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| 8 de enero del 2003 |
La Insignia. EEUU, enero del 2003.
La siguiente conversación tuvo lugar el pasado lunes 6 de enero en la sala de prensa de la Casa Blanca. Delante de luz y taquígrafos, como todas las ruedas de prensa que suele dar Ari Fleischer, secretario de prensa de George W. Bush. Después de una breve referencia a la agenda diaria del presidente, Fleischer abre el turno de preguntas. Una de las periodistas asiduas a estas ruedas , y a la vez una de las más reputadas y veteranas profesionales del periodismo en EEUU, es Helen Thomas. Es precisamente ella quien abre el turno de preguntas en el día de hoy. Transcribo textualmente la conversación entre ambos:
Fleischer: Buenas tardes y feliz año nuevo a todos. […] El presidente tendrá hoy una reunión con su gabinete para discutir la agenda presidencial para el año 2003, la cual se enfocará en el crecimiento económico, haciendo de América un país más compasivo (!?) y proporcionando mayor seguridad a nuestra nación, tanto dentro como más allá de nuestras fronteras. A continuación estoy a su disposición para contestar sus preguntas. H. Thomas: En una declaración anterior, Ari, usted dijo que el presidente deploraba la pérdida de vidas inocentes. ¿Se estaba usted refiriendo a todas las vidas inocentes del mundo? Fleischer: Me refería específicamente al reciente y horrible ataque terrorista de Tel Aviv que asesinó a varios e hirió a cientos de personas. El presidente, como él mismo dijo en sus declaraciones de ayer, condena en los términos más fuertes la pérdida de esas la vidas inocentes y los heridos que se produjeron en Israel. H. Thomas: ¿Por qué quiere entonces el presidente arrojar bombas sobre los inocentes iraquíes? Fleischer: Helen, la cuestión es cómo proteger a los americanos, a nuestros aliados y amigos. H. Thomas: Pero ellos (los iraquíes) no nos están atacando. Fleischer: Desde un país (¿?). H. Thomas: ¿Le han arrojado los iraquíes el guante a ustedes o a los Estados Unidos en estos 11 años? Fleischer: Supongo que usted se ha olvidado de los americanos que fueron asesinados en la primera guerra del Golfo como resultado de la agresión de Saddam Hussein. H. Thomas: ¿Entonces esto es una venganza? ¿Once años de venganza? Fleischer: Helen, yo creo que usted conoce bien la posición del presidente. El quiere evitar la guerra y por ello pidió a las Naciones Unidas que fueran a Irak, con el propósito de evitar la guerra. H. Thomas: ¿Entonces, el presidente atacaría vidas inocentes de Irak? Fleischer: El presidente quiere asegurarse de que puede defender nuestro país, defender nuestros intereses, defender la región, y estar seguro de que no se pierden vidas americanas. H. Thomas: ¿Y él piensa que ellos (el pueblo de Irak) son una amenaza para nosotros? Fleischer: No hay duda de que el presidente piensa que Irak es una amenaza para los Estados Unidos. H. Thomas: ¿Quién es una amenaza, el pueblo de Irak? Fleischer: El pueblo iraquí está representado por su gobierno. Si hubiera un cambio de régimen, los iraquíes… H. Thomas: ¿Entonces el pueblo iraquí será atacado? Fleischer: Realmente el presidente ha dejado muy claro que él no tiene ningún conflicto con el pueblo de Irak. Es por eso que la política americana se centra en un cambio de régimen. No hay duda de que el pueblo de Irak… H. Thomas: Pero esa es una decisión que tienen que tomar ellos, ¿no? Es su país. Fleischer: Helen, si usted piensa que el pueblo de Irak está en posición de elegir a su dictador, yo no creo que eso sea lo que la historia ha demostrado. H. Thomas: Yo creo que muchos países no tienen esa elección, el pueblo no tiene ese poder de decisión, incluidos nosotros. Después de la última réplica de Helen Thomas, Fleischer, ya cansado de preguntas incómodas y consciente de que tiene cámaras de TV delante, decide por las buenas dar la palabra a otro periodista. Nótese que en ningún caso Fleischer responde a las preguntas que se le hacen; muy al contrario, se limita a recitar ciertas frases con aparente lógica pero cuyo sentido son un insulto a la inteligencia de los presentes. La razón por la que actúa así es, sencillamente, porque no tiene respuestas para tales preguntas. Por supuesto, las respuestas existen, y Fleischer las conoce mejor que nadie, pero las verdaderas respuestas delatarían sus intenciones ocultas. Así funciona este circo de preguntas retóricas y respuestas hipócritas. Este incidente no es más que una muestra de lo que uno puede encontrarse en cualquiera de esas frecuentes ruedas de prensa, no sólo de Fleischer sino también del secretario de defensa Donald Rumsfeld, o del propio Bush. Se les hacen preguntas claras e incisivas, pero sus respuestas caen en un vacío sin sentido que siempre hace referencia a motivos patrióticos o a una supuesta justicia que nadie debe cuestionar. La política informativa de este gobierno consiste en repetir constantemente la misma cantinela desde diversas tribunas: ruedas de prensa de los altos funcionarios, los frecuentes discursos presidenciales (siempre televisados y repetidos varias veces), emisiones radiofónicas semanales de Bush, etc. El mensaje es siempre el mismo, que a base de repetir una y mil veces acaba por convertirse en verdad indiscutible por arte de magia: Irak es una amenaza para nuestra seguridad y nos vemos obligados a eliminar esta amenaza para evitar otro 11 de septiembre. El argumento hace tanta agua por todas partes que se hundiría con solo unas gotas, pero cuando cada periódico, cada canal de televisión y cada emisora de radio pone en boca de sus más afamados periodistas estas mágicas palabras todo se torna en verdad revelada, en verbo hecho carne. Lo mismo sucede con la expresión "armas de destrucción masiva", que nos han hecho memorizar hasta la saciedad. Tanto es así que en los medios estadounidenses se suele representar simplemente por sus siglas en inglés WMD, lo cual lo convierte en un término más del lenguaje cotidiano, incluso con rango superior ya que alcanza la categoría exigida para tener su propio acrónimo, algo muy típico de la cultura estadounidense. Para algunos la categoría moral del señor Bush está fuera de toda duda; para otros, también. De lo que igualmente hay razones para dudar es de su capacidad intelectual. Incapaz de salirse del guión escrito, y posiblemente memorizado, no alcanza a dar respuesta creíble a las preguntas que se le formulan de forma espontánea. Se limita a repetir la misma canción siempre. Podemos contar con los dedos de una mano las conferencias de prensa que convocó en el año 2002, a pesar de ser el protagonista principal de la escena nacional e internacional de ese año. Esto le diferencia claramente, por ejemplo, de su antecesor, quien se reunía abiertamente con periodistas cada dos semanas. Bush, consciente de sus limitaciones prefiere aferrarse al guión escrito y recitar sus canciones en mensajes semanales por radio y en frecuentes discursos por todo el país, pero eso sí, sin posibilidad de réplica o turno de preguntas. Repetir, repetir, repetir la misma barbaridad muchas veces, ésa parece ser la receta. Tantas veces como sean necesarias para anular la capacidad crítica y terminar por idiotizar a la audiencia. A juzgar por las estadísticas de apoyo a su política parece que la receta de idiotización funciona, al menos en EEUU. (*) Sociólogo español, actualmente reside en Téxas (Estados Unidos). |
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