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La insignia
18 de julio del 2003


Desarrollo humano en América Latina: Ayer y hoy


María Cristina Rosas (*)
La Insignia. México, julio del 2003.


América Latina y el Caribe afrontan importantes retos a la luz de las tendencias económicas mostradas en fechas recientes. Según la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) en su Balance preliminar de las economías de América Latina y el Caribe 2002 (Santiago de Chile, Naciones Unidas, 195 pp.), la región lleva acumulados cinco años de bajo crecimiento (-0,3 por ciento), o bien, media década perdida. En 2002, la actividad económica en la zona cayó en 0,5 por ciento y por segundo año consecutivo el crecimiento por habitante fue negativo (-1,9 por ciento). Tres países fueron los más afectados: Argentina, cuya economía tocó fondo a mediados de ese año; Uruguay, que padeció una crisis tanto o más severa que la argentina; y Venezuela. En este sentido, el deterioro del bienestar social ha sido la nota en la región.

A nivel externo, los factores que son identificados por la CEPAL como de mayor impacto en América Latina y el Caribe son: el deterioro de las condiciones financieras internacionales; el menor dinamismo económico de Estados Unidos; y la caída de los términos de intercambio de manera continua en las economías no petroleras. De hecho, los socios del Mercado Común del Cono Sur (Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay) fueron los más afectados por la caída en los flujos de inversión. La CEPAL explica que en 2002 estas naciones recibieron los flujos más bajos de inversión registrados en un período de 12 años.

La salida neta de recursos por concepto del pago de intereses y utilidades fue de 39000 mil millones de dólares, o bien el 2,4 por ciento del producto interno bruto (PIB) de la región. Esta cifra supera con mucho los ingresos que fluyeron a las naciones latinoamericanas vía las remesas, equivalentes a 25000 mil millones de dólares y que fueron particularmente importantes para países como México (segundo captador mundial de remesas detrás de China), Brasil, América Central y la República Dominicana.

Las importaciones que efectuó la región disminuyeron sustancialmente, a tal punto que el déficit registrado en la balanza comercial de 2001 por 20 mil millones de dólares se convirtió en superávit en el 2002 por un monto de 11 100 millones de dólares. De ello no fue sólo responsable la crisis de Argentina y sus réplicas en países vecinos. La falta de flujos de inversión derivó en que los países latinoamericanos y caribeños postergaran la adquisición de bienes de capital y de consumo duradero para otro momento en el que las condiciones económicas sean menos adversas.

Con estos antecedentes vale la pena dar lectura a los índices sobre desarrollo humano 2003 que hace unos cuantos días dio a conocer el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD). Los índices presentados reúnen en buena medida datos estadísticos correspondientes a los años 2000 y 2001, por lo que las cifras reportadas por la CEPAL -arriba citadas-, aun no son incorporadas en el estudio más reciente del PNUD y, por lo mismo, la estimación respecto a cómo ha caído el nivel de vida en los países latinoamericanos en virtud del pobre desempeño económico mostrado en 2002, sólo será visible hasta que el PNUD publique su nuevo informe en el año 2004. Por ejemplo, baste mencionar que el año pasado, el PIB de Argentina se contrajo en un 11 por ciento (pero el acumulado en los pasados cuatro años representa una caída global del 20 por ciento), en tanto el de Uruguay se desplomó en un 10,5 por ciento. La situación social en éste último país llegó a ser tan crítica que diversas entidades contrastaban el hecho de que mientras que hace algunos años Uruguay era considerado como uno de los graneros del mundo, en medio de la crisis del año 2002 el gobierno hubo de procurar alimentos a la población para evitar una hambruna.

Pese a esta limitante de los índices de desarrollo humano, resulta interesante contrastar las cifras publicadas este año con las correspondientes al Informe sobre desarrollo humano 2002. Hay que recordar que el año pasado por fin se incluyó a Cuba en el análisis del PNUD, luego de que esa institución señalara por mucho tiempo que no disponía de datos confiables para hacer una estimación sobre la situación imperante en la mayor de las Antillas. Más interesante resulta observar que Cuba apareció en la posición 55, con un desarrollo humano medio y en un lugar más bajo que México en el informe del año 2002, mientras que en el análisis del año en curso, Cuba escaló peldaños para colocarse en el lugar 52, esta vez arriba de México (posicionado en el lugar 55) y ambos ya son incluidos en el grupo de naciones con desarrollo humano alto (de hecho México es el que se encuentra al final de la lista de los 55 países de más alto desarrollo humano). La atribulada Argentina ocupó este año el mismo lugar que en el informe del año anterior (posición 34), en tanto el acongojado Uruguay también mantuvo su lugar (el 40) en la lista por dos años consecutivos.

Un caso por demás interesante, aun cuando no se trata de una nación latinoamericana, es el de Canadá, país que en gran parte de la década pasada se ubicó en la primera posición, lo cual le valió el reconocimiento de las Naciones Unidas como "el mejor lugar para vivir", o bien, el país con la más alta calidad de vida. Sin embargo, en el nuevo siglo las cosas no marchan bien para los canadienses y llama la atención que del tercer lugar en que figuró en los índices correspondientes al año 2002 haya bajado hasta ubicarse inclusive detrás de Estados Unidos, para ocupar la octava posición en el informe del año 2003.

Empero, en descargo de lo anterior, es evidente a la hora en que se analiza a los tres países que suscribieron el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), la enorme distancia que separa a México de EEUU y Canadá en todos los rubros que el PNUD emplea para medir el desarrollo humano. Este es un tema importante, a la luz de las cifras que el gobierno mexicano dio a conocer en torno a la disminución de la pobreza en el país, unos días antes de que se produjeran los comicios legislativos.

El cuadro anexo, con datos de los informes de los años 2002 y 2003 del PNUD es particularmente útil para medir las profundas asimetrías de las naciones que (con la excepción de Cuba) participan en las negociaciones para crear el Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA). ¿Cómo lograr, por ejemplo, que Haití, el país con el más bajo desarrollo humano en el continente americano (ocupa el lugar 150 de una lista de 175 países en el informe del presente año) pueda prosperar e incidir en las relaciones económicas y políticas internacionales? ¿Cómo evitar que EEUU (hoy por hoy el país con el más alto desarrollo humano en el hemisferio) imponga su agenda de prioridades económicas y políticas al resto de las naciones del continente?

Darrel Huff, autor de un libro ya clásico entre los economistas, titulado Cómo mentir con estadísticas, hace un recuento de la manera en que los números pueden ser empleados prácticamente para explicar y justificar cualquier cosa. Pese a ello, las cifras publicadas por el PNUD, independientemente de las imprecisiones que puedan existir en torno a la generación de datos (y de los mismos índices), son un referente cuya utilidad estriba en que presentan una panorámica que permite rastrear algunos de los problemas que aquejan a las naciones del mundo. Dicen que la identificación del problema ya implica un camino andado a favor de la solución. De ahí que en el caso de América Latina y el Caribe sea necesario el análisis cuidadoso de estos datos a fin de contar con elementos que permitan acuñar políticas públicas para luchar contra la pobreza y sobre todo con la desigual distribución de la riqueza.


(*) Profesora e investigadora en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la Universidad Nacional Autónoma de México. Su libro más reciente se titula Que las 'Rondas' no son buenas… La OMC y la Ronda de Doha: ¿proteccionismo vs desarrollo?, México, Universidad Nacional Autónoma de México/Secretaría Permanente del Sistema Económico Latinoamericano, 2003, 446 pp. Correo electrónico: mcrosas@correo.unam.mx



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