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La insignia
10 de febrero del 2003


Las empresas, la guerra y usted


__Especial__
EEUU en guerra
Russell Mokhiber y Robert Weissman (*)
Focus on the Corporation. EEUU, febrero del 2003.

Traducción para La insignia: Berna Wang



Hay algo que está claro en la actual prisa de la administración Bush por ir a la guerra: no tiene nada que ver con la protección de la seguridad de Estados Unidos.

No hay pruebas ni razones para creer que Irak posee armas nucleares. El ejército iraquí es uno de los más débiles de Oriente Medio. Y la CIA dice que Irak no supone una amenaza terrorista para Estados Unidos... aunque podría serlo, advierte la CIA, si Estados Unidos lanza un ataque.

Lo que está mucho menos claro es el motivo real de la guerra, especialmente porque ésta conlleva riesgos reales para los intereses de las grandes empresas y para los intereses geopolíticos estadounidenses.

Existen intereses sustanciales a los que sirven la guerra y el periodo previo a la guerra, por supuesto.

Las grandes compañías petroleras: No debería hacer falta decir que la administración Bush, al igual que sus antecesoras, está obsesionada con el Golfo Pérsico porque se encuentra sobre las mayores reservas de petróleo del mundo. Steve Kretzmann, de la Red de Energía y Economía Sostenibles, con sede en Washington D.C., afirma que la clave de los intereses industriales de Estados Unidos en Irak es su capacidad para hacer de contrapeso de Arabia Saudí, que posee con diferencia las mayores reservas de petróleo del mundo.

El Complejo I del gabinete estratégico de la industria militar: Una red de gabinetes estratégicos respaldados por la industria de la defensa ha tenido un papel decisivo en la invención de las razones para invadir Irak, desarrollando conceptos como «guerra preventiva». Un buen número de los miembros de estas organizaciones trabajan ahora para la administración Bush. En ella también están bien representados antiguos ejecutivos y asesores de empresas de la industria de la defensa, que tienen una enorme influencia. Para la industria, la guerra y las tan publicitadas amenazas para la seguridad nacional significan más gastos en sus armas. El presupuesto de Defensa de este año es de 380.000 millones de dólares, y en los próximos cinco años aumentará hasta llegar a la friolera de 500.000 millones.

La ideología del imperio: La ideología y la estrategia geopolítica de las redes extremistas favorables a la guerra es, por decirlo en una sola palabra, el imperio. Confían en demostrar lo formidable y dominante que es la fuerza militar estadounidense, y en que Estados Unidos esté dispuesto a utilizarla habitualmente con cualquier pretexto. El mensaje que pretenden transmitir es: «Atraviese el imperio por su cuenta y riesgo».

Pero no se trata meramente de un programa de las grandes empresas, también hay otros aspectos.

No se puede olvidar el patético dato de que un importante impulso a favor de la guerra es el deseo del presidente Bush y de muchos de los actores clave que trabajaron para la administración de su padre de «compensar» la incapacidad de la primera administración Bush de derrocar a Sadam Husein.

Y hay un minucioso cálculo político que sin duda hicieron antes de las elecciones del 2002 Karl Rove y otros estrategas de la Casa Blanca, que se dieron cuenta de que el espaldarazo que recibió el presidente después del 11 de septiembre iba a desvanecerse con rapidez y que la administración perdía el control de la agenda nacional a medida que Enron, WorldCom y otros escándalos financieros dominaban los titulares. Se presentaron a las elecciones propugnando la guerra y, sin que los demócratas ofrecieran una oposición coherente, resulta que la estrategia tuvo éxito.

No obstante, aunque pueden identificarse estos factores a favor de la guerra, también hay importantes factores compensatorios en juego. Una guerra conlleva una enorme incertidumbre. Aunque pocos dudan de que Estados Unidos se impondrá con rapidez en el campo de batalla, existe la posibilidad de que los soldados estadounidenses sufran bajas nada desdeñables si se llega a entablar combates casa por casa en Bagdad. Existe el riesgo real de fomentar nuevos actos terroristas, ya sea en Estados Unidos o contra ciudadanos estadounidenses en el extranjero, provengan estos actos de Irak, Al Qaeda o de otros (y si Sadam Husein es tan malvado como sugiere el presidente Bush, y si su régimen se está derrumbando, ¿no es probable que arremeta contra Estados Unidos con todos los medios a su alcance?). Existe la posibilidad de que la invasión estadounidense cree inestabilidad política en otros países. Existe una enorme incertidumbre sobre la forma en que se gobernará Irak tras el derrocamiento de Sadam.

Estos factores no sólo preocupan a los ciudadanos con sentido común, sino que abarcan las incertidumbres que inquietan intensamente a las grandes empresas, lo que presumiblemente es la razón por la que el índice Dow cae a medida que suenan con más fuerza los tambores de guerra. Plantean incluso riesgos potenciales para las compañías petroleras (también podrían conllevar riesgos para la reelección de George Bush, y ése es el motivo por el que la última y mejor esperanza de evitar la guerra sea quizás que los estrategas políticos de la Casa Blanca decidan sacar al país de ahí.)

Pero la administración parece haber apartado de sí estas preocupaciones. El impulso para la guerra --alimentado por una combinación de intereses de las grandes empresas, ideología, despecho personal y conveniencia política--, combinado con la arrogancia del poder del sector más duro de la administración, parecen haber aplastado las voces más sensatas que piden cautela.

El presidente Bush está a punto de lanzar una guerra que matará a miles de iraquíes y convertirá un mundo ya tempestuoso en un lugar mucho más peligroso. Cada una de las personas que vive en Estados Unidos debería hacer todo lo posible para poner fin a esta locura.

He aquí cuatro cosas que pueden hacer los residentes en Estados Unidos:

1. Asistan a la manifestación multitudinaria contra la guerra convocada en Nueva York el 15 de febrero, o en San Francisco el 16 de febrero. Para más información, consulten unitedforpeace.org.

2. Llamen a sus senadores (1-800-839-5276 ó 202-224-3121) y pídanles que respalden la Resolución 32 del Senado, que solicita otra votación en el Congreso antes de que Estados Unidos comience una guerra. (Para consultar el texto de la resolución, vayan a thomas.loc.gov y tecleen «SRes 32» (sin las comillas) en el recuadro correspondiente al número de moción.)

3. Asegúrense de que su ayuntamiento ha aprobado una resolución a favor de la paz. Ya lo han hecho 67 ayuntamientos, incluidos los de Chicago, Filadelfia, Cleveland, Detroit y Washington D.C. Consulten citiesforpeace.org.

4. Dediquen un día a parar la guerra. Si no saben bien qué hacer, vayan a Moveon.org, donde les darán un montón de ideas.


(*) Russell Mokhiber es editor de Corporate Crime Reporter, con sede en Washington D.C. Robert Weissman es editor de Multinational Monitor, con sede en Washington, D.C. Ambos son coautores de Corporate Predators: The Hunt for MegaProfits and the Attack on Democracy (Monroe, Maine, Common Courage Press, 1999).

(c) Russell Mokhiber y Robert Weissman
(c) de la traducción: Berna Wang, 2002.



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