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La insignia
4 de julio del 2003


Argentina

Las ventajas del genocida argentino


Héctor Timerman
Revista Debate. Argentina, julio del 2003.


En una zona humilde del conurbano bonaerense se encuentra la calle que contiene una de las paradojas de la justicia universal. En la calle Garibaldi vivía escondido el genocida nazi Adolf Eichmann cuando en 1960 fue apresado por un grupo de inteligencia israelí. Algunos puristas reclamaron la violación de la soberanía nacional, mientras otros celebraban el episodio como un acto de justicia. Entre estos últimos se encontraba Ernesto Sábato, quien escribió: "Si tuviera la espantosa buena suerte de encontrarme con esa fiera cobarde (por Eichmann), con el monstruo que organizó y dirigió esa operación satánica, confieso que lo mataría con un palo, con un hacha o con lo que más a mano encontrase". Sin embargo, a Eichmann jamás se le hubiese ocurrido que Alemania fuese un mejor refugio que los suburbios argentinos.

Más de cuarenta años después, el genocida argentino Ricardo Cavallo llevaba tres años detenido en México y ahora, luego de su extradición a España, el juez Baltasar Garzón se manifestó preocupado de evitar una posible fuga del reo hacia la Argentina, tal como lo logró Jorge Olivera desde una cárcel italiana.

Postales argentinas. El lugar más seguro para un genocida argentino es donde fueron cometidos sus crímenes. El lugar más humillante para las víctimas es donde fueron victimizados. Y, a pesar de esta situación, pocos aprobarían si alguien se apropiase hoy de la frase de Sábato. Tal vez ni Sábato se animaría a repetirla. Inclusive muchos se horrorizan cuando los hijos de las víctimas, que también son víctimas, protestan frente a los domicilios de sus victimarios.

La Argentina moderna nos obliga a convivir con los violadores, torturadores y asesinos. Nos pone en la situación en la que el hijo de un desaparecido debe enfrentar electoralmente al responsable de su orfandad, como acaba de ocurrir en Tucumán. Bussi no se esconde como Eichmann en un lugar perdido del mundo. Pelea voto a voto el derecho a participar de una democracia que no le pertenece y a la que degrada. Criminal en España, gobernante en la Argentina. Ése es el resultado brutal de las leyes de obediencia debida y punto final, pero el caudal electoral de Bussi es el resultado de una sociedad que decidió dejar de mirar el pasado antes de evaluar el riesgo del futuro.

Mientras Eichmann se ocultaba de las autoridades alemanas, toda la dirigencia de su país se unía en una campaña para desnazificar la sociedad. Por supuesto que en Alemania hay nazis pero nadie en su sano juicio piensa en un jerarca hitleriano como gobernador o senador o intendente. Entre otros motivos, porque está en contra de la Constitución germana.

Ricardo Cavallo va a ser juzgado, en España, por sus crímenes. Alfredo Astiz fue condenado por un reportaje. Por el secuestro de dos monjas y el asesinato de una adolescente fue penado en Francia, pero la Argentina le ofrece protección para seguir en libertad. Carlos Suarez Mason fue condenado por un exabrupto antisemita, también durante un reportaje, mientras que las leyes argentinas lo protegen por los tormentos que infirió a sus miles de martirizados. Si Eichmann siguiese viviendo en la calle Garibaldi pensaría que Alemania debería seguir el ejemplo argentino y ofrecerle la misma protección que reciben sus colegas locales. Miraría con envidia a Domingo Antonio Bussi.

Duele pensar que las leyes argentinas relacionadas con el terrorismo de Estado se sigan acomodando al espíritu de la calle Garibaldi.



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