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| 24 de julio del 2003 |
La cadena de la solidaridad CIOSL, julio del 2003.
Bruselas, 19 de junio de 2003, (CIOSLEnlinea): Mamadou Diallo acaba de tomar las riendas de la unidad de cooperación sindical para el desarrollo y la educación en el seno de la sede de la CIOSL de Bruselas. Este senegalés de 49 años que tiene la intención de "valorizar las diferencias dentro de la unidad", dio sus primeros pasos en la base, para subir luego los escalones de la carrera sindical. Su nuevo desafío: conseguir mayor eficacia en la cooperación sindical internacional y una repartición más equilibrada de la misma. Los senderos por los que encaminará su accionar: coordinación global y racionalización, articuladas en torno a prioridades transversales como el refuerzo de las organizaciones sindicales, la economía informal, el VIH/SIDA e inclusive la seguridad social. Su objetivo: volver a soldar la cadena de la solidaridad, valor fundamental del compromiso sindical.
-Usted se formó como sindicalista en la base del sector docente que, en Senegal, al igual que en muchos otros países, es conocido por su militantismo. Usted fue militante de base y ascendió en el escalafón de la carrera sindical pero, ¿de dónde le viene ese "virus" sindical? -Cuando en 1981 comencé mi carrera de docente, por intermediación de un amigo también comencé a asistir a las reuniones del sindicato de docentes y en seguida atrapé el virus. Milité en la base durante tres años luego pasé a ser delegado de juventud a escala nacional y me hice cargo más tarde del departamento de educación y formación. A veces se necesita bastante valor para ser militante y hay que hacer caso omiso de las reacciones del entorno, que no siempre comprende un compromiso que exija tanto tiempo pero cuanto más se avanza, mayor es el compromiso y se aprecia más el sentido de ese compromiso en pro de los derechos de los trabajadores y la justicia social. En 1995 pasé a ser Secretario General del sindicato de profesores. Una de las batallas que más me marcó es la de la aplicación de las conclusiones dimanadas de los Estados Generales de la Educación y la Formación, cuyo objetivo era hacer que la educación fuera más accesible a todos los estratos de la población y que, al mismo tiempo, aumentara su rendimiento. Esta lucha sigue teniendo actualidad para los compañeros y compañeras docentes. -¿Cómo se formó su enfoque internacional de la cooperación y la educación? -En 1996 entré en la oficina confederal de la CNTS. Allí comencé a desarrollar una visión más global, debido a la gran gama de sectores diferentes que se abarcaban. Descubrí otro universo que estaba más allá del mundo de los docentes, en ocasiones muy intelectualizados. Luego del diálogo con los profesores y maestros, me encontré frente a frente con artesanos, pescadores y obreros de todo tipo. Aprendí mucho de ellos, lo confieso con humildad. En ese cargo tuve asimismo ocasión de impregnarme más de todo lo relativo a la organización y el funcionamiento de las estructuras sindicales internacionales, como así también del mundo de la alta administración. En 1999 asumí la dirección del Instituto Nacional de Educación y Formación Obrera ( INEFO). El objetivo del mismo era formar a militantes de base y sus prioridades abarcaban particularmente las técnicas de negociación, las normas fundamentales del trabajo e inclusive las cuestiones de igualdad. Este trabajo se llevó a cabo en colaboración con distintos interlocutores como la OIT, la FES, FO, la CFDT; la FGTB, etc. El instituto de formación de la Histadrut y el centro de Turín a menudo nos dieron becas para pasantías. -El reto al que ustedes desean responder en la CIOSL es grande. La familia de la CIOSL crece de año en año por lo que, como es lógico, aumentan las necesidades pero al mismo tiempo se debe hacer frente a una disminución de los recursos de financiamiento. ¿Cómo piensa superar esa paradoja? -La CIOSL debe encontrar la capacidad para desarrollar una visión global de la cooperación al desarrollo. La cuestión radica en saber cómo, dentro del marco de la descentralización estructural actual, se puede trabajar de una manera mejor coordinada. Es necesario instituir marcos de concertación con las diferentes regiones y desarrollar un mejor intercambio de información entre la CIOSL, sus organizaciones regionales y sus afiliadas nacionales. El mínimo vital consiste en sentarse todos en torno a una mesa y definir prioridades de acción para el conjunto de los países beneficiarios de la ayuda al desarrollo de África, América Latina , Asia o del ex bloque del Este. Es necesario asimismo racionalizar la utilización de los recursos y alargar la cadena de solidaridad ya que es real que ciertas organizaciones o sectores reciben mucho mientras que otros están algo olvidados. Es necesario ampliar el radio de repartición para conseguir un mejor equilibrio. Hay que volver a soldar la cadena y paliar el déficit de visibilidad global. -¿Cuáles son precisamente las cuestiones transversales que podrían servir de ejes prioritarios en materia de ayuda al desarrollo? -Son cuatro: la sindicalización de la economía informal, la lucha contra el VIH/SIDA -que es algo que reviste una importancia particularmente vital en África-, la lucha por el futuro de la seguridad social y, finalmente, el refuerzo de las capacidades de las organizaciones sindicales. Ese refuerzo pasa por una puesta en práctica de programas de educación y de formación para consolidar y ampliar las bases sindicales, lo que constituye la clave de la supervivencia y el futuro de las organizaciones. El refuerzo de las organizaciones también pasa por una mayor unidad ya que muy a menudo los problemas derivados de la competencia por el liderazgo impiden la existencia de una verdadera unidad sindical que, sin embargo, es uno de los pilares de la fuerza del movimiento. -¿Cómo piensa superar el inconveniente de la escasez de fondos? -Es necesario buscar otras fuentes de financiamiento. Ya no podemos contentarnos con el financiamiento de nuestros propios fondos. La cuestión financiera ha pasado a ocupar un lugar central en el debate con las organizaciones donantes tradicionales. Es necesario buscar otros centros. Las instituciones intergubernamentales, como el Banco Mundial o la Unión Europea, son una posibilidad esencial en ese sentido. En lo concerniente a programas de lucha contra la pobreza o contra el VIH/SIDA, por ejemplo, el movimiento sindical tiene derecho con toda legitimidad a acceder a esos fondos. Además, mi experiencia me ha enseñado que una de las más grandes dificultades de las organizaciones sindicales de África es la de carecer de fondos propios para organizar actividades de educación y probablemente lo mismo ocurra en numerosos otros países. No debemos permitir que persista esa dependencia al cien por ciento de la solidaridad internacional. Debemos trabajar para revertir progresivamente la situación actual, ayudando a esas organizaciones a adquirir mayor autonomía, por ejemplo, mediante programas de ayuda para recaudar las cotizaciones o inclusive para elaborar presupuestos completamente transparentes, un elemento fundamental que obra a favor en las negociaciones con los potenciales proveedores de fondos. Dentro del contexto internacional económicamente desfavorable en todo el mundo, si una organización se comprometiera, por ejemplo, a aportar un pequeño porcentaje de su presupuesto total al rubro formación, dicha organización ganaría credibilidad. -¿Está usted a favor de un desarrollo de la articulación de la labor sindical con otros actores de la sociedad civil que comparten los mismos objetivos? -Es verdad que en el mundo sindical aún no se ha tomado una decisión totalmente definitiva con respecto a la sociedad civil. En mi opinión, no hay que tener temor. Si nuestro entorno cambia, debemos también tener la inteligencia necesaria para cambiar. No estamos hablando en absoluto de renegar de los principios y valores del sindicalismo libre, democrático e independiente sino de forjar alianzas con interlocutores deseosos de apoyar nuestras políticas y prioridades. Es necesario valorizar y consolidar las experiencias que ya están en curso en ese sentido, principalmente a través de ciertas afiliadas nacionales. Se debe asimismo entablar un diálogo con ciertas ONG internacionales para establecer un marco común de trabajo. -¿Cómo se puede promover la noción de solidaridad dentro del mundo sindical? -Se debe mejorar la visibilidad de la realidad del trabajo de base en materia de cooperación. Pobreza, privatización, ajuste estructural, desigualdad en contra de las mujeres y los jóvenes, trabajo infantil... todos los países beneficiarios de la ayuda al desarrollo hacen frente a dificultades similares. No hay que olvidar tampoco las violaciones de los derechos sindicales, como se demuestra en la última edición del informe anual de la CIOSL sobre ese tema. El contexto muy agresivo en que se mueven las organizaciones sindicales de todos esos países es similar a un contexto de resistencia, en el cual la noción de solidaridad reviste una importancia fundamental. |
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