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La insignia
12 de enero del 2003


Crisis en Argentina

Pobreza solidaria


__SUPLEMENTOS__
Crisis en Argentina

Virginia Giussani
La Insignia. Argentina, enero del 2003.



Lidia del Rosario Quintero tiene 46 años y hace tres años que es "cartonera" para sostener a su familia. Pero Lidia no se queda en su drama, comparte y se esfuerza por conseguir soluciones a un problema que lejos de ser personal, es social y cada vez está más extendido. Un día recibió una carta desesperada de una escuela de la provincia de Tucumán, pidiendo ayuda porque no daban abasto para alimentar y educar a los cientos de chicos que llegan a su comedor, hambrientos, descalzos, tratando de encontrar allí un refugio, un pedazo de dignidad ultrajada, un vaso de leche. La carta iba dirigida al "Tren blanco", tren especial que comenzó a funcionar hace unos meses sólo para transportar a los miles de cartoneros que durante el día y la noche invaden la ciudad y su basura. La carta, entre otras cosas, decía: "Tenemos confianza de que un pobre nunca se va a tirar contra otro pobre, y sabemos lo que es el hambre". Por eso eligieron pegar este grito desesperado a los cartoneros.

Y los cartoneros escucharon y respondieron. Por de pronto, se constituyó un grupo con el objetivo de responder a la demanda. Muchos de ellos tenían familia en Tucumán y sabían de qué hablaban cuando hablaban de hambre. El desafío inicial consistió en juntar entre ellos lo poco que podían ofrecer: arroz, azúcar, ropa para los chicos. Todos se hicieron eco de la petición y cada uno aportó lo que pudo. Ya empezaban a tener algo. Lidia y otras mujeres cartoneras se pusieron en contacto con las Asambleas Barriales -generalmente gente de clase media-, que también se unieron. Lo mismo sucedió con estudiantes de la Universidad de Buenos Aires. A pulmón, con esfuerzo, pero con alegría, consiguieron juntar tres toneladas de alimentos, medicamentos, ropa y juguetes.

Mientras un grupo social sin financiación, ni estructura, ni medios, logró juntar tres toneladas de ayuda solidaria en el plazo de dos meses, otro grupo social, desde el presidente para abajo, (tan abajo como el último lobbista), se ha limitado a deshacerse en patéticas internas partidarias. Los dos grandes partidos que fueron nuestros referentes durante casi un siglo, el Partido Radical y el Partido Justicialista, están llegando a su ocaso de la forma más lamentable e irritante, desgarrándose los muñones por el poder y olvidando por completo sus orígenes luchadores. Algunos de ellos llegarán a las elecciones tras alianzas espúreas y sórdidos negociados, pero no llegarán al poder, porque el poder se está construyendo en otra trinchera, día a día y noche a noche, comprometiéndose con una realidad que esta raza de políticos desconoce desde hace tiempo.

Luego de un día de abrumador calor, mientras la policía reprimía en el microcentro a vendedores ambulantes, ahorristas y piqueteros (frente a la mirada desconcertada de grupos de turistas), un tren, que no es el tren blanco pero sí su espejo, partía a las diez de la noche cargado de cartoneros y ayuda solidaria para una provincia desconsolada. Rostros cansados, pero alegres, acompañaron la preciada carga durante 24 horas, para entregarla a quienes la necesitaban. Miguel Carabajal, morocho, grandote, de músculos y brazos fuertes, dijo al partir el tren, emocionado: "Somos cartoneros, pero lo logramos".



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