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La insignia
30 de diciembre del 2003


Las armas en Irak


__Especial__
EEUU en guerra
Alberto Piris
Estrella Digital. España, diciembre del 2003.



Ya que la escena internacional es caleidoscópica, formada por incontables piezas de distinto brillo y color, conviene a veces examinar con detalle alguna de ellas. Nos ayuda hoy a hacerlo el Institute for War & Peace Reporting (IWPR), una organización no gubernamental británica que a través de Internet (www.iwpr.net) difunde noticias procedentes de muchas zonas del mundo donde hay conflictos en distinto grado de evolución. Es un ejemplo de lo que puede lograrse a través de una red informativa no sujeta a los imperativos de las grandes agencias. Apoya a los pequeños medios de información que luchan por establecer o reforzar la democracia en tantos países que cruzan cada día la peligrosa frontera entre la paz y la guerra. La validez de sus documentos no es inferior a la de muchos medios de alcance internacional que se ven limitados por la necesidad de no molestar a los gobiernos o a las empresas que ayudan a sostenerlos. La visión inmediata, local y próxima de sus corresponsales, que conocen la realidad que describen porque viven inmersos en ella, sirve de complemento a lo difundido por otros medios.

Voy a referirme a una crónica originada en Bagdad, firmada por Muhammed Fawzi, estudiante de periodismo en la capital iraquí y miembro del IWPR. Nos ayuda a entender esas frecuentes imágenes televisadas, donde grupos de iraquíes blanden fusiles y muestran a tiros su entusiasmo por alguna celebración familiar o su ira por alguna desgracia. A menudo ambas cosas van juntas: cuando los soldados de EEUU matan por error a un iraquí que no disparaba contra ellos, sino que festejaba una boda, también sonarán después los tiros en el entierro. O las noticias que hablan de frecuentes asaltos y emboscadas, como la sufrida por los miembros del CNI español; o la aparición de escondrijos repletos de armamento variado.

Recién concluida la invasión de Irak, EEUU cometió uno de los más graves errores en aquellas primeras semanas de saqueos generalizados, en las que los ocupantes contemplaban impasibles la ruina de una sociedad estructurada. La inseguridad propiciada por la pasividad de los soldados estadounidenses creó en los iraquíes la necesidad de armarse para su defensa personal y los mercados de armas se extendieron por Bagdad. Muchos de los disparos que se oían en diferentes barrios de la capital no eran ataques al invasor sino compradores de armas que las probaban tirando al aire antes de cerrar el trato. Se trataba, en general, de fusiles Kalashnikov, pistolas y metralletas, pero había mercadillos menos visibles donde podían comprarse armas más potentes, como misiles antiaéreos SA-7, disparados desde el hombro, o lanzagranadas contracarro SPG-9.

El restablecimiento de cierto orden, desde que la Autoridad de la Coalición hizo reaparecer en las calles a la Policía, no ha suprimido la venta ilegal de armas, pero la ha hecho clandestina. En consecuencia, un Kalashnikov que llegó a venderse por solo 25 dólares, cuesta ahora 75, y de modo proporcional se han encarecido las demás armas.

Muhammed Fawzi visitó a un vendedor en una callejuela de Bagdad cuya dirección sólo se transmite verbalmente entre conocidos. Allí, un antiguo sargento del Ejército iraquí que estaba destinado en un depósito de armamento, al hundirse el régimen anterior, ayudado por sus familiares transportó a su casa todo un arsenal bélico y montó el negocio. Es probable que si EEUU no hubiera cometido otro grave error al disolver bruscamente las Fuerzas Armadas iraquíes, el sargento seguiría trabajando en el depósito y sus armas no se hubieran propagado por Bagdad. Además, al desintegrarse las unidades del ejército iraquí, muchas de las armas abandonadas pasaron a formar parte de la vasta oferta actual.

El sargento explicaba que la demanda procede de gente corriente y también de los numerosos grupos armados (milicias y empresas privadas de seguridad) que atienden a las necesidades de los nuevos órganos de gobierno, locales y regionales, que actúan hoy en Irak y que temen por su seguridad personal. Decía que los campesinos tienen otras preferencias y compran armas de mayor alcance y potencia, como ametralladoras, para proteger las tierras en toda su extensión. En el llamado "triángulo suní", la posesión de armas potentes es, además, un valorado signo social de prosperidad, apreciación en la que los iraquíes coinciden con sus ocupantes estadounidenses, muchas de cuyas familias exhiben en sus salones relucientes panoplias de armas modernas de todo tipo, listas para su uso inmediato.

Otros iraquíes se ganan la vida con el contrabando de armas, aprovechando la vasta y desértica frontera que separa Irak de Arabia Saudí. Un contrabandista explicaba que una pistola de 9 mm, que se compra en Irak por 100 ó 200 dólares, puede venderse en Arabia por 400 ó 500. Pero ningún traficante de armas admitirá que las vende a los grupos resistentes que atacan a los ocupantes. "La resistencia no necesita comprarnos armas, porque ya se prepararon antes de la guerra", comentaba un traficante de Ramadi, ciudad donde son frecuentes los ataques a las tropas de EEUU. Por otro lado, la creciente desconfianza entre los grupos religiosos iraquíes hace que sean reacios a armarse recíprocamente. Un traficante chií reconocía que nunca vendería armas a un suní, por mucho que le pagase, señalando así una de las líneas de fractura que, de agravarse más, contribuirá a la temida guerra civil iraquí que se insinúa en muchos otros aspectos.

Estos detalles de la vida cotidiana en Irak ayudan a entender la imagen más amplia de los incesantes ataques -llámense resistencia o terrorismo- que a diario sufren los ejércitos ocupantes.



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