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| 20 de julio del 2003 |
La Insignia. México, julio del 2003.
El 27 de enero del año en curso, el presidente de Estados Unidos, George W. Bush, pronunció 16 palabras en su informe sobre el estado de la nación americana que hoy son responsables de una tormenta política contra su gobierno y que muy posiblemente derivarán en la renuncia de George J. Tenet como titular de la Agencia Central de Inteligencia (CIA). La ahora tristemente célebre frase de Bush (1) sobre el supuesto intento de adquisición de uranio en África -que sería empleado para fabricar armas de destrucción masiva- es motivo de análisis no sólo por los medios de comunicación, sino por el influyente Comité de Inteligencia del Senado de Estados Unidos, por intelectuales y académicos especialistas en el tema y, por supuesto, por los adversarios políticos del propio presidente.
Es extraño que Bush se apoyara en las "pruebas" que presumiblemente obtuvieron los servicios británicos de inteligencia sobre la fabricación de armas de destrucción masiva por parte de Irak. Los servicios de inteligencia británicos que esencialmente reposan en seis agencias (el Servicio Británico de Seguridad, el Servicio Británico de Inteligencia Secreta, la sede de Comunicaciones Gubernamentales, los miembros de Inteligencia de Defensa, la sección especial de Scotland Yard, y el Servicio Nacional de Inteligencia Criminal) actúan con recursos materiales y humanos muy inferiores a los que poseen los servicios estadunidenses de espionaje. La llamada "comunidad de inteligencia" de Estados Unidos se compone de 14 agencias de las cuales ocho dependen de las fuerzas armadas y consumen el 85 por ciento del presupuesto asignado al espionaje en el país. Las seis restantes se integran por la CIA, más los Departamentos de Estado, Energía, Tesoro, la Oficina Federal de Investigación (FBI) y los Guardacostas. Mientras que los servicios británicos de inteligencia cuentan con un presupuesto equivalente a 200 millones de dólares, Estados Unidos gasta en inteligencia 29 mil millones de dólares, cifra que es casi igual al producto interno bruto (PIB) de Bielorusia, Ucrania y Vietnam. ¿Por qué un país que destina recursos cuantiosos a la inteligencia debería reposar decisiones tan importantes como la recolección de pruebas para iniciar las hostilidades contra Irak, en servicios de inteligencia como los británicos quienes, al menos en términos de los montos citados, operan con fuertes restricciones de presupuesto? El tema es un torbellino político para el primer ministro británico, Anthony Blair, porque a menos que se demuestre lo contrario, tal pareciera que en los últimos años, en vez de que los servicios de inteligencia de EEUU y la Gran Bretaña se dedicaran eficazmente a obtener la información que permitiera tomar decisiones en el "caso Irak", operaron en términos de generar datos para apoyar una decisión que ya había sido tomada: hacerle la guerra a Irak. El "expediente secreto" sobre Irak pone en evidencia la enorme dificultad que existe para lograr que exista una relación "adecuada" entre quienes generan la información en el terreno de la inteligencia y quienes toman las decisiones. Los servicios de inteligencia de todo el mundo, pero sobre todo los de EEUU, han estado en el ojo de la tormenta desde el fin de la guerra fría al no ser capaces de anticipar el colapso de la Unión Soviética, ni la invasión de Kuwait por parte de Irak, ni la insurrección zapatista, ni el colapso del peso mexicano. La cereza en el pastel fue el "caso Ames", que hizo más visible la crisis de los servicios de inteligencia estadunidenses. Vale la pena recordar que Aldrich Ames fue arrestado por la Oficina Federal de Investigaciones por cargos de espionaje el 24 de febrero de 1994. Para el momento en que fue arrestado, Ames era un veterano con 31 años de servicio en la CIA, y desde 1985 espiaba para los soviéticos. Junto con él fue arrestada su esposa, Rosario Ames, quien ayudó y apoyó diversas labores de espionaje. El 28 de abril de ese mismo año, tanto Aldrich como Rosario fueron declarados culpables. Ames fue sentenciado a cadena perpetua en prisión. Rosario Ames, en cambio, fue sentenciada el 20 de octubre a 63 meses en prisión. Ames era un oficial de la CIA que hablaba ruso y que se había especializado en los servicios de inteligencia soviéticos, incluido el KGB. Sus primeras misiones en el exterior fueron en Ankara (Turquía), donde se le encargó reclutar a oficiales soviéticos de inteligencia. Más tarde trabajó en Nueva York y en la ciudad de México. El 16 de abril de 1985, habiendo sido asignado a la sede de la CIA en Langley (EEUU) y a la división de Europa Oriental y la URSS de la agencia, Ames se ofreció como voluntario ante los oficiales del KGB de la embajada de la URSS en Washington. En varias ocasiones se reunió con diplomáticos soviéticos a los que entregó información confidencial sobre la CIA y el FBI y las operaciones que Estados Unidos desarrollaba en materia de espionaje en la URSS. La información entregada por Ames a Moscú provocó la ejecución de numerosos oficiales de la CIA y el FBI por los soviéticos/rusos. El FBI, tras una ardua investigación que inició ante el súbito enriquecimiento de Ames -se calcula que en los primeros cuatro años desde que se ofreció como voluntario para espiar a favor de los soviéticos, la URSS le pagó 2 millones de dólares-, logró finalmente detenerlo cuando estaba por viajar a Colombia para reunirse con un oficial ruso a quien le entregaría información confidencial en 1993. Ames purga su condena en una prisión federal mientras que Rosario, tras haber permanecido en prisión conforme a lo ya explicado, fue puesta en libertad. El caso Ames provocó un terremoto político en los servicios de inteligencia y llevó incluso a concebir una menor dependencia del "factor humano" y en cambio favoreció el debate en torno a una "maquinización" de los mencionados servicios. Además del factor humano, los servicios de espionaje enfrentan otros desafíos, por ejemplo, la escasez de personal capacitado para recolectar y procesar la información (antes del 11 de septiembre la CIA sólo contaba con dos personas recopiladoras de información con conocimientos del idioma árabe); la obtención de información en exceso, lo cual da lugar a serios problemas a la hora de discriminar la que es "más importante" (menos de la mitad de las fotografías que captan los satélites de Estados Unidos en el mundo son vistas por ojos humanos, según un asesor de inteligencia del Capitolio); y la fuerte rivalidad imperante entre las diversas agencias. Los sucesos del 11 de septiembre del 2001 se explican, en buena medida, por la imposibilidad de los servicios de inteligencia de interpretar la información que cada una de las agencias poseía en torno a un posible ataque terrorista de esas magnitudes. George J. Tenet, quien se encuentra al frente de la CIA desde que el entonces Presidente Clinton lo designó para el cargo (el 11 de julio de 1997) aun tiene mucho qué explicar sobre lo sucedido el 11 de septiembre y a todas luces resulta insólito que mantenga su cargo pese al fracaso evidente en proteger la seguridad nacional de su país. Sin embargo, es necesario reconocer que la simple renuncia de Tenet no resolverá los desafíos que enfrentan los servicios de inteligencia de EEUU, como tampoco la relación que desarrollan quienes obtienen y procesan la información y quienes la utilizan para articular políticas y decisiones. Y por cuanto toca a la información en la que presumiblemente se basó Bush para iniciar las hostilidades contra Irak, el escenario político que se vislumbra es muy complejo. Ya más de un especialista en estos temas cuestiona la veracidad de la evaluación que los servicios de inteligencia estadunidenses realizan en torno a Corea del Norte e Irán. Y si la credibilidad de la comunidad de inteligencia es puesta en duda, quizá Bush corra la misma suerte que su padre en los comicios en los que buscará la reelección. Si así ocurriese, sería un suceso sumamente irónico, considerando que George Bush padre presidió a los servicios de inteligencia en otros tiempos.
Notas
(1) The British government has learned that Saddam Hussein recently sought significant quantities of uranium from Africa («El gobierno británico ha tenido conocimiento de que Sadam Husein trató de obtener recientemente cantidades significativas de uranio en África»)
(*) Profesora e investigadora en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la Universidad Nacional Autónoma de México. Su libro más reciente se titula Que las 'Rondas' no son buenas… La OMC y la Ronda de Doha: ¿proteccionismo vs desarrollo?, México, Universidad Nacional Autónoma de México/Sistema Económico Latinoamericano, 2003, 446 pp. Correo electrónico: mcrosas@correo.unam.mx
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