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| 1 de junio del 2003 |
Estado de alerta ante la deflación
Juan Castaingts Teillery (*)
El mundo económico vive bajo la amenaza de la deflación. El término deflación es algo sencillo de entender ya que es lo contrario de la inflación. Si inflación es el aumento persistente de precios, deflación es una baja persistente de precios.
En una parte importante del planeta aún sentimos los estragos causados por la etapa inflacionista que vivió el mundo desde los años setenta y por tanto, la estabilidad o la caída de precios parecería ser la solución a tal problema. El caso es que, aunque parezca raro, la deflación es una enfermedad mucho más grave que la inflación y por lo tanto, es normal el estado de alerta mundial.
La última deflación que se ha vivido corresponde precisamente a la gran crisis del siglo XX, la crisis que se inicia en 1929 y no termina sino con la Segunda Guerra Mundial. De hecho y en buena medida, la guerra fue producto de la crisis deflacionaria. Lo deseable para una marcha adecuada de la economía es una pequeña dosis de inflación. No es fácil señalar cuánta es la inflación que es necesaria para que la economía esté sana pero, en términos gruesos y generales, se puede decir que los países ricos funcionan bien con un alza de los precios entre 2% y 4% y que, en los países atrasados pero de corte intermedio, una inflación aceptable se encuentra en el rango del 6% al 14% o incluso un poco más. En cada país y en relación a sus circunstancias particulares, su grado de desarrollo y el entorno económico de sus relaciones comerciales y financieras, se establece un rango de inflación que le es aceptable y necesaria. La caída de precios perturba al proceso económico ya que las empresas reciben por sus ventas cada vez menos dinero y por tanto, tienen menos para pagar salarios, realizar inversiones y cubrir sus deudas. El resultado es que ante la falta de dinero, comienzan a haber fuertes presiones para bajar los salarios nominales e incluso despedir personal, las inversiones se reducen y las empresas se encuentran en problemas para cubrir sus créditos. Ante la creciente dificultad para realizar cobros, los bancos reducen créditos. Baja de salarios, despidos, reducción de inversiones, restricciones crediticias crecientes por parte de la banca, todo se conjuga para generar una caída persistente de la economía. La crisis deflacionista de fines de los veintes y de los treintas condujo al mundo a una caída que duró casi diez años. Las preocupaciones actuales tiene fundamentos sólidos. Aún no estamos en una deflación. De hecho, el único país que vive una crisis deflacionista severa desde hace muchos años es Japón. El problema es que si aún no hay deflación, los primeros síntomas de una enfermedad de tal tipo se comienzan a presentar y de ahí la alarma. Para el caso de Alemania hay muchos analistas que señalan que ya se encuentra en los primeros procesos de la deflación y, para un buen número de países (aunque la deflación no está presente), ya hay algunos indicios de que podría llegar. Por ejemplo, para el mes de abril pasado, Finlandia, Luxemburgo, Francia, Bélgica, Austria, Alemania, Suecia, Islandia y Noruega registraron caídas en sus precios. Además los precios al mayoreo de los EEUU bajaron y los del Reino Unido y Dinamarca quedaron en cero. Greenspan declara que aun no hay deflación en EEUU pero no descarta el peligro. Otros analistas muy reconocidos como Krugman, consideran el peligro aún más alto de lo que señala Greenspan e incluso agregan que la enfermedad puede ser mucho más grave y que corresponde a lo que en economía se denomina "trampa de liquidez". Aunque nos ocuparemos con más detalle en otros "Así Vamos" a analizar la "trampa de liquidez", ésta se presenta cuando una economía ya no responde a los incentivos de la política monetaria como pueden ser las bajas en las tasas de interés o los incrementos en la oferta monetaria. Hasta hace poco tiempo, una crisis de deflación parecía imposible. La crisis de deflación iniciada en 1929 estuvo ligada a dos hechos. Primero: la relativa persistencia de un patrón oro que hacía difícil un incremento en la oferta monetaria por parte de los bancos centrales; y segundo: el error en la política monetaria de haber respondido ante los problemas con una reducción del circulante y no con un aumento del mismo. Se suponían superados estos elementos. El caso es que si el estancamiento de los EEUU tuviese elementos de deflación y de trampa de liquidez, las medidas económicas adoptadas por el gobierno de Bush, son ineficientes e incluso contraproducentes. La persistencia de una mala situación en EEUU afecta profundamente a México. (*) Profesor-investigador de la Universidad Autónoma Metropolitana-Iztapalapa |
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