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| 31 de enero del 2003 |
IIH/UMNSH. México, enero del 2003. Edición para Internet: La Insignia
En estos días se celebró en la Ciudad de La Habana un magno encuentro para conmemorar el sesquicentenario del nacimiento de José Martí, bajo el lema Por el equilibrio del mundo. La propuesta emanó de la elocuente significación de un párrafo redactado por Martí y suscrito por el mayor general Máximo Gómez en el llamado "Manifiesto de Montecristi", República Dominicana, mediante el cual se declaraba la guerra anticolonial a España y se fundamentaba la función mundial de la causa de la liberación de Cuba:
"La guerra de independencia de Cuba, nudo del haz de islas donde se ha de cruzar, en plazo de pocos años, el comercio de los continentes, es suceso de gran alcance humano, y servicio oportuno que el heroísmo juicioso de las Antillas presta a la firmeza y trato justo de las naciones americanas, y al equilibrio aun vacilante del mundo. Honra y conmueve pensar que cuando cae en tierra de Cuba un guerrero de la independencia, abandonado tal vez por los pueblos incautos o indeferentes a quienes se inmola, cae por el bien mayor del hombre, la confirmación de la república moral en América, y la creación de un archipiélago libre donde las naciones respetuosas las riquezas que a su paso han de caer sobre el crucerodel mundo." En él párrafo citado no solo están condensadas las ideas básicas del insigne escritor y pensador latinoamericano, ellas sintetizan del modo más apretado y admirable el programa de la revolución cubana que encabezó en las más difíciles circunstancias. Revolución que no sólo aspiraba a quebrar el cuatricentenario vínculo colonial sobre la isla, también se proponía detener al expansionismo estadounidense sobre nuestro continente americano y establecer una república con todos y para el bien de todos en el más estricto sentido sociológico de la expresión. El más de un siglo transcurrido de su formulación y de la muerte de su inspirador no han hecho irrelevante ese sentido estratégico de largo plazo que inunda la orientación de una pugna internacional de vital importancia y que otorga al pensamiento político de Martí el peculiar sello de trascendencia que todos quienes conocemos su obra le reconocemos. Ciertamente, este periodo que cargamos sobre nuestra frente algo más de una década ha sido un periodo histórico de grandes desequilibrios y de acentuadas desigualdades. Tal parece que cuanto se había alcanzado por medios de grandes esfuerzos durante todo un siglo de sacrificios y empeños bien dolorosos se hubiera perdido en negro agujero de inequidades y desesperanzas. Había desaparecido el equilibrio del terror nuclear pero no para darle paso al de la paz, la armonía y las satisfacciones humanitarias. Al contrarioa , para dar brecha al desequilibrio hegemonista, al goce desigualdad de los trabajos de los seres humanos, a una era de violencia, egoísmo y desencantos que nos ha sumido en caos de ideas, sentimientos y valores. Todo se ha relativizado a extremos impensados.Nada parece valer en la loca carrera por el poder y la riqueza a toda costa. El equilibrio anhelado por Martí parece muy lejos de alcanzar. Desde luego, este cónclave en La Habana, al cual asistirán notables personalidades del mundo intelectual y político, como Noam Chomsky y Adolfo Pérez Esquivel, por nombrar dos contumaces adalides de la justicia social en tiempos que se necesitan tercos gladiadores como quienes ellos simbolizan, intenta extender la recuperación de esas heroicas banderas que nos heredó Martí: la lucha por los equilibrios que no es otra cosa que la lucha por la igualdad entre las diversas partes y fuerzas étnicas, sociales y sexuales que constituimos la humanidad. Esto es por que no haya diferencias opresivas y humillantes entre las diversas naciones y pueblos, independientemente de su extensión territorial, cuantía demográfica, prosperidad económica, para que las diferencias de origen y pigmentación desaparezcan como productos execrables de una era de barbarie e incivilización vergonzantes, y que los injustos desequilibrios por la diversidad de géneros sea borrada de la vida olítica, social y familiar. No cabe la menor duda, de que los hombres y mujeres que hemos iniciado el siglo XXI de nuestra era tenemos raves y grandes retos que enfrentar. Desafíos que enseñan magnitudes intimidatorias para muchos, que los más se apocan, que la falta de valor y la saciedad de algunos apetitos contribuyen a doblegarlos, a hundirlos en el conformismo más indignante. Son tiempos tan ruines y sombríos como aquellos que le tocó vivir a José Martí cuando el joven imperialismo estadounidense salió a conquistar los territorios más próximos, como Cuba y México, para satisfacer las necesidades de un capitalismo, egocéntrico, voraz y atropellante. Siempre encontró mujeres y hombres que lo acompañasen en tan descomunal empresa. Y no faltaron frutos, supieron levantar, con la inteligencia y el sentido moral que acompaña a los enfrentamientos desiguales, los obstáculos indispensables para no ser barridos ni usados como alfombras a los empeños imperiales. En una situación que guarda notables analogías con aquella que enfrentó José Martí, ¿por qué no abrevar en sus contundentes ideas, en sus sagaces formulaciones estratégicas, en su hábil sentido del batallar político y su valor personal y moral, para darle la más efectiva pelea a esta época decadente y desamparada en pro de nuevos espacios de luz y libertades en el goce pleno de la dignidad global? Sirva este manojo de planteamientos y reflexiones para dar comienzo a una sintética serie de semblanzas sobre Martí, con el definido propósito de despertar el interés por sus vida, por sus obras artísticas e ideológicas, y sobre todo por su profundo y alentador sentido humanista, necesarios todos para recuperar el sentido útil y generoso que un concepto mercantilista de la vida ha extraviado. |
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