca. Sin embargo, se resiste a reconocer el hecho de que las palabras de la princesa reflejan el estado de ánimo de muchos millones de árabes, humillados y ofendidos por la falsedad y parcialidad de los argumentos esgrimidos por la Administración estadounidense a la hora de justificar los preparativos de su campaña contra el régimen de Bagdad. La mayoría de los informadores norteamericanos que recorre las capitales de Oriente Medio en esta macabra gira prebélica trata de buscar y, por supuesto, entrevistar, a los detractores de Sadam Husein. Una tarea ésta nada difícil, tendiendo en cuenta las rencillas históricas que dividen a los pobladores de la zona, los roces entre gobernantes, la suspicacia de índole meramente tribal. No hay que extrañarse, pues, al comprobar que, en comparación con 1991, cuando el líder iraquí encarnaba ante la opinión pública árabe al mítico Saladino, hoy en día el "raís" se asemeja más a… un ángel caído. Sin embargo, ello no significa que los habitantes de la región hayan optado por cerrar filas tras la bandera de barras y estrellas de los "cruzados" transatlánticos. ¿Democracia? ¿Libertad? «Poco importa que Saddam sea un demócrata o un tirano; en realidad, lo que cuenta, lo que tratan de ocultarnos, es el deseo de EEUU de afianzar su presencia en tierra árabe», confiesan los ciudadanos de Ammán o El Cairo, los musulmanes de a pie, que rechazan el reiterado mensaje subliminal de la propaganda estadounidense. Son conscientes que, después del 11-S, Oriente Medio se ha convertido en un auténtico campo de batalla, donde se enfrentan intereses económicos y políticos ajenos. «Estados Unidos trata de convertir la zona en un laberinto en el cual se disimula un enemigo; su enemigo. Hace dos años, tras los atentados de Nueva York, intentaron convencer al mundo que el rufián era Osama Bin Laden. Hoy en día, dirige las miradas hacia los campos petrolíferos de Irak. Su enemigo es Sadam. Mañana habrá otro contrincante, árabe o musulmán, poco importa. Lo que de verdad les interesa es ampliar la brecha entre Oriente y Occidente, fabricar confrontaciones, sean estas reales o ficticias. Es la mejor manera de adueñarse de la región, de controlar nuestro futuro, de impedir la creación de corrientes políticas endógenas». En efecto, la imagen que reflejan los medios de comunicación occidentales del mundo árabe, de la incipiente sociedad civil de Oriente Medio y el Norte de África, nada tiene que ver con la realidad. Como si la opinión de los árabes, su rechazo a la agresión que se avecina fueran totalmente irrelevantes. Washington y sus aliados se miran el ombligo; les molesta de reacción de Europa, de China y Rusia. ¿Los árabes? Aparentemente, el actual inquilino de la Casa Blanca prefiere hacer caso omiso de las repercusiones de su política en el mundo árabe-musulmán. Y ellos, los árabes, se sienten humillados y ofendidos por la postura del "imperio". ¿Y los europeos? Hay quien piensa en el Viejo Continente que la inevitable radicalización de las masas árabes podría suponer, a la larga, un peligro para la estabilidad geopolítica de la región mediterránea. ¿Y para la economía europea? ¿Y para el euro? ¿Y para empleo? Qué duda cabe de que la guerra que pregona incesantemente la Administración estadounidense tendrá repercusiones nefastas para la "vieja Europa". A buen entendedor… |
|||