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| 25 de febrero del 2003 |
Una población desprotegida
Agencia de Información Solidaria (AIS). España, febrero del 2003.
Dice bien poco a favor de la especie humana que no fuera hasta el siglo XIX cuando a alguien se le ocurrió, a la vista terrible de los campos de batalla del centro de Europa, la creación de un organismo internacional, neutral y de carácter únicamente sanitario, para el socorro de los heridos de ambos bandos. Desde entonces, la labor de la Cruz Roja se ha extendido desde la guerra a las hambrunas o los desastres naturales de los países empobrecidos, o a los programas locales de acción social.
Ahora que el mundo se enfrenta a lo que parecen ser los prolegómenos de una nueva guerra, muchos tenemos nuestros pensamientos dedicados a las víctimas de ese u otros conflictos. No sólo los soldados, que en las guerras modernas suponen un número de bajas porcentualmente muy bajo, sino principalmente a la población civil, los "daños colaterales", inocentes de los conflictos. Personas que serán despojadas de sus casas, de sus bienes, obligadas a cambiar de ciudad, a soportar frío o hambre. Y desórdenes mentales, infecciones, heridas, epidemias o enfermedades derivadas que no aparecerán hasta pasado un tiempo. Los muertos e incapacitados causados por el desastre irán más allá de los que perezcan en la batalla. La guerra es una experiencia traumática para todos. Sus secuelas van más allá de la duración del conflicto y el dinero que cuestan se debería sumar al gasto bélico para dar un balance aún más desequilibrado de las pérdidas y ganancias de cualquier político que prefiere no recurrir, una y mil veces a una salida negociada a una situación de conflicto. Y en este caso, estamos hablando de una guerra anunciada como especialmente intensa y destructiva. Las organizaciones especializadas ya han adelantado la catástrofe en que puede convertirse la guerra, en cuanto a gastos sólo sanitarios. Tratándose de un país como Irak, con 25 millones de habitantes y cuyas infraestructuras sanitarias ya son escasas después de más de diez años de bloqueo, y con la población alimentada por el Estado (que reparte la ayuda del programa de la ONU "Petróleo por Alimentos"), ese país quedará en un estado de salud pública ruinosa. La guerra del Golfo ha llevado a Irak a duplicar las tasas de mortalidad infantil (un país con el 10% de las reservas petrolíferas del planeta que se encuentra al mismo nivel que Haití y Uganda, dos países históricamente empobrecidos) y a hacer descender la esperanza de vida; la desnutrición y subnutrición afectan a un millón de niños menores de 5 años, y las enfermedades derivadas del estado nutricional (anemias, falta de calcio o vitamina D, diarreas) no pueden tratarse por falta de medicinas. De hecho, esta falta de medicamentos ya ha sido anunciada como uno de los factores de mayor importancia a la hora de una catástrofe posbélica. La organización británica Medact (www.medact.org) ha publicado un extenso y documentado estudio sobre las consecuencias sanitarias de una posible guerra. En él, se analiza la situación sanitaria en Irak antes y después de la guerra del Golfo, pasando por el estado actual y el pronóstico de futuro. Después, con gran lucidez, dibuja un más que posible escenario de la guerra para, finalmente, hacer una deducción verosímil del resultado final. El cómputo de muertes quedaría como sigue: directas, entre 48 y 261.000; en el caso de existir un ataque nuclear, de 375.000 a 3,9 millones. Las muertes indirectas y a largo plazo llegarían a 200.000. El panorama medioambiental de la posguerra incluiría pozos petrolíferos quemados productores de contaminación de gases y humos tóxicos, ecología del desierto destruida, contaminación química, biológica y radiológica de la tierra, agua y aire. Y las amenazas no se quedan dentro de las fronteras del país invadido: refugiados y desplazados (la mayoría mujeres, niños y ancianos) que necesitarán ayuda de emergencia en los países limítrofes, desestabilización de la zona, actos terroristas en venganza, recesión mundial, excombatientes occidentales discapacitados o con enfermedades relacionadas con el conflicto... El trabajo de los sanitarios es extender y mejorar la salud entre la población del mundo. Y visto lo anterior, no parece el espíritu bélico de la principal potencia occidental contribuya en nada a este deseo nuestro. El Informe de Naciones Unidad para el Desarrollo Humano (PNUD) lleva años enseñando que con los miles de millones de dólares del gasto armamentístico mundial se podrían dar alimentos, agua potable, salud reproductiva y educación básica a toda la población del planeta. ¿Y todavía tenemos dudas de si está o no justificada la guerra? |
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