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La insignia
23 de febrero del 2003


Argentina

La economía sigue empantanada


__SUPLEMENTOS__
Crisis en Argentina

Maximiliano Martínez
El Espejo / La Insignia. Argentina, febrero del 2003.


"El futuro de los argentinos depende de cómo se solucione el problema de la deuda". Esta elocuente afirmación del secretario de Finanzas, Guillermo Nielsen, hecha días atrás para Bloomberg TV, es una clara caracterización del futuro que le espera a la Argentina en términos económicos. Y además se preocupó en aclarar que "no es el momento para que el gobierno oferte una quita de deuda", dando una idea concreta de que la sujeción a los intereses del capital financiero internacional está intacta.

Entre la multiplicidad de consecuencias que produce desde hace años la tenaza de la deuda que Nielsen tanto se preocupa en "honrar", en estos días se conocieron dos datos que expresan la relación directa entre deuda y decadencia. Por un lado, el tan aplaudido "acuerdo" del gobierno con el Fondo Monetario Internacional, que a cambio de un supuesto nuevo "desembolso de dinero salvador" cerró el futuro aumento de casi todos los servicios públicos privatizados, aplicándole otra vez un revés al bolsillo de millones de trabajadores. Sin embargo, el ministro de economía Roberto Lavagna salió a aclarar que "por primera vez el FMI y el Banco Mundial tomaron conciencia de que en la Argentina hay límites para los aumentos tarifarios", y dijo además que estos organismos empezaron "a captar" la situación de los consumidores, tras las reuniones que los técnicos que están revisando la situación de los servicios públicos mantuvieron con las asociaciones de usuarios.

Por otra parte, el tan glorificado "Plan jefas y jefes de hogar" produjo un aumento del empleo en negro que llega al 44,2 por ciento, contra un 38,8 de mayo del año pasado, según los últimos registros oficiales del Instituto Nacional de Estadística y Censo (Indec). Así, la precarización del mercado laboral no encuentra límites. Esta encuesta incorporó a la mayor parte de los beneficiarios de subsidios por desempleo como ocupados, pero como contracara de la supuesta baja del índice de desocupación, no sólo se exacerbó el trabajo marginal sino que se derrumbó el promedio de ingresos al incorporarse a las filas de los activos un ejército de subsidiados con solo 150 pesos.

Otro dato relevante que surge del informe del INDEC revela que más de la mitad de los habitantes de la Capital Federal y del Gran Buenos Aires son pobres, y uno de cada cuatro no tiene dinero para comer. Según la Encuesta Permanente de Hogares, el 54,3 por ciento de los habitantes de la Capital y del Gran Buenos Aires vive por debajo de la línea de pobreza, y, entre ellos, al 24,7 por ciento no le alcanza el dinero para una alimentación básica, por lo que se encuentra por debajo de la línea de indigencia. En el nivel de hogares, el 42,3 por ciento es pobre y el 16,9, indigente, según se informó. Por su parte, el gobierno debió admitir que la baja en el índice del desempleo está relacionada con la implementación de los planes sociales. El viceministro de Economía, Oscar Tangelson, admitió que "se están dando dos fenómenos: la mitad de la recuperación corresponde a la creación de trabajo genuino", en tanto que "la inclusión de las personas beneficiarias del Programa de Jefes y Jefas -que perciben 120 lecops por mes- disminuye una parte de esta tasa". Además, la recuperación del empleo por creación de trabajo genuino representaría una baja de la tasa "real" al 20 por ciento, según los especialistas.

Para el sociólogo Artemio López, de la consultora privada Equipos de Investigación Social (EQUIS) "el índice general de desempleo debe superar holgadamente el 20 por ciento". Lo que pasa es que esta medición (oficial) tiene en cuenta los planes sociales del gobierno -que en realidad no son trabajos- y sólo considera desempleado al que no ha buscado trabajo en las dos semanas anteriores a la encuesta", dijo. Y agregó: "Hay mucha gente que además ya no busca trabajo porque ni siquiera tiene los medios para movilizarse".

Deuda extorsiva y pobreza, miseria y marginalidad. Es la relación directa que se establece en un país donde las relaciones de fuerza siguen estáticas.



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