| Colabora | Portada | Directorio | Buscador | Redacción | Correo |
|
|
|
| 22 de junio del 2003 |
Lluvia de piedras con vientos de esperanza
Mario Roberto Morales
Hace una semana, el sábado 14 de junio, abordé el avión que me llevaría de Londres a Santiago de Compostela después de transcurrir el sórdido y confuso aeropuerto de Heathrow. En cuanto estuve sentado, la aeromoza me ofreció diarios británicos y españoles, y escogí El País para enterarme de cómo andaban las cosas en España. Como si uno pudiera olvidar que es guatemalteco, ocupando casi la totalidad de la página 14 de ese diario, leí el titular de un artículo firmado por Prudencio García que rezaba "Guatemala: nuevo alarde de impunidad". El autor, como consta en la nota identificatoria , es "ex miembro del equipo de expertos internacionales de la Comisión de Esclarecimiento Histórico de la ONU sobre Guatemala (CEH)".
Pues bien, para referirse a la reciente absolución de los asesinos de Myrna Mack, el señor García empieza su artículo asï: "Una vez más, la increíble, indescriptible, recalcitrante impunidad todavía reinante en Guatemala vuelve a ofender a la humanidad con otra de sus repugnantes exhibiciones de aniquilamiento de la justicia". Acto seguido, García repasa la historia reciente del país, las amenazas a jueces y las peripecias del asesinato de Monseñor Gerardi, para terminar diciendo: "Si resulta imposible que estos notorios crímenes de la década de los noventa sean debidamente juzgados y sentenciados, resulta aún más evidente la absoluta imposibilidad de que lo sean los atroces crímenes masivos perpetrados durante el genocidio de las comunidades mayas entre 1978 y 1983. Por desgracia, Guatemala sigue siendo el punto más negro de toda América en materia de impunidad criminal. De la más infame y obscena impunidad". Cuando bajé del avión en Santiago sentí algo muy parecido a la vergüenza al mostrar al agente de migración mi pasaporte guatemalteco. Al llegar a la casa de la famila con la que me hospedo los veranos en que me toca venir aquí a dar mis cursos de posgrado, había visitas de fin de semana y, claro, la conversación giró en torno a ese "pequeño y horrendo país" (como lo llamaba Otto René Castillo), hasta que me llegó la ansiada hora de dormir. Al día siguiente, luego de recorrer como siempre las hermosas callejuelas del centro histórico, consulté los diarios guatemaltecos en internet y me tropecé con la extraordinaria noticia de que Ríos Montt, uno de los artífices no sólo de la impunidad sino también del genocidio indígena y la corrupción en Guatemala, había sido apedreado en una localidad de Rabinal porque se le había ocurrido hacer un mítin político mientras la comunidad enterraba a unas setenta víctimas de la campaña contrainsurgente que el Ejército guatemalteco desató -cuando Ríos Montt era Jefe de Estado-- contra las comunidades indígenas por apoyar a las guerrillas de la URNG. A Ríos Montt lo acompañaba un ex comandante guerrillero convertido ahora en su ardiente seguidor, pues busca ser electo diputado si su señor es electo presidente. El lunes, El País y la prensa española en general registraron el hecho enfatizando lo insólito de la provocación riosmontista. En cambio, los medios guatemaltecos se centraron en condenar la violencia como método de oposición política, censurando la actitud de los vecinos de Rabinal en nombre de un civilismo abstracto jamás visto en parte alguna. ¡Vaya reclamo civilizatorio! Ahora resulta que los sobrevivientes no deberían expresar su ira frente al descaro de los asesinos de sus familiares, que se presentaron sonrientes a su funeral para pedirles que voten por ellos en las elecciones. ¡Uf! ¿Cómo no celebrar la lluvia de piedras que cayó sobre las cabezas de Ríos Montt y sus ujieres, tanto militares como ex guerrilleros, si el hecho expresa que no todo está perdido en ese "pequeño y horrendo país", pues todavía hay gente que tiene sangre en las venas y es capaz de indignarse cuando les quieren ver las caras de idiotas? Todo lo cual -pensaba al salir de nuevo a las espléndidas calles retorcidas de Santiago- es mucho decir comparado con la vergonzosa "cordura" de los fariseos de siempre y con el desvergonzado "realismo político" de los ineptos comandantes de la URNG, metidos todos en un juego político que oscila entre el abanico neoliberal y la opción "antioligárquica" representada (según la izquierda vendida) nada menos que por Ríos Montt. El asco en Guatemala es insondable. La esperanza, débil. Pero vive aunque sea debajo de las piedras. |
|