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| 13 de enero del 2003 |
El peronismo enmascarado
Héctor Timerman
Eduardo Duhalde se ha convertido en una máquina de generar proyectos tan irreales y, hasta peligrosos, que apenas duran para que los columnistas políticos los usemos una vez antes que sean descartados por su propio creador.
La semana pasada el presidente orgullosamente presentó en sociedad la necesidad de renovar el peronismo. Viendo a quienes lo rodean y a quienes lo enfrentan la única figura nueva que aparece en el Partenón peronista es Cecilia Bolloco. A menos que en dicha renovación puedan encuadrarse el santiagueño Carlos Juárez, el líder de los desnutridos tucumanos, Julio Miranda, el intendente metalúrgico Hugo Curto, y Manolo Quindimil quien desde la intendencia de Lanús ha derrotado a Shou Lao, el dios chino de la longevidad. A Menem el tema de la renovación lo tiene sin cuidado frente a la posibilidad que alguien plantee la honestidad como variable de recambio partidario. ¿Qué haría en Santa Fe donde acaba de nombrar como referentes al ex senador Jorge Massat procesado por una denuncia de su sobrina por lavado de dinero y al ex vicegobernador Antonio "Trucha" Vanrell condenado por estafas. Algún juez debería solicitar la lista de coordinadores del menemismo en cada provincia y cotejarla con la de delitos irresueltos para ver si surgen datos esclarecedores. A esta hermosa saga, bastante más maleva que la atractiva serie televisiva Malandras de los talentosos hermanos Borensztein se ha sumado Néstor Kirchner. El candidato que alguna vez soñó con terminar con la mala praxis de su partido y volver a los orígenes de la doctrina social ya ha adoptado el síndrome de su nuevo benefactor, el miedo a un triunfo de Carlos Menem. Quienes conocimos al Kirchner que se rebelaba contra las claudicaciones de Eduardo Duhalde nos es difícil entender la lógica del temor adoptada por el santacruceño. ¿Acaso desconoce que Menem es el político que más lejos está de ser ovacionado en alguna esquina del país? Es posible que muchos progresistas se vayan alejando del nuevo candidato oficialista a medida que recuerden al Duhalde celebrando el triunfo de 1989 bailando con una damajuana en la cabeza, el mismo que negoció su reelección con Aldo Rico, y terminó nombrando a Ramón Ortega como compañero de formula en la derrota de 1999. Y sin embargo Kirchner insiste en proclamarse un político progresista. Si esto es cierto y llegase a ganar la presidencia deberá decidirse a abandonar sus ideas y adoptar la de los caudillos bonaerenses que la habrán proporcionado los votos que hoy no tiene y necesita para el triunfo, o deberá traicionar a dichos benefactores y prepararse para una embestida similar o peor que la organizada contra Fernando de la Rúa. En cualquier escenario es difícil aventurar un futuro apetecible. En algún momento terminará sus vacaciones la persona más inteligente que tiene Kirchner en su entorno, su esposa la senadora Cristina Kirchner. Recién entonces sabremos si el viaje de Kirchner a Lomas de Zamora tiene retorno. Solo hace falta enterarse si la aguerrida política que fue expulsada del bloque justicialista en la época Menem-Duhalde sigue considerando que un apoyo duhaldista es un mortífero abrazo de oso. Contrariando una regla de oro del periodismo dejo para el final el principal tema. Ayer Ernestina Noble, la dueña del multimedio más importante del país, publicó una carta en la cual incluía una denuncia sobre un complot contra la democracia. Vale la pena reproducirla: "Mi prisión forma parte de un plan que comenzó varios meses atrás y que tiene previstas muchas acciones más. Hay un sector político que quiere ir limpiando el terreno para adueñarse de todo el poder: su primer paso es destruir a los medios independientes y, de esa manera, hacer desandar todo el camino de libertad que el periodismo y la gente hemos construido desde el retorno de la democracia". Llama la atención que viuda de Roberto Noble no sepa que es su deber informar los nombres de quienes impulsan un ataque contra la democracia. Mi intuición y experiencia profesional me lleva a pensar que el sector político señalado por la directora de Clarín es el menemismo. Es poco probable que algunos de los miles de periodistas que trabajan en sus medios no conozcan los nombres de los complotados. Darlos a conocer sería el mejor homenaje a los colegas desaparecidos durante el anterior ataque a la democracia. |
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