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La insignia
4 de febrero del 2003


Venezuela

Mal menor: otra vez no


Carolina Broner
El Espejo de Argentina y el Mundo / La Insignia.
Argentina, febrero del 2003.



La suspensión de la huelga que los niveles gerenciales y ciertos sectores del sindicalismo de la CTV sostenían desde el 2 de diciembre, resalta la debilidad de los opositores al gobierno constitucional del presidente Hugo Chávez Frías. A pesar de los perjuicios económicos provocados por meses de tironeos y sabotajes, el gobierno bolivariano se ha fortalecido y la participación popular crece en las calles, con la defensa de la constitución, el petróleo y la educación pública y gratuita como puntas de lanza.


El proceso venezolano tiene características tan peculiares que impone detenerse a cada paso. Gerentes en huelga; trabajadores organizados enfrentando los sabotajes en PDVSA; amas de casa movilizadas contra los medios de comunicación; rectores que se niegan a abrir las puertas de las universidades, docentes, padres y alumnos que las invaden defendiendo el derecho a la educación; círculos bolivarianos como comités fabriles; marchas por una calle, contra marchas por la otra; heridos, denuncias y saqueo.

En medio de tanta movilización, una oposición que se debilita y en su accionar desesperado empuja a los bolivarianos a las calles. A los de siempre, a los que nacieron a la revolución en abril y a los que lo hicieron a partir de diciembre. En medio de tanta movilización, un contexto internacional que impone una rápida solución al conflicto venezolano frente a la inminente guerra con Irak. En medio de tanta movilización, un escenario latinoamericano de claro corte antiimperialista tras las victorias de Lula en Brasil, Lucio Gutiérrez en Ecuador y la notable actuación del campesino Evo Morales en Bolivia, pero a su vez, una Latinoamérica inmersa -como pocas veces- en la disputa entre Washington y la Unión Europea.

A mediados de enero -cuando los grandes medios de comunicación hablaban triunfalmente de una huelga nacida en el fracaso-, tanto los líderes de la llamada Coordinadora Democrática como el mismo Hugo Chávez amenazaron con retirarse de la mesa de negociación que coordina Cesar Gaviria como representante de la OEA. Existen videos que muestran al sindicalista Carlos Ortega (líder de la CTV y socio de los golpistas de Fedecámaras), durante un viaje a Washington, diciendo que no negociaría con un "dictador asesino como Chávez". Estas acusaciones motivaron las amenazas del presidente constitucional.

En la misma línea, durante la asunción del ecuatoriano Lucio Gutiérrez se anunció la creación de un grupo de "países amigos de Venezuela", integrado por Brasil, Estados Unidos y España, entre otros. Se abre así una nueva instancia en cuanto a los vínculos internacionales, determinada, claramente, por la importancia del petróleo venezolano y el control del precio del crudo ante la guerra contra Irak.

Internamente, la situación es de una convulsión absoluta, y entre movilizaciones y enfrentamientos, los niveles de conciencia crecen a pasos agigantados. Una red de amas de casa se organizó para denunciar a los medios de comunicación por su insidiosa actividad progolpista, y tanta fue la respuesta que tras numerosas marchas y cacerolazos en las puertas de las empresas, el sábado 18 se organizó una jornada nacional a favor de la llamada Ley de Responsabilidad Social de los Medios.

Además, distintos sectores de profesionales y comerciantes se agruparon bajo el nombre de "Clase Media en Positivo" y desde hace algunas semanas tienen una intensa participación en las actividades de los bolivarianos.

Otro de los grandes nudos, es la defensa de la educación pública y gratuita establecida en el artículo 103 de la Constitución. La lucha por este derecho ha desnudado -al menos a los ojos del mundo- la salvaje discriminación -racial y de clase- que rodea a los círculos universitarios. El enfrentamiento de las autoridades con un amplio sector de la planta docente y con otro del alumnado, por la continuidad o no de las clases en el marco de la huelga iniciada en diciembre, arroja un balance netamente positivo. No solo ha permitido nuclear a los docentes -históricamente divididos en más de una decena de gremios-, sino que, además de unir a trabajadores y estudiantes, ha funcionado como disparador para la intervención de muchos hombres y mujeres que se mantenían aún en un terreno de aparente pasividad.

Algo semejante ha ocurrido con PDVSA. Los círculos bolivarianos -principalmente los que funcionan entre trabajadores de una misma empresa- se organizaron para realizar guardias permanentes en las calles, y de ese modo garantizar que no se saboteen las refinerías y los depósitos.

El saldo económico de esta disputa, con golpes, contragolpes, huelgas y sabotajes, es, al menos, preocupante. El saldo político de esta tensión es, sin lugar a dudas, esperanzador.



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